Aeterna Christi Munera

Bailando un vals en Praga

19.11.18 | 06:56. Archivado en Romanticismo

¡Feliz lunes! Espero que esta semana que ahora comienza te traiga cosas buenas. ¡Ánimo con ella! ¡Qué maravilloso sería bailar un vals en la capital checa, ¿verdad?! Con la música de hoy seguro que vas a ser capaz de evadirte a ella para imaginarte que danzas por sus increíbles calles, llenas de sabor y de colorido. Si tenemos en cuenta que dicha música proviene de uno de los grandes maestros de ese país, el disfrute está garantizado. ¿Adivinas a quién me refiero?

Efectivamente, hablo de Antonín Dvořák (1841-1904), compositor checo nacido en Nelahozeves. El compositor llegó un momento en que estaba considerado entre los mejores compositores europeos, y muchos lo consideraban sucesor de Brahms, quien había sido mentor de Dvořák cuando era joven. Este provenía de familia modesta y empezó estudiando órgano en Praga y tocando en diversas iglesias, y en varios cafés como violinista. En las décadas de 1860 y 1870 creó casi todo su corpus de sinfonías, música de cámara y óperas. Brahms le consiguió un contrato con el editor Simrock. Dvořák se empeñaba en incluir palabras checas en los títulos de su obra, lo que irritó a algunos compradores y fue una feliz audacia para otros. En la década de 1890 la fama trascendió el continente europeo. De hecho, en 1892 se trasladó a Estados Unidos para dirigir el conservatorio de Nueva York, algo que hizo hasta 1895. Como profesor también ejerció una gran influencia desde su puesto en la Universidad de Praga, dejando huella en la música checa. Esto se puso de especial manifiesto con Josef Suk, uno de sus más insignes pupilos que llegaría también a ser su yerno.

Hoy te traigo sus Prazské valciky, B. 99, es decir, sus «Valses de Praga» (para usar el checo como a él le gustaba). Se trata de una composición para orquesta compuesta en 1897. Fue un encargo de una prestigiosa sociedad musical de la capital y fue estrenada solo un mes después de haber sido compuesta. El maestro capta como nadie las fragancias que llenan la capital, con fuertes acentos en la música checa, aunque compone una obra en el típico estilo vienés, con una sucesión de melodías, en forma de valses, embutidas entre una introducción y una coda, en la que aparece el primer tema. Esta fue la contribución de Dvořák a un baile de sociedad que tendría lugar en Praga. La obra no es especialmente ambiciosa (estaba pensado, como acabo de decir, para ser interpretada como música de salón) sí es una verdadera obra maestra que nos demuestra la capacidad del compositor para adaptarse a cualquier circunstancia, siempre con su música llena de calidad.

La partitura de la obra puedes conseguirla aquí.

La interpretación es de la Orquesta Sinfónica de Detroit dirigida por Antal Dorati.


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