
05.12.07 @ 14:04:42. Archivado en Textamentos
Me sorprende que aún me paren por la calle para preguntar qué hay de lo mío. Lo mío, lo diré, es un cáncer y no baila. Hubo suerte y conseguimos vencerlo con las armas que teníamos a mano: yo escribí varios textamentos para exorcizar el miedo a la muerte, y los médicos, menos literarios pero más prácticos, me recetaron 8 sesiones de ABVD (compuesto de adriamicina, bleomicina, vinblastina y dacarbazina) y 14 sesiones de radioterapia, que al destruir todo tipo de células, las buenas y las malas, acabaron por ahuyentar a la bestia. Y aquí sigo, con las constantes vitales normales y ciertos conflictos emocionales que a estas alturas también pueden ser considerados normales.

Me sorprende que pregunten por mi estado de salud, decía, porque yo he olvidado el asunto. En un ejercicio de higiene mental en los últimos meses he optado por borrarlo de mi mente, tratarlo como si nunca me hubiera sucedido o como si hubiera sucedido hace mucho, otorgándole en mi biografía el mismo grado de importancia que tuvo aquella novia egoísta de cuyo nombre no quiero acordarme o aquel viejo Renault que me dejaba tirado en las cuestas.
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Yo diría que hay dos tipos de libros bien diferenciados. En un grupo están aquellos que guían al lector hacia territorios desconocidos, y en el otro, los que, al contrario, vienen a profundizar en temas que a este le resultan recurrentes porque han estado dando vueltas en su cabeza durante mucho tiempo. En mi caso, ejemplo de este segundo grupo sería El miedo a la libertad, de Erich Fromm, quizá el libro más imprescindible de cuantos he leído.
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16.11.07 @ 11:52:35. Archivado en Noticias

Pues eso, que ya está operativo mi nuevo Blog "Ciconia", hospedado en el Periódico Extremadura, del cual soy columnista, en su edición impresa, desde diciembre de 2005.
Decía Hipólito G. Navarro que "esto de ser escritor te quita mucho tiempo para escribir". Y mucho más, añadiría yo, si además tienes un blog que mantener. Pero no me quejo. Esto de los blogs, de las webs, del columnismo, etcétera, es la mejor manera que he encontrado para estar en todos los sitios sin estar realmente en ninguno.
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Me llama la atención una de las fotografías que el diario El Mundo, en su edición en papel (página 12), publica hoy para ilustrar la visita de los Reyes a la ciudad de Ceuta. A decir verdad, lo que me llama la atención no es la fotografía en sí sino el pie elegido por el redactor (¿y no podría ser una redactora?) del periódico: "Dos mujeres observan la llegada de los Reyes". Para este redactor, en la fotografía, al parecer, solo hay dos personas, dos mujeres concretamente, y eso que cualquiera puede apreciar que también se ven: dos hombres, otra persona rubia que bien podría ser una mujer, y -aquí no hay duda- una mujer más mayor a la izquierda, junto a las dos guapas con gafas de sol.
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05.11.07 @ 23:06:16. Archivado en Artículos, Cultura

Nada nuevo bajo el sol si afirmo que hablar y escribir no son la misma cosa. Cierto que ambas actividades comparten cromosomas, pero aun así son manifiestas sus diferencias. Es por esto que sea tan difícil encontrar personas que destaquen como grandes escritores a la vez que grandes oradores. Recordemos, por ejemplo, que Sócrates no escribió una sola línea.
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Hay que estar bien despierto para poder combatir los fantasmas, y yo tengo demasiados, de ahí que cada cierto tiempo me toque pasar la noche en vela luchando contra mi propia sombra. Hace un par de domingos reviví una de esas batallas. A punto estuve, como suelo hacer en estos casos, de encender el ordenador y escuchar por Internet desde la Web de Onda Cero (no hay otra forma de escuchar esta emisora en Cáceres) mi programa radiofónico de cabecera: La Rosa de los Vientos. No lo hice. Al final decidí enfrascarme en la lectura de una novela de Albert Cohen, que tampoco era mala opción. En cualquier caso, no hubiera podido escuchar el programa: su director, Juan Antonio Cebrián, había muerto el día anterior de un infarto al corazón. Tenía 41 años.
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12.10.07 @ 11:12:42. Archivado en Cultura, Literatura

Rara es la ciudad que no conserva al menos una –la definición es mía– librería subterránea. Me refiero a aquellas en las que los libros se venden… si no hay más remedio. Pequeños locales marginales pobremente iluminados donde miles de libros nuevos y de segunda mano, desordenados en baldas desfondadas, respiran a duras penas bajo toneladas de polvo.
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02.09.07 @ 18:56:24. Archivado en Artículos, Cultura

