Aeterna Christi Munera

Bach, preludio coral BWV 682

18.11.18 | 06:45. Archivado en Barroco

¡Feliz domingo! Terminamos la semana y sabes que en este blog se hace siempre con música de Bach; aquí, la música dominical la aporta siempre Bach. Seguimos por la tercera parte de los llamados en alemán Clavier-Übung, es decir, «Ejercicios para teclado». Este volumen se conoce como «Misa alemana para órgano» y fue publicado en 1736. Contiene muchas de las grandes obras para órgano del maestro, que estamos disfrutando en estos días.

Un día más nos visita Johann Sebastian Bach (1685-1750), compositor alemán nacido en Eisenach. Que el pequeño Bach era una esponja que absorbía todo es algo muy conocido, sobre todo en lo que respecta a la música. Cuando marchó a Ohrdruf a vivir con su hermano Johann Christoph este le enseñó todo lo que pudo del arte del órgano, y Sebastian estaba fascinado. El hermano tenía un volumen de piezas para teclado de compositors como Johann Jacob Froberger o Johann Pachelbel y al pequeño Bach se le venía a la vista como algo apetecible. Su hermano le tenía prohibido ni siquiera tocarlo por lo que, a escondidas, el pequeño Bach, cada noche, a la luz de la luna, lo sacaba de donde estaba escondido y, con mucho cuidado, lo fue copiando en un proceso que le llevó muchos meses. No solo era una forma de acceder al manuscrito sino también de aprender de él a medida que lo copiaba. Cuando el trabajo estuvo concluido, para su desgracia, el hermano mayor se dio cuenta del engaño y la quitó al pequeño el libro que tantos desvelos le había llevado copiar. Una muestra de la tenacidad que tenía Johann Sebastian de aprender todo lo que podía del arte de la música.

Hoy vamos a disfrutar del preludio coral «Vater unser im Himmelreich», BWV 682. Requiere, al contrario de otras obras suyas que hemos escuchado, de un gran órgano con dos teclados y pedal. Las tres líneas forman una especia de sonata en trío, con una melodía original tan adornada que casi nos resulta irreconocible, muy al estilo de la música francesa. Frente a los bajos, la dos líneas ejecutan una suerte de canon, sobre el padre nuestro, con un texto de fondo del propio Lutero. Las distintas figuras evolucionan con motivos cromáticos pero sin perder de vista el mensaje que había que dar a la congregación. La obra, además, resulta audaz ya que en ella el maestro usó las técnicas compositivas que estaban de moda, introduciendo novedades que sin duda debieron sorprender a los que la escucharon en su época.

La partitura de la obra puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Sietze de Vries al órgano Schnitger de la Iglesia de San Martín de la localidad neerlandesa de Groninga.


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