Preguntas
08.03.06 @ 21:35:25. Archivado en Artículos, La condición humana

El ser humano viene haciéndose preguntas inquietantes desde los tiempos de Atapuerca. Nuestra felicidad proviene en gran medida de resolver esas preguntas y de plantear otras nuevas que nos mantengan ocupados de por vida.
El escritor judío Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz en 1986, superviviente de los campos de concentración nazis, se preguntaba una y otra vez por qué el ejército aliado no tuvo la sana ocurrencia de bombardear las vías de tren que conducían a Auschwitz. Alejandro Cárdenas rodó una película, Alias Alejandro, apremiado por una duda molesta: “¿Soy hijo de un terrorista?”. (Su padre, Peter Cárdenas Schulte, a quien prácticamente no llegó a conocer, fue detenido en 1992 por su pertenencia al grupo armado MRTA.) Julian Lennon se preguntaba por qué su progenitor hacía una ostentosa campaña junto a Yoko Ono a favor de los derechos humanos al tiempo que se desinteresaba por su bienestar y el de su madre, Cinthya Powell, primera esposa del músico Beatle. Los comunistas se preguntan por qué cayó el Muro de Berlín en 1989 mientras aquéllos que sufrieron las dictaduras marxistas se preguntan por qué no cayó antes. Otras dudas metafísicas: ¿Dónde estaban las armas de destrucción masiva? (La administración Bush). ¿Por qué no iban a poder casarse los homosexuales? (Zerolo). ¿Por qué permitir que se casen los homosexuales? (La Iglesia Católica). ¿Para qué sirven los charcos? (Tomás Sánchez Santiago). Mamá, ¿por qué tengo que comerme la sopa? (Mafalda). Y entre los más escépticos: ¿Subió realmente el hombre a la Luna? ¿Quién fue el verdadero autor que escribió las obras literarias firmadas por Shakespeare? ¿Quién mató a John Kennedy? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? (Y así cada loco con su tema.) 
Me cautivan estas incertidumbres: ya que no somos el Hacedor para tener a mano todas las respuestas, hagamos un esfuerzo en formular todas las preguntas. Por lo que a mí respecta, lo que me pregunto casi a diario es por qué se agota irremediablemente la felicidad (una felicidad real, no impostada) una vez concluye la infancia. Mientras alguien me aclare esto, he optado por retomar actividades que me proporcionaron grandes satisfacciones en mi niñez. De ahí que, como entonces, siga atracándome de dulces, soñando con excitantes aventuras en países exóticos o escribiendo un diario. La terapia, desgraciadamente, no funciona: tengo cada noche la sensación de dormir no en una cama sino en un ataúd. En fin, como el Pedro Almodóvar de los 80, me pregunto qué habré hecho para merecer esto.
Francisco Rodríguez Criado
http://usuarios.lycos.es/rodriguezcriado/
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Francisco Rodríguez Criado
autor
Contacto


