Aeterna Christi Munera

Todo queda en casa

13.09.18 | 05:53. Archivado en Romanticismo

¡Feliz jueves! Es muy habitual que en la historia de la música unos compositores homenajeen a otros. Algunos maestros se han fijado en temas de otros compositores anteriores o incluso contemporáneos y han compuesto obras maravillosas con ellos. En el Renacimiento era habitual que se compusiesen misas basadas en motetes de otros, e incluso en obras profanas. Hoy vamos a acudir a otro género, el de las variaciones, para ver cómo en este caso los compositores eran muy cercanos.

Primero, nuestro compositor de hoy, en este laso compositora, ya que es Clara Schumann (1819-1896), compositora alemana nacida en Leipzig. Como es habitual, sobre todo siendo mujer en la antigüedad, no fue reconocida como se debiera, algo que se extendió a lo largo del tiempo. Primero solo era conocida como la esposa de Robert Schumann, luego se le empezó a ver sus cualidades como pianista y, ya a principios del siglo XX, se empezó a valorar como compositora. Sus compositores fueron importantes a pesar de que su producción era breve. Si sus obligaciones como madre no le hubiesen ocupado tanto tiempo (dio a luz a ocho hijos) seguramente se hubiera convertido en una compositora de primera fila, como demuestran sus últimas composiciones, llenas de profundidad. Una de las figuras importantes en la vida de Clara fue Johannes Brahms, quien conoció gracias al violinista Joseph Joachim. Pero quien lo dominaba todo era su marido Robert. Clara compuso poco tras la muerte de este, a pesar de que sus hijos iban creciendo. Su actividad en sus últimos años prácticamente se redujo a la práctica docente.

Vamos a escuchar hoy las Variaciones sobre un tema de Robert Schumann, en fa sostenido menor, op. 20. Fue un regalo de cumpleaños a su marido en 1653, justo antes de que este cayese enfermo mental. Clara eligió un tema sombrío y lento, por lo que el inicio de la obra es introspectivo. En la primera variación la obra va cobrando vida, llena de calidez romántica. Las siguientes variaciones van tomando un ambiente más de Chopin hasta que vuelve el todo sobrio y severo. La cuarta variación de nuevo es alegre y la quinta tiene tonos épicos, recordándonos a Brahms. En la sexta el ambiente de torna sosegado y la séptima se vuelve elegante y llena de color, siendo la más larga de todas. El tema vuelve para concluir la pieza. Es curioso que Brahms mismo compuso en 1854 unas variaciones sobre el mismo tema de Schumann, y la dedicó la obra a Clara.

La partitura de la composición puedes conseguirla aquí.

La interpretación es de Konstanze Eickhorst al piano.


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