Uno de los avances más significativos de la lingüística en los años ochenta y noventa del siglo veinte fue el haber comprendido que todo enunciado debe ser interpretado en el contexto en el que éste surge, que es donde se encuentran vivos y dispuestos a revitalizarla los agentes de su significación.
Como nosotros lo escribimos repetidamente por aquella época, en nuestra Gramática intencional del español y en nuestra Lexicología española, este presupuesto pragmático era la consecuencia tardía de la tesis de Carnap sobre el carácter pragmático de la semántica de las lenguas naturales (1).
El DRAE define la Pragmática como la “Disciplina que estudia el lenguaje en su relación con los usuarios y las circunstancias de la comunicación”.
La Pragmática literaria observa las condiciones que intervienen en la producción y en la recepción del texto, intentando comprender los grados de presencia del autor y del lector en la obra discursiva y el modo en que ésta se relaciona con los contextos reales y literarios.
Como estudio del uso del lenguaje, la pragmática atiende a la adaptación de las expresiones lingüísticas a los contextos referenciales, interpersonales, accionales y situacionales del discurso. Son pragmáticos los rasgos que dan a un signo lingüístico una función en un acto de lenguaje, por simple que sea, o en un juego más complejo de comunicación lingüística.
La pragmática se interesa específicamente por todo lo que es función de la ocurrencia de los signos y, en consecuencia, del uso que se hace de ellos en la estrategia comunicativa del discurso, característica no sólo de la retórica sino de toda la literatura.
Un ejemplo ilustrará este concepto de estrategia comunicativa.
No es lo mismo escribir o leer en la portada de un periódico: “El enemigo público número uno ha asesinado a otra víctima inocente”, que escribir o leer: “Otra víctima inocente ha sido asesinada por el enemigo público número uno”.
La diferencia entre las dos frases es ante todo pragmática, aunque no cabe negar que la opción pragmática tiene consecuencias sintácticas y semánticas: sintácticamente la segunda frase es la inversa de la primera, y semánticamente se ha pasado de un sentido activo, que focaliza la atención del lector sobre el criminal, a un sentido pasivo, que lo focaliza sobre su víctima.
Dado el carácter lineal del discurso, indisociable de la fuerza de su informatividad, el emplazamiento de los materiales lingüísticos, en la parte inicial o en la parte final de un texto, es un indicio significativo de la prioridad que el productor textual otorga, desde su punto de vista estratégico, al contenido subyacente.
Un discurso, o el texto que lo trascribe, no están hechos de frases desconectadas del mundo, sino de enunciados enraizados en él, ya que son frases enunciadas por un locutor sobre un tema determinado dentro de un universo de sentido, y dirigidas en un tiempo y en un lugar precisos a un interlocutor igualmente determinado.
En consecuencia, la interpretación del enunciado está condicionada no solamente por la frase que se enuncia, sino también por el conjunto de los factores de su enunciación.
Este conjunto de factores incluye: un locutor que enuncia el enunciado sobre un tema determinado dentro de un universo de sentido; un destinatario a quien el locutor dirige el enunciado; un tiempo y un lugar del acto de la enunciación; y un discurso global que precede y que continúa el enunciado concreto en el mismo universo de sentido; en suma, un contexto interno y un contexto externo de la enunciación.
Lo cual equivale a decir que la perspectiva pragmática es importante para interpretar el discurso o el texto que lo trascribe, porque un discurso es siempre y necesariamente un acto de lenguaje enraizado en el mundo mediante un universo de sentido.
La pragmática lingüística actual cubre dos grandes sectores.
El primero estudia los signos indiciales de la enunciación, es decir, los indicadores de subjetividad que son los pronombres personales, los demostrativos, las desinencias personales y temporales, etc., es decir, todas las palabras y morfemas cuya referencia cambia con las circunstancias de su empleo; este objeto de estudio es en particular el de las teorías de la enunciación, o más propiamente: el de la deíctica.
El segundo sector estudia los actos completos de lenguaje, que son los que ejecuta el locutor, cuando dirige ciertos enunciados a su interlocutor con la fuerza convencional de una afirmación, de una pregunta, de una orden, de una promesa, etc.
Desde los trabajos de Austin se llama ilocucionarios o ilocutivos a estos actos completos de lenguaje y se considera que al cumplirlos se realizan al mismo tiempo los actos subsidiarios de referencia y de predicación, llamados actos proposicionales, y los actos locutivos o de acción enunciativa, que consisten en la verbalización, oral o escrita, por el locutor o por el escritor, de los morfemas, palabras o frases que realizan el acto ilocutivo.
A cada uno de los actos ilocutivos completos producidos por el locutor o escritor, corresponde en el interlocutor o lector un efecto que Austin llama acto perlocucionario o perlocutivo, efecto que normalmente pretende obtener su autor .
La pragmática lingüística estudia también los sentidos no literales de los enunciados: sentido implícito, sentido inferencial, sentido presupuesto, sentido alegórico, etc. Por este camino, la pragmática ha abierto un gran horizonte a la diegética, cuyo objeto de estudio más importante es la ficción, y ha redescubierto la poético-retórica, cuyos dominios envuelven tanto la poesía, cuyas fronteras van más allá de la rima, como la prosa elevada, llamada también literaria, para distinguirla de la prosa utilitaria o puramente comercial.
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(1) «descriptive semantics may be regarded as part of pragmatics», Rudolf Carnap, Meaning and Synonymy in Natural Languages, en Meaning and Necessity, The University of Chicago Press, 1947, ed. 1970, p. 233 y ss.
Martes, 14 de febrero
Pedro Tarquis
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Asoc. Humanismo sin Credos
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