La corrección política se ha instalado de tal manera en el mundo de las Letras que raro es el acto literario en que no se lancen afligidas críticas contra el mayor best-seller de los últimos tiempos: El código da Vinci. En sospechosa coincidencia con la Iglesia Católica, nuestros sesudos –y no tan sesudos– escritores siguen desaconsejando vivamente su lectura, pese a que la mayoría de ellos confiesa no haberlo leído. Fueron precisamente estos excesivos e inquisitoriales tambores de guerra los que me incitaron a leer el libro de marras hace un par de años. Y diré más: pasé un rato muy ameno con él. Sobre su calidad literaria, qué decir. Cierto que no es la joya de la corona, pero vaya en su favor que tampoco lo pretende.
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Cinco años atrás José Tomás dejaba al toro. O el toro le dejaba a él, vaya uno a saber. Escuché por entonces en un programa de radio los reproches que un compungido empresario taurino dedicaba al diestro madrileño. Decía este buen hombre que un torero ha de ser un personaje público. El problema, creo, era que José Tomás no quería ser un personaje (público) sino que aspiraba a ser una persona (privada). Pero la fiesta nacional –que ya no es una sino muchas y por eso la escribo en minúsculas– no acepta la privacidad porque quizá no acepta a la persona. En cualquier caso, un hombre serio (por naturaleza) y un toro serio (por destino) se dijeron adiós ante un público incrédulo que no entendía la heterodoxa negativa del primero.
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Puedo entender que existan las misas y los rebeldes, pero me cuesta comprender que existan las misas rebeldes. Resulta conmovedor que un ateo como Pedro Zerolo y un católico de media jornada como José Bono acudan en santa comunión a la parroquia de San Carlos Borromeo para meterle un dedo en el ojo al cardenal Rouco Varela. Ahora que el incombustible Gallardón ha hecho de Chueca su feudo arco iris, Zerolo ha tenido que mudarse al barrio de Entrevías, donde, al parecer, tres curas rojos mantenían línea directa con Dios celebrando misas en las que leer el Corán, fumar, comer o saltarse los oficios de la Semana Santa estaban a la orden del día. O sea que no tenía razón Nietzsche cuando decía que Dios ha muerto. Nada de eso, tan solo estaba dormido en San Carlos Borromeo esperando que el rojerío lo despertara con sus heterodoxas plegarias.
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10.06.07 @ 13:13:13. Archivado en Articuentos

En su viaje por Chicago en 1935 el promotor de jazz John Hammond se quedó perplejo cuando escuchó en la radio el concierto retransmitido desde el Reno Club de una banda desconocida: la Count Basie and his Rythm Orchestra. El avispado Hammond no perdió el tiempo y le habló de aquellos talentos a Benny Goodman, que envió a Kansas City a su manager personal, Willard Alexander. El conjunto, pese a su potencial rítmico, era un caos en temas de planificación.
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04.05.07 @ 13:06:28. Archivado en Actualidad
Resulta que el poeta David González, de regreso de Santo Domingo, ha apadrinado -con esa manera que tienen de apadrinar los poetas- no un niño pero sí un amigo que estudia odontología. Como por aquel lugar -al igual que en otros muchos de este planeta- vivir es morir de asco y hambre, David subasta en su blog Algo que declarar un boleto intacto de la actuación de Silvio Rodríguez en Santo Domingo con motivo del Día del Trabajador.
Para pujar y demás: http://davidgonzalezpoeta.blogspot.com/
Aplaudo lo iniciativa, por humanitaria y novedosa, y copio el texto de David González:
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28.04.07 @ 16:14:52. Archivado en Artículos, Cultura

La literatura tiene estas cosas: un día siembras una semilla y otro día –a veces al cabo de los años– recoges una flor, previamente polinizada por las circunstancias. La penúltima de estas flores me llega de manos de la editorial Eclipsados, que a finales de 2006 publicó Tripulantes, proyecto literario pilotado por Vicente Muñoz Álvarez y David González. Fue este quien, en el marco de nuestra esporádica pero fiel correspondencia electrónica, me propuso –creo recordar que a principios de 2004– colaborar con un relato, algo a lo que, agradecido, me presté de buen agrado. Pasó el tiempo y no volví a tener ninguna noticia al respecto. Cuando ya pensaba que el asunto había naufragado, el propio David me avisó de que las galeradas estaban en imprenta.
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Hace unas semanas recibí un mail de Emilia Torrado (a quien no conocía) en el que me pedía una dirección para enviarme un ejemplar de Manga Ancha, una nueva revista que, al parecer, incluía dos relatos míos. Resulta que yo había enviado esos textos a través de Luis Sáez, coordinador del Plan de Fomento a la Lectura en Extremadura. Lo confieso: no recordaba nada. No obstante, di mi dirección y a los dos días ya tenía en el buzón el número 1 de la revista, dedicada al género del cuento (el número O estuvo centrado en la poesía).
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17.02.07 @ 10:24:41. Archivado en Articuentos

