Aeterna Christi Munera

Oh hostia salvadora

15.02.18 | 05:57. Archivado en Romanticismo

¡Feliz jueves! Para este pórtico de la Cuaresma en el que estamos y también para el jueves, día eucarístico por excelencia, te traigo hoy una música de un maestro cuya música suena bastante a menudo pero que te sonará inusual. Estamos acostumbrados a escuchar de él obras orquestales y otras intimistas. La de hoy no va a ser menos pero en un género del que no es muy conocido. Sea como fuere vamos a disfrutar de una obra impresionante, llena de fervor y de profundidad, como es marca de la casa.

La casa nos la enseña hoy Gabriel Fauré (1845-1924), compositor francés nacido en Pamiers. Para que puedas encuadrarlo, cuando era pequeño Berlioz acababa de componer «La condenación de Fausto» y cuando murió Stravinsky había hecho lo propio con «La consagración de la primavera». En ese periodo tan convulso Fauré desarrolló su carrera, creando obras exquisitas y siendo influencias para generaciones posteriores. De pequeño le gustaba tocar el armonio y eso hizo que pronto estudiase música. Saint-Saëns le abrió los ojos a nuevas obras y Fauré fue así absorbiendo conocimientos hasta graduarse con las máximas calificaciones en casi todas las materias. Se decantó por el órgano y tuvo varios puestos importantes. Fundó la Sociedad Nacional de Música junto con d'Indy, Lalo, Duparc y Chabrier. Sus obras poco a poco fueron ganando en complejidad, tanto en la línea melódica como en la armonía. Su aproximación a la tonalidad fue cada vez más personal. La sofisticación fue haciendo acto de presencia y el maestro alcanzó un nivel tan personal y particular que lo convirtieron en ese músico tan elegante que hoy disfrutamos.

Fauré nos trae hoy la pieza titulada O Salutaris Hostia, op. 47 nº 1. Pertenece a una colección de dos cantos publicados en 1888. En realidad fueron concebidas como dos ofertorios. Está compuesta para barítono y órgano y predomina en ella un intenso lirismo y una paz casi angelical. No concibe el maestro ningún tipo de cambio de tempo. Igualmente el acompañamiento del órgano es bastante sencillo pero es en la voz donde el maestro saca al máximo su arte a relucir. Más que en otras obras suyas religiosas aquí la voz se mueve en un rango amplio y con unas dinámicas de lo más sugerente. Un bombón para endulzar este austero tiempo cuaresmal.

La interpretación es de Camille Maurane (barítono y Marie-Claire Alain (órgano).


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Comentarios
  • Comentario por José Alberni 15.02.18 | 13:56

    Muy bueno Pepe, me h gustado mucho, para este tiempo de Cuaresma. Abrazo.

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