Acción-formación social y ética

San Romero y San Pablo VI, modelos para la juventud

14.10.18 | 06:48. Archivado en Iglesia, Ética

Los queridos Oscar A. Romero, arzobispo mártir salvadoreño, y San Pablo VI son declarados santos, un regalo y alegría del pueblo de Dios para toda la humanidad. Ahora que en la iglesia estamos celebrando el sínodo sobre la juventud, la santidad de Romero y Pablo VI deben ser ejemplo para los jóvenes, para toda persona. Todo ser humano, en especial el joven, lleva en lo más profundo de su ser el deseo de ser sujeto gestor y transformador del mundo e historia; vivir en esa entrega para amar fraternal y solidariamente en la lucha por la paz, por el bien común universal y la justicia con los pobres de la tierra. Y, de esta forma, buscar la verdad, la belleza y el bien. Trascenderse en ese amor a los otros y al Otro, a Dios mismo que nos enraíza y colma en estos anhelos de paz, justicia y vida espiritual, plena y eterna. De todo lo anterior, Mons. Romero y Pablo VI son modelos para la juventud.

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San Pablo VI, testimonio de la fe, misión y ética

21.09.18 | 14:22. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

El Concilio Vaticano II nos mostró que la iglesia siempre se encuentra en estado de reforma. En el sentido que constantemente se tiene que estar actualizando y renovando, conforme a la fidelidad del Evangelio de Jesús que se encarna en los signos de los tiempos e historia. Eso mismo pretendió el Concilio que inició San Juan XXIII y llevó a buen puerto San Pablo VI, ese “aggiornamento” que se pone en sintonía con las llamadas y presencia de Dios por su Espíritu en el mundo, actuante en la realidad histórica. Debemos seguir conociendo, valorando y poniendo en práctica el acontecimiento conciliar con el legado de estos dos Papas Santos. En esta línea, creemos que no se conoce y valora como es debido a Pablo VI, que pronto será canonizado junto a otro testigo de la santidad como es Mons. Romero. Gracias a Dios, con motivo de esta canonización, se está profundizando en su figura y ministerio con diversas actividades, publicaciones, etc.

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El legado de Medellín con Mons. Romero para la santidad en tiempos de crisis

03.09.18 | 06:58. Archivado en Iglesia, Ética

A nadie se le esconde que, en el mundo y en la iglesia, estamos sufriendo una época de crisis con escándalos, abusos, crímenes e ideologías que pervierten la realidad de lo humano y de la fe. Frente a ello, no podemos desanimarnos ni dejar que siga toda esta crisis, que va en contra de la entraña de la persona y del Evangelio. Tal como nos transmite la fe católica. Al Papa Francisco le gusta repetir la frase memorable de Léon Bloy, significativo escritor. “Hay una frase célebre del escritor francés Léon Bloy, que en los últimos momentos de su vida decía: «existe una sola tristeza en la vida, la de no ser santos». No perdamos la esperanza en la santidad, recorramos todos este camino. ¿Queremos ser santos? El Señor nos espera a todos con los brazos abiertos; nos espera para acompañarnos en este camino de la santidad. Vivamos con alegría nuestra fe, dejémonos amar por el Señor... pidamos este don a Dios en la oración, para nosotros y para los demás” (Francisco, Audiencia Miércoles 2 de octubre de 2013).

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Ética, fe e iglesia ante el mal y sus ideologías

27.08.18 | 07:07. Archivado en Iglesia, Ética

Las diversas tradiciones morales, espirituales y eclesiales con sus santos o doctores, junto al magisterio de los Papas como Francisco, se han enraizado en una vida de fe y santidad, una existencia honrada y ética que no se haga cómplice del mal e injusticia. La maldad y pecado más habitual, sutil y profundo es esta pasividad y complicidad ante el mal, la mentira e ideologías que lo justifican y deforman la realidad, que manipulan la verdad real. Y es que, permanecer en la pasividad e indiferencia ante el mal e injusticia, es convertirte en cómplice y colaborador de dicho mal, opresión, desigualdad e injusticia, es mantener el orden injusto establecido.