Un hombre innominado –que resulta ser Quevedo– escribe desde su celda una carta a Felipe II esperando que este le conceda la libertad. Sus lamentos constituyen un ingenioso monólogo en el que resuenan, entre otras, la voz de su abuela o la de su enemigo Luis de Góngora. Este es, grosso modo, el contenido de santo silencio profeso (de la luna libros, 2007), de Fulgencio Valares, “aspirante a aprendiz de todo y maestro de nada” que ha tenido el detalle de dedicarme su libro con un dibujo y varios insultos cariñosos, valga el oxímoron. El escritor condenado a prisión es un tema literario recurrente. Basta escarbar en el baúl de la Historia para comprobar que es norma tácita de sus siglos parir escritores que den con sus huesos en la cárcel por escribir o hacer aquello que no debieran. Poco antes de santo silencio profeso yo había leído Cartas de la cárcel, de Louis Ferdinand Céline, uno de mis escritores preferidos –sobre todo cuando no se emborracha de su famosa petite musique celiniana. Un libro, en contraste con el de Fulgencio, que el autor no concibió como ejercicio literario, sino como reivindicación de sus derechos. (Estas cartas fueron pergeñadas desde su celda en una prisión danesa, donde estaba confinado por haber publicado tres panfletos antisemitas).
Otros autores caídos en desgracia son Miguel Hernández, Wilde, Antonio Gramsci, Fray Luis de León o David González.
He leído no sé dónde que los mejores escritores han pasado por la cárcel. De algún modo estoy de acuerdo al pensar que todo escritor lleva en su interior una celda cuyos barrotes trata de limar con el uso medicinal de la escritura.
Francisco Rodríguez Criado
http://www.telefonica.net/web2/rodriguezcriado/
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14.02.07 @ 20:27:50. Archivado en Articuentos

Cuenta Vila-Matas en Bartleby y compañía que Juan Ramón Jiménez se pasó la vida creyendo que podía morirse en cualquier momento. Al parecer, cuando se despedían de él con un “Hasta mañana” solía responder: “¿Mañana? ¿Dónde estaré yo mañana?”. Entiendo su desazón; la entiendo porque la comparto. La pregunta que me hago a diario durante el desayuno es si estaré vivo a la hora de la cena. Pero a diferencia de Juan Ramón no cargo con el fantasma de la muerte desde siempre, sino que ha sido ella, por sí sola, la que ha crecido en los últimos años a mis pies cual matojo silvestre. De niño creía que yo iba a tener una vida longeva, 102 años de edad. No sé por qué esa cifra y no otra, cosas de niños. La certeza, entonces, de que iba a vivir hasta la hartura me permitía disfrutar mis días sin prisas, dichoso en la tranquilidad de saber que si no llevaba a cabo un proyecto por pereza podría hacerlo 40 o 50 años después. ¡Qué infeliz!
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12.02.07 @ 16:04:08. Archivado en Articuentos

Resulta que dedicar varias horas diarias a mirar la caja tonta supone una terapia para mucha gente. Algunos amigos, sin ir más lejos, me confiesan lo mucho que les relaja clavar el trasero en el sofá frente al dichoso aparato cada noche después de una dura jornada de trabajo. De esto sabrán bastante los jefazos de las productoras, que han optado por diseñar productos destinados a ciudadanos con el espíritu tan cansado que se diría acaban de recibir una sesión de quimioterapia. Y es que si algo caracteriza a la televisión actual es la escasa o nula calidad de su programación. En esto apenas hay diferencias entre las cadenas públicas y las privadas: uno tiene la sensación de que la mayor parte de los programas de unas y otras han sido concebidos por guionistas ocasionales después de fumarse un canuto del tamaño de un paragüero.
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Discrepo de esos sibaritas que dicen preferir a una mujer bien vestida a verla tal como vino al mundo. Allá ellos. Yo soy un tipo terrenal al que le gustan las mujeres bien desnudas, y cuanto más desnudas, más me gustan. Dicho esto, confieso que las fotos de Ana María Ríos publicadas recientemente en la revista Interviú no me aportan el menor placer sensual.
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