Aeterna Christi Munera

Goyescas

26.04.18 | 06:05. Archivado en Romanticismo

¡Feliz jueves! Quizá sea esta una obra casi mítica del maestro que la compuso. Y digo mítica porque quizá hemos escuchado fragmentos de ella pero pocas veces la habremos disfrutado completa. Es lo que te propongo hoy, aunque tendrás que disponer de una hora para ello. Ahora bien, merece mucho la pena ese tiempo porque la recompensa será grande porque la composición que hoy te traigo es inmensa y alta como la copa de un pino. Así es nuestra música: muy grande.

No es la primera vez que nos visita Enrique Granados (1867-1916), compositor español nacido en Lleida. Su música es evocadora y está llena de color y está en en el repertorio de los grandes pianistas. Compuso también obras orquestales, entre ellas seis óperas, aunque solo una de ellas alcanzó fama. Estudió composición con Pedrell (en Barcelona). En París estudió con Charles de Bérlot y ya por la época de su estancia allí (1887-1889) comenzó a componer sus grandes obras para piano. De vuelta a la capital condal empezó a forjarse una sólida carrera como pianista y compositor. También se dedicó a la enseñanza del piano, algo que hizo hasta su muerte. Aunque su obra para piano está enraizada en la tradición folclórica española se ha impuesto en el repertorio mundial. Granados recibió diversas influencias, sobre todo de la obra de Goya. Murió en un naufragio cuando volvía de Nueva York tras asistir a la representación de es su ópera más famosa: «Goyescas».

Precisamente es la obra titulada Goyescas la que te traigo hoy. No es la ópera ni una suite sobre ella sino una para piano; a partir de ella Granados extrajo melodías para su ópera. Está dividida en dos cuadernos, compuestos entre 1909 y 1910. Es una obra de bastante dificultad pero de una gran belleza, llena de sutilezas, de problemas técnicos pero también de unas melodías memorables. Están inspiradas por las obras de Goya (pero no directamente en ninguna en concreto). En esta obra necesitada de virtuosismo, Granados nos muestra también escenas de la vida española de finales del siglo XVIII, llena de galantería, de sensualidad, de oscuridad y de melancolía. Es el subtítulo de la suite, «Los majos enamorados», el que proporciona vínculos temáticos entre todos los movimientos de la obra, que describe, por otra parte, las dichas de las desdichas de dos jóvenes enamorados. Música olorosa, sabrosa, colorida y, en una palabra: maravillosa.

Las partes son:

1. Los requiebros.
2. Coloquio en la reja.
3. El fandango de candil.
4. Quejas, o La Maja y el ruiseñor.
5. El Amor y la muerte (Balada).
6. Epilogo: Serenata del espectro.

La partitura de la obra puedes conseguirla aquí.

La interpretación es de Fernando Pérez (piano).


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