Aeterna Christi Munera

Bach, preludio coral BWV 681

11.11.18 | 06:01. Archivado en Barroco

¡Feliz domingo! Si ayer sábado disfrutábamos de una obra mariana de Nicolas de Grigny, de cuya música Bach aprendió, hoy vamos a hacerlo del propio Bach, como suele ser costumbre por estos lares cada domingo. Hoy otra vez nos va a sorprender el maestro con su capacidad de síntesis puesto que la obra que vamos a escuchar dura menos de dos minutos. No me cansaré de decir que era capaz de darnos lo grande en grandes obras y lo grande en pequeñas joyas como la de hoy.

Ese grande es Johann Sebastian Bach (1685-1750), compositor alemán nacido en Eisenach. Casi podemos decir que su vida fue un continuo peregrinar hacia puestos de trabajo más ventajosos para él... o quizá más justos con su valía, porque en muchas ocasiones estuvo mal pagado e infravalorado. Los puestos que siempre le atraían más eran los de organista. Así, cuando tenía diecisiete años, mientras estaba al norte en Lüneburg, supo que había uno vacante en su Turingia natal, en Arnstadt, y allí marchó. Puesto que el órgano no se había terminado todavía, se le ofreció un puesto como violinista del duque en Weimar, cosa que aceptó. En 1703 se terminó el órgano y consiguió el puesto pero su rebeldía juvenil le llevó a ciertas desavenencias con las autoridades locales, sobre todo con el papel de la música en los servicios religiosos. Decidió marchase a Mühlhausen en busca de aires mejores. En 1708 volvería a Weimar, esta vez empleado por el nuevo duque, hermano del anterior, y allí duraría unos años más. Sin duda, las tensiones que experimentó el maestro a lo largo de su vida también fueron una oportunidad para innovar su música y, en definitiva, mejorarse a sí mismo, algo que hizo hasta su muerte en Leipzig.

Hoy te traigo el preludio coral «Wir glauben all an einen Gott», BWV 681. En realidad tiene forma de fughetta, que no es sino una fuga pequeña en la que aparece pocas veces el sujeto. En este caso, es bastante breve y todo un ejercicio de contrapunto. La obra está llena del estilo francés pero también del italiano. En esta, Bach hace una pequeña meditación sobre el Credo (el título significa «Creemos en un solo Dios») y nos muestra cómo era capaz de sacar oro molido en tan poco tiempo. Los ritmos y la armonía que muestra no son más que ejemplos de su dominio de la técnica y de cómo era capaz de hacer con las notas lo que quisiese, siempre con éxito.

La partitura de la composición puedes conseguirla aquí.

La interpretación es de Ton Koopman al órgano Silbermann de la Iglesia de Santa María de Freiberg (Alemania).


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