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Gracia, espiritualidad de encarnación y militancia frente a las ideologías

04.07.18 | 05:20. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Recientemente, en la Universidad Católica San José, el Nuncio del querido Papa Francisco en Perú con motivo de un homenaje realizado al Sucesor de Pedro, ha recomendado leer y difundir el segundo capítulo de su reciente Exhortación Apostólica “Gaudete et exsultate” (GS). Estas cuestiones ya habían sido tratadas en la Carta “Placuit Deo” (PD 3-4), sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, realizada por la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF) y aprobada por Francisco que recomendamos vivamente leer. Ciertamente, toda esta enseñanza de la CDF y Francisco es muy interesante e importante, nos alerta y previene sobre errores e ideologizaciones de la fe que, en la actualidad, están adquiriendo relevancia. Son, por ejemplo, “el gnosticismo y el pelagianismo. En ellas se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica… Dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario” (GE 35).

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El encuentro con Dios desde el reverso de la historia

07.06.18 | 04:32. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Cuando la vida humana va llegando a su fin o termina con la muerte- en especial de personas que uno valora y estima-, entre otras formas, afrontamos esta situación escribiendo. Es lo que queremos hacer en estas líneas, como memoria agradecida y afectuosa a José Miguel Barreto, recientemente fallecido. Él era amigo y compañero de docencia e investigación en el Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas, Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC, Gran Canaria). Y padre de Daniel Barreto, buen amigo, filósofo y asimismo profesor del ISTIC. José Miguel era profesor e historiador de profesión y vocación, especialista de historia contemporánea de la iglesia en Canarias en la que estudió, de forma particular, la aportación eclesial en el campo social. Por ejemplo, investigó a testimonios tan relevantes como A. Pildain, que fuera Obispo de Canarias, un testigo de la fe y del compromiso social frente la dictadura e injusticia.

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Antropología y espiritualidad del cuerpo

02.06.18 | 05:55. Archivado en Iglesia

La filosofía y antropología nos muestran que, más que tener un cuerpo, somos seres corporales. La persona se abre y relaciona con la realidad, con los otros y con el mundo por medio de su ser corporal. En la línea de Mounier, pensamos con el cuerpo. Y es que, como nos mostraba Zubiri, nuestra inteligencia es sentiente, la razón y el pensamiento se realizan junto a los sentidos corporales. El pensar y el sentir se ejercen de forma religada, al unísono, en la aprehensión de la realidad, agarrando lo real. Es el sentir corporal y humano que se expresa en la sensibilidad, en la vida afectiva con las emociones y sentimientos que, como la empatía o com-pasión, nos unen a los otros, asumiendo su realidad, sus alegrías y sufrimientos, sus esperanzas e injusticias.

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El Espíritu de vida, los laicos y la familia

19.05.18 | 06:25. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Este domingo 20 de mayo conmemoramos Pentecostés, la fiesta del Espíritu que, con la venida de Jesús y su proyecto de Reino de Dios, sigue fundado la iglesia para la misión evangelizadora. Y justo ese mismo día, se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”. La Comisión Episcopal de Apostolado Seglar en España ha elaborado los materiales para esta jornada, en donde se nos transmite que “el laicado juega un papel fundamental para esta nueva etapa de la evangelización”. Los Obispos muestran que “ser discípulos misioneros de Cristo consiste en estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los pobres y los excluidos y convertirnos para ellos en oasis de misericordia, luchando por un mundo más justo y solidario”. También significa, continúan, “encarnar la vocación al Amor a la que estamos llamados, especialmente en lo cotidiano (familia, trabajo, ocio, etc.), sabiendo acoger y aprender de todos”.

