Aeterna Christi Munera

Una rosa ha nacido

03.12.18 | 05:49. Archivado en Romanticismo

¡Feliz lunes! Y también feliz semana que ahora comienza. Ayer fue el primer domingo de Adviento y, por tanto, es tradicional que aquí te ofrezca música para este tiempo litúrgico, así como para la Navidad, de una forma más intensa. Vamos a empezarla hoy de la mano de uno de los grandes maestros de la Historia de la Música, así como todas las mayúsculas. Además, en un instrumento quizá algo esperado para él. Ah, y que no se me olvide: hoy es día de san Francisco Javier así que, ¡felicidades!

El compositor al que me refiero es Johannes Brahms (1833-1897), compositor alemán nacido en Hamburgo. Estuvo siempre apegado a la tradición clásica, de forma que fue uno de los miembros del triunvirato de las tres bes: Bach, Beethoven y Brahms. Cuando era joven fue Schumann quien lo reclutó para la música y vio en él inmensas posibilidades. Cuando fue creciendo vio en Wagner una amenaza por su música «degenerada» y reaccionó frente a ello y se puso a componer con el determinado objetivo de luchar contra ella. Lo hizo con tanto éxito que casi todo lo que compuso constituyó un hito en la historia. Haciendo gala de gran sinfonista, no tocó el género de la ópera pero, en los demás, casi sentó cátedra. Destacan entre sus producción sus cuatro sinfonías, sus cuatro conciertos (dos para piano, uno para violín y el doble concierto para violín y chelo) sus cuatro verdaderas joyas y la quizá es su obra más original, «Un réquiem alemán», nos muestra una visión contemporánea y romántica de la misa de difuntos.

No es ninguna de estas obras la que te ofrezco hoy, no. Es su preludio coral «Es ist ein Ros' entsprungen», op. 122 n.º 8, obra de madurez compuesta en 1896, un año antes de su muerte. En realidad es una pieza que encaja más con la navidad. La obra está compuesta para órgano con dos teclados porque no se especifica nada para el pedal. Incorpora una bella melodía que Michael Praetorius armonizó en 1609, que Brahms rodea con unos acordes que no están en la tónica general. Conseguimos así una pieza neorromántica por su fluidez y por esos acentos complejos que van poco a poco resolviendo y a veces de una forma poco esperada. Brahms usa el compás de 6/4 creando también un ambiente algo estático y también extático, componiendo una pieza gloriosa que termina con una cadencia simple a modo de amén.

La partitura de la composición puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Kimberly Marshall al órgano Schantz de la Catedral de la Trinidad en Phoenix.


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