Aeterna Christi Munera

Dedicado a la Virgen del Carmen

16.07.18 | 07:09. Archivado en Barroco

¡Feliz lunes! ¡Vaya comienzo más bonito que tiene esta semana! Hoy es el día de Nuestra Señora del Carmen y, ante todo, quisiera felicitarte si te llamas Carmen o Carmelo. ¡Espero que pases un muy feliz día! Ayer te traía el que podemos considerar sin temor a equivocarnos el primer compositor del barroco, ¿verdad? ¿Cuál sería el segundo? Seguro que te estás acordando de nuestro maestro de hoy, alemán de nacimiento e inglés de adopción. ¿Vas cayendo en la cuenta? ¡Bella música la de hoy!

Que se debe, obviamente, a George Frideric Handel (1685-1759), maestro británico de nacimiento alemán en Halle. Su padre no veía con buenos ojos que se dedicase a la música por lo que cuando era joven se las apañó para tocar el clave en secreto. Alcanzó un arte tan grande que fue un compositor muy cotizado. De hecho, la reina Ana de Inglaterra le dio un suelo de doscientas libras cuando consiguió que se trasladase a Londres en 1712. Justo un año antes había triunfado allí de forma especialmente brillante con su ópera «Rinaldo». Terminó viviendo en 25 Brook Street en Londres y tan cómo estaba él con los londinenses como esto con el sajón que tantas alegrías les estaba dando. Precisamente, en el terreno de la ópera se hizo tan famoso que incluso le fue concebido el elegir él mismo los papeles protagonistas de sus composiciones. Esto le llevó a no menos controversia ya que dos de ellas Faustina Bordoni y Francesca Cuzzoni incluso llegaron a enemistarse debido a su necesidad de atención y de reconocimiento. ¡Cosa de divas!

Hoy te traigo su motete Saeviat tellus inter rigores, HWV 240 compuesto para la Virgen del Carmen y que procede del periodo italiano del compositor. Está orquestado para soprano, dos oboes, cuerdas y continuo. El motete es como una especie de escena de ópera ya que las arias contenidas en él son plenamente operísticas. De hecho, Handel reusó alguna que otra de este motete para otras composiciones mayores. Es en realidad un concierto para voz ya que en la composición la voz «compite» con la orquesta para ver quién resulta ser ganadora. Handel crea en ella tantos ambientes que de principio a fin recorremos de forma completa el cambio que va de la tierra al cielo, con un broche final que es ese jubiloso aleluya.

La interpretación es de Robin Johannsen (soprano) y la Academia Montis Regalis dirigidos por Alessandro de Marchi.


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