Aeterna Christi Munera

Un maestro en manos de otros dos

09.01.18 | 05:56. Archivado en Romanticismo

¡Feliz martes! Lo que pone en el título es justo lo que vamos a hacer: maravillarnos con las geniales notas de un grandísimo maestro pero que están interpretadas primorosamente por parte de dos cuyas carreras han ido mejorando con el tiempo de forma que hoy soy toda una referencia en todo lo que tocan. Como sabes, me gusta siempre citar a los intérpretes porque estos en la música son fundamentales ya que son los los que nos emocionan con lo que está escrito en el papel.

Y para hoy, quien plasmó esta joya en papel fue Franz Schubert (1797-1828), maestro austríaco nacido en Viena, vienés inmortal. Su obra está llena de emoción y nos produce un efecto devastador cuando la escuchamos porque nos deja desarmados. Escribió más de seiscientas canciones, más de una docena de cuartetos y veintiuna sonatas para piano. Compuso sinfonías, óperas, misas y otras obras de cámara. Pero no fue para nada profeta en su tierra y su tiempo ya que durante su vida solo se interpretó su obra en un único concierto público. Su sinfonía llamada «incompleta» fue estrenada en 1865 (varias décadas, por tanto después de su muerte). Cuando disfrutamos de sus delicadas composiciones apreciamos que en cada una de ellas hay toda una vida. Puede ser la suya o puede ser la nuestra pero lo que está claro que es que, de alguna manera, nos la cambiará tras su escucha. No dejo de preguntarme qué habría sido de este hombre si no hubiese muerto de tifus y sífilis con solo 31 años.

Schubert es el mago que compuso este Rondó en La Mayor, D. 951. Fue compuesto en ese fatídico año de 1828 en que murió pero en el que también compuso alguna de su más gloriosa música. En medio de la enfermedad aceptó el encargo de Domenico Artari, su editor, para componer un «gran rondó» para piano a cuatro manos. Schubert se puso manos a la obra que le fluía de forma milagrosa. No presenta grandes vuelos armónicos ni melódicos pero puede calificarse entre sus mejores obras. En esa época Schubert componía música más sencilla para que fuese interpretada por sus amigos músicos (muchos aficionados) en veladas vespertinas. Esta obra constituyó una excepción ya que ni mucho menos es para aficionados, aunque tampoco se trata de una obra compleja ni para músicos ni para oyentes. ¿Alguna ves te has emocionado con esa música celestial que compuso Schubert? Pues hoy seguro que te va a pasar lo mismo. La obra fue publicada solo un mes después de que el maestro muriese.

La partitura de la composición puedes descargarla aquí.

La interpretación que te ofrezco viene desde la manos de dos genios argentinos al piano cuyas carreras, más que mermar, han crecido y se han hecho cada vez más impresionantes. Me refiero a Martha Argerich y Daniel Barenboim al piano.


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