Tradicionalmente, hasta mediados del siglo veinte, la mayoría de los canarios se afanaban en los rudos menesteres de la triple monocultura del plátano, del tomate y de la cochinilla. La rudeza del empeño era agravada por los rigores de las sequías y por lo empinado de las tierras fértiles.
La única epopeya escrita en su historia, desde el descubrimiento de las rutas transatlánticas, se reducía a la emigración masiva a América, especialmente a Cuba y a Venezuela. Allí, como en otros parajes menos citados, aunque no por ello menos simbólicos de su epopeya, era muy conocida y apreciada la cantidad y la calidad de la emigración canaria, que contribuía notablemente a la construcción ciudadana de estos jóvenes países.
Como emigrantes particularmente nostálgicos, los canarios se enamoraban de varios países a la vez, ya que amaban los lugares a los que emigraban, sin que ello impidiera que siguieran amando y echando de menos a Canarias, a la que volvían una y otra vez hasta morir. Era conocida la voluntad de naturalizarse de los canarios en el lugar que los recibía, sin que ello implicara el olvido de su patria canaria. Esta sístole y diástole de la nostalgia hacía que las islas fueran perpetua entrada y salida de viajeros, para ajustarse a lo que eran los canarios nostálgicos: viajeros que entraban y salían de su patria canaria.
La entrada de la España democrática en la Comunidad Europea y el reconocimiento de Canarias como territorio ultra-periférico han sacado a las Islas de su secular pobreza y las han transformado en receptoras de inmigración, cuando tradicionalmente eran obligadas expedidoras de emigrantes a América.
A pesar de su autogobierno autónomo de los últimos veinticinco años, Canarias no es una región ultra-periférica con inmensas posibilidades de todo tipo, incluidas las menos visibles como son, por ejemplo, las culturales y pedagógicas. Los recursos de Canarias en estos aspectos son limitados. El error de los canarios, según ellos mismos, ha consistido siempre en resolver tan sólo sus problemas inmediatos, sin plantear debidamente el tratamiento de los problemas cuya resolución exige el medio o el largo plazo. Por eso Canarias, según sus propios autocríticos, sigue siendo un territorio imprevisible, frágil, con tendencias suicidas al «fragmentarismo» insular interior, atomizado en su mentalidad miope e inseguro.
En términos de identidad, Canarias cabalga sin arreos sobre la yegua sin domar de la paradoja: aunque mestizos hasta haber traspapelado la genealogía de sus múltiples orígenes étnicos, los canarios son blancos en aguas del África más auténticamente negra; aunque geográficamente son africanos, son políticamente europeos por ser españoles; lo cual no impide que piensen y actúen “con la indolencia americana del Caribe y Venezuela, dejándose llevar más de la cuenta por el «carpe diem», porque creen que mañana -y siempre- Dios (el sol del turismo) proveerá” (Armas Marcelo).
En comparación con el mundo del pasado del que vienen, ya son ricos; pero en comparación con el mundo del futuro, que se les echa encima como la avalancha de un incontenible tsumani humano, son riquísimos. La inmigración ilegal y criminal del caótico presente continuo actual, que la TVE evoca apenas, en contraste con los abultados discursos autonómicos, les viene de los múltiples «efectos llamadas» que ni controlan ni pueden controlar. Los agentes de estos efectos son: la televisión, que exhibe como un escaparate las apariencias tentadoras del progreso económico europeo; las sucesivas malas políticas de inmigración y, sobre todo, el terrible contraste con la gran miseria de África y la ruina histórica tanto de los países del Este como de las naciones hermanas latinoamericanas.
Entre el 12 y el 19 de mayo, cerca de 2.500 inmigrantes ilegales desembarcaron en las Islas Canarias, tras salir ilegalmente de sus países de origen y navegar durante días y noches los cientos de millas de una travesía las más de las veces trágica y con frecuencia mortal. Mienten como jugadores fulleros los políticos y los periodistas que pretenden que esta avalancha de inmigrantes ilegales se produce por «la circunstancia especial del buen clima y del excelente estado de la mar».
Si no se toman urgentes medidas culturales, diplomáticas, económicas y políticas con los países de origen de esta emigración ilegal; si el gobierno español se obstina en no ver que la gravedad del problema está empezando más bien que terminando; si las autoridades de la Unión Europea no admiten la gravedad de la tragedia cotidiana de la inmigración ilegal en las costas canarias; si todas y cada una de las autoridades competentes no atajan con soluciones eficaces la invasión que no ha hecho más que comenzar y que, de otro modo, será incontrolable, Canarias podrá explotar como explota una caldera por el exceso de presión, compartiendo los canarios la triste suerte de estos pobres desesperados, que nos rompen a todos el corazón de pena.
Complemento de información:
· Llegan a Canarias 974 inmigrantes en sólo tres días:
· Llegan otros 172 inmigrantes a Canarias
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· Llegan 194 inmigrantes a Tenerife a bordo de tres cayucos
· Conde-Pumpido admite la 'saturación' de menores inmigrantes en Canarias y aboga por la 'cooperación internacional'
Martes, 14 de febrero
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Carlos Corral
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos