Vértigo
14.03.06 @ 10:38:32. Archivado en Artículos, Cine

Dudo que fuera capaz de subir al Empire State para librar una historia de amor con Naomi Watts. La chica me gusta y sé que haría de mí un hombre feliz, pero me puede más el vértigo que la pasión. En mi visita a Nueva York me negué a subir al emblemático edificio: sólo de imaginarme en aquella azotea sentía que me temblaban las piernas. Cierto que no fue la bella actriz quien me propuso la escalada sino mi amigo Miguel, un ingeniero de Caminos frío como un témpano de hielo, con lo cual, claro, sobraban los gestos de heroísmo.
Será que soy un cobarde o un insensible, pero me gustan las mujeres que pisan el asfalto: en cuanto se elevan doscientos metros las doy por inaccesibles. Por eso admiro al abnegado escritor de la película de Peter Jackson: no sólo se enfrenta al vértigo sino también a King Kong, ese animal –como tantos– que pierde la cabeza por una hermosa mujer. La Watts se debate durante todo el filme entre la vida y la muerte, entre el hombre y la bestia. Le gusta el hombre pero aún más la bestia, que la tiene en un puño. Para conquistar a la mujer de sus sueños, el escritor se limita a entregar aquello que le sobra: vísceras y corazón. 
Esa relación a tres bandas está condenada a muerte. King Kong acaba acribillado a balazos en la cima del Empire y pocos segundos después la rubia se echa en los brazos del pretendiente de turno, lo cual demuestra que el amor no está hecho para hipocondríacos con vértigo sino para animales o, en su defecto, para aventureros que subirían hasta el mismísimo cielo con tal de ganarse un beso con títulos de crédito. Así son las cosas.
Francisco Rodríguez Criado
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