Aeterna Christi Munera

Bach, fantasía coral BWV 658

15.07.18 | 07:14. Archivado en Barroco

¡Feliz domingo! La música para órgano de Bach es quizá el tipo de obra más atractiva que compuso. Cierto que está el corpus de cantatas, las pasiones, etc., pero a mí me parece que las composiciones para órgano de Bach son de lo más rica, por su técnica, sonoridad, creatividad y otros aspectos. Dicho esto, cuanto más interesante y bella es una composición, más difícil es para el organista. La obra de hoy, aparentemente sencilla, presenta diversos escollos, como casi todas las obras de teclado del maestro.

Ese maestro no es otro que Johann Sebastian Bach (1685-1750), compositor alemán nacido en Eisenach. Se puede decir que Bach fue relativamente pobre a lo largo de su vida, es decir, ni era rico ni tenía una posición boyante. No vivió en la indigencia pero tampoco tuvo una vida demasiado holgada. Él y su familia vivieron de un modesto salario que Bach ganaba con sangre, sudor y lágrimas en extrañas cortes del centro de Alemania, en las que los músicos cobraban mucho menos que sus equivalentes en otros lugares más poblados y conocidos. Además, Bach no se dedicó a dar conciertos públicos para ganar dinero (como Handel o Mozart), por lo que por este aspecto tampoco pudo conseguir mucho. Alrededor de 1730 Bach estaba ya trabajando en Leipzig, con varios puestos tanto en escuelas como en iglesias pero se quejaba constantemente de sus bajos ingresos y de lo mal pagado que estaba su trabajo. El elevado coste de la vida en Leipzig le llevaba a repetir constantemente que no ganaba lo suficiente y a pesar de ello las autoridades locales no aceptaban darle un mayor salario.

Bach nos trae hoy, según el orden del catálogo BWV que llevamos, su fantasía coral sobre «Von Gott will ich nicht lassen», BWV 658. Destaca porque la melodía coral, muy elaborada y florida, está cantada por le pedal. Se trata de un cantus firmus de Crüger (1653) que tiene la misma melodía de la famosa canción «Une jeune fillette» que en Italia era conocida como «La monica». Esa melodía envolvente y bella, en un lúgubre tono de fa menor, nos muestra la urgencia que tiene el alma de relacionarse con Dios. Bach usa en la composición técnicas que aprendió de su admirado Pachelbel y termina la composición en un luminoso Fa Mayor, lleno de optimismo y alegría hacia ese Dios que siempre está en contacto con nosotros.

La partitura de la obra puedes conseguirla aquí (página (20).

La interpretación es de Ulf Norberg al órgano.


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