En este sentido, La iglesia acaba de dar a conocer los Estatutos del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, impulsado por el Papa Francisco. Su misión radica "en aquellas materias que pertenecen a la Sede Apostólica para la promoción de la vida y del apostolado de los fieles laicos, para el cuidado pastoral de los jóvenes, de la familia y de su misión, de acuerdo con el plan de Dios, y para la protección y el apoyo de la vida humana" (Art. 1). El Dicasterio se ocupa de la Promoción de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo. Animando y fomentando “la promoción de la vocación y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, como individuos, casados o no, y también como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos y comunidades" (Art. 5).

Quiere "favorecer en los fieles laicos la conciencia de la corresponsabilidad, en virtud del bautismo, para la vida y la misión de la Iglesia, de acuerdo con los diferentes carismas recibidos para la edificación común. Con una atención particular a la misión peculiar de los fieles laicos de animar y perfeccionar el orden de las realidades del mundo (cf. LG 31)” (Art. 6, 1). En el espíritu de la Constitución pastoral Gaudium et Spes (GS, Concilio Vaticano II), que invita a hacer propias "las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de los que sufren" (GS 1). De esta forma, los laicos desarrollan la acción evangelizadora y misionera que, en el en amor fraterno, efectúa la promoción humana y social integral (Art. 6, 2). Este Dicasterio quiere promover iniciativas para los jóvenes con su protagonismo de "en medio de los desafíos del mundo actual". Es por ello, que apoya "todas las iniciativas del Papa en el ámbito de la pastoral juvenil". Y se encuentra al servicio de las Conferencias episcopales, de los movimientos y asociaciones juveniles internacionales, "para promover y organizar encuentros a nivel internacional", siendo una tarea clave "la preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud" (Art. 8).

El Dicasterio trabaja para profundizar la reflexión sobre la relación entre el hombre y la mujer en su respectiva especificidad, reciprocidad, complementariedad e igual dignidad. Valorizando el "genio" femenino, contribuye a la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, promoviendo su participación. A la luz del magisterio papal, promueve la atención pastoral de las familias, protege su dignidad y su bien basados en el sacramento del matrimonio, favorece sus derechos y responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad civil, para que la institución familiar pueda cumplir cada vez mejor sus funciones tanto en el ámbito eclesial como social. Discierne los signos de los tiempos para valorar las oportunidades a favor de la familia, para hacer frente con la confianza y la sabiduría del Evangelio a los desafíos que la atañen y aplicar en el hoy de la sociedad y de la historia el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia (Art. 10, 1-2).

Sostiene y coordina iniciativas a favor de la procreación responsable, así como para la protección de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, teniendo en cuenta las necesidades de la persona en las diversas fases evolutivas. Promueve y alienta a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a recibir y apreciar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el aborto. También apoya programas e iniciativas destinados a ayudar a las mujeres que hubieran abortado. Sobre la base de la doctrina moral católica y del Magisterio de la Iglesia estudia y promueve la formación sobre los principales problemas de la biomedicina y del derecho relativos a la vida y sobre las ideologías en fase de desarrollo que atañen a la vida humana inherente y a la realidad del género humana (Art. 13).

Tal como se observa, suscitado por el Espíritu de Vida en el ministerio del Papa Francisco, este Dicasterio supone un renovado vigor en la misión de la iglesia con realidades eclesiales claves como son el laicado, los jóvenes, las mujeres y la familia. Ya los Obispos españoles afirmaron hace mucho tiempo que "la nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos, o no se hará" (CLIM 148). La misión específica del laicado con los jóvenes, las mujeres y las familias es, ejerciendo la constitutiva caridad política, gestionar y transformar el mundo para que se vaya ajustando al Reino de Dios. Tal como enseña San Juan Pablo II y nos transmite Benedicto XVI, “el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ». La misión de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad” (DCE 22; CL 42).

Como afirma programáticamente Francisco, en relación a los desafíos eclesiales, “los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones. Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante” (EG 102).

Por tanto, debemos acoger toda esta renovación de la iglesia que, en el camino del Vaticano II, Francisco está llevando a cabo promoviendo la co-responsabilidad eclesial de los laicos, las mujeres, los jóvenes y la familia al servicio de la misión. Una iglesia en conversión misionera y pastoral, en salida hacia las periferias para llevar el Evangelio de la alegría, la misericordia, la paz, la solidaridad y la justicia; frente a la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte. Una iglesia pobre con los pobres como sujetos de su promoción, desarrollo y liberación global en el cuidado de la vida en todas formas, dimensiones y aspectos con una ecología integral. En oposición al pecado del egoísmo e ídolos de la riqueza-ser rico y del capital, del poder y de los privilegios elitistas.

Una iglesia y misión con rostro femenino, en el protagonismo y dignidad de la mujer en la vida de la iglesia y del mundo. Con el diálogo y encuentro intercultural e inter-religioso que acoge y valora todo los bueno, bello y verdadero de los otros, de las diversas culturas y religiones. En el ecumenismo con las otras iglesias, con los pueblos y sus distintas espiritualidades religiosas para que se promueva la vida y dignidad del ser humano, la justicia social con los pobres y ecológica con el planeta, la convivencia pacífica y fraterna. En contra de todo mal, desigualdad e injusticia, de las lacras de la destrucción ambiental, de la cultura de muerte y de las guerras. Rechazando toda violencia, fundamentalismo e integrismo. Una misión e iglesia que camina en la historia de la salvación hacia la vida plena y eterna, hacia la tierra nueva y los cielos nuevos donde Dios será todo en todos.


Santidad, mística y sabiduría profética desde Mons. Romero con los mártires

06.05.18 | 06:58. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Se ha anunciado que próximamente se conocerá el lugar y la fecha de la canonización del beato Romero, a la vez que se está tratando de impulsar el reconocimiento del Arzobispo mártir salvadoreño como Doctor de la iglesia. Todavía reciente mi estancia memorable e inolvidable en la tan amada iglesia salvadoreña. Donde estuve realizando una serie de conferencias en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), queremos seguir transmitiendo toda esta experiencia del Salvador. Con nuestros amados mártires como Mons. Romero, R. Grande, I. Ellacuría y sus compañeros jesuitas de la UCA. Tal como asimismo, por ejemplo, nos muestra Mons. José Luis Escobar Alas, Arzobispo de San Salvador y digno sucesor de Mons. Romero, en su maravillosa e imprescindible segunda Carta Pastoral "Ustedes darán también testimonio, porque han estado conmigo desde el principio"; con el que tuve el regalo y la alegría de estar en dicha visita.

En el seguimiento de Jesús, Mons. Romero con esta iglesia martirial salvadoreña nos transmite una auténtica santidad y mística que, como nos enseña la fe e iglesia con los Papas como Francisco, es inseparable de la profecía con su sabiduría, en la esperanza del Reino de Dios. La experiencia de fe en el encuentro y comunión con Dios está unida indisolublemente al amor al prójimo, a todo ser humano- hermano nuestro-, que constitutivamente se realiza en la promoción de la justicia y de la liberación integral con los pobres en la realidad. La santidad y mística en Cristo es la de los ojos abiertos que es honrada con lo real, que se encarna religándose a la realidad. Y la del principio-misericordia que lleva al corazón la miseria, sufrimiento e injusticia que padecen los otros, los pobres y los pueblos crucificados.

Por tanto, la santidad y mística se asocia íntimamente con la política. Esa virtud ética, social y teologal en la Gracia de Dios como es la caridad política, que promueve el bien común más universal, la justicia social-global y la civilización del amor. La santidad y mística profética se efectúa pues en esta vida honrada, moral y de la santidad política. Y que con ese amor civil y caridad pública e institucional, de forma inteligente, discierne las raíces y causas del mal, injusticia y pecado. El pecado personal del egoísmo que rechaza el amor a Dios y al otro, al pobre, con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia que