Aeterna Christi Munera

Bach, preludio y fuga BWV 550

24.09.17 | 05:54. Archivado en Barroco

¡Feliz domingo! ¡Vaya obrón del maestro de Leipzig tenemos hoy! Son poco más de siete minutos pero, ¡vaya minutos! Yo creo y afirmo que para mí la característica que más define a Bach es la sorpresa. A mí siempre su música me sorprende por un motivo o por otro. Las haya escuchado pocas veces o muchas, sean más conocidas o menos, siempre vemos en ella algún aspecto que nos mueve a la sorpresa. La obra de hoy no solo sorprende sino que nos deja con la boca abierta.

Un día más viene a hacer más llevadero este día Johann Sebastian Bach (1685-1750), maestro maestrísimo alemán nacido en Eisenach. Hoy día para conseguir música lo tenemos facilísimo. Cuando el joven Bach, con treinta años, fue nombrado organista en Arnstadt descubrió que su conocimiento del órgano no estaba completo si no escuchaba y aprendía del que por la época era el mejor organista: Dieterich Buxtehude. Así que caminó unos 300 kilómetros para escucharle en Lübeck, que era organista (con 68 años) de la Marienkirche. Permaneció mucho más tiempo porque quiso conocer los famosos «Abendmusik» que tenían lugar en Adviento, por lo que, en contra de sus superiores, decidió quedarse en la localidad para así tener un conocimiento más completo de lo que hacía Buxtehude. De allí se trajo un pequeño «virus» mediante el cual comenzó a componer variaciones corales, algo que parece fascinó al público de Arnstadt cuando el maestro volvió a su puesto.

Este genio nos ofrece hoy el Preludio y fuga en Sol Mayor, BWV 550. Precisamente es posible que fuese compuesta en su última etapa de Arnstadt, mientras era organista de la Neue Kircke. Es una verdadera obra de arte en cuanto a contrapunto y estructura, escrita de forma imponente. Se abre con un tema alegre, que se desarrolla alrededor de cuatro notas, a menudo imitado en las armonías de la mano izquierda. Todo se va preparando para que poco a poco nos vayamos preguntando qué nos tiene guardado el maestro para la fuga. Esta se abre con un jubiloso sujeto con un ritmo «alla breve» que es una maravilla. La obra está llena de energía que parece se va concentrando en un momento climático, algo que no llega sino que no hace más que iluminar el implacable ritmo. Una obra que es pura luz musical.

La partitura de la pieza puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Harm Woltjer al órgano Schnitger de la Martinikerk de Groningen (Holanda).


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Comentarios
  • Comentario por Fittipaldi 24.09.17 | 17:47

    Toca muy bien el joven organista Harm Woltjer sin embargo me gustaría poner otra grabación de Helmut Walcha (también un órgano de Arp Schnitger pero en Cappel) que nos permitirá ver otra posibilidad de presentar e interpretar esta pieza. La registración con contrastes que utiliza Walcha (sutil, scintillante) hace, sobre todo de la Fuga (comienza en el minuto 2:30) una perlita o un traslúcido diamante:
    https://www.youtube.com/watch?v=e6ANSn039U0

    También me gusta mucho otra versión del mismo Walcha:
    https://www.youtube.com/watch?v=gCVNFqIaxwk

  • Comentario por Fittipaldi 24.09.17 | 17:42

    “A mí siempre su música me sorprende por un motivo o por otro”.

    Comparto tu sensación José y añadiría que Johann Sebastian Bach sobrepasa a su época pero no con el estilo o forma sino con la profundidad y fuerza de expresión. Bach es un edificio (o templo) de varios pisos. A Bach, su obra, uno va conociendo toda la vida…

    En la época de Arnstadt Bach compuso sobre todo composiciones libres para órgano (y pocos preludios corales) aunque de nuevo existe una duda si el Preludio y Fuga BWV 550 la escribió allí, puesto que mirando la extensión del pedalero (hasta la nota Re) es evidente que era imposible ejecutar esta pieza en el instrumento de Neue Kirche.

    Admiro en Bach su afán de conocer, aprender de sus colegas compositores y organistas: Buxtehude, música italiana y francesa… Pero el "viejo peluca" nunca les imitaba, más bien modificaba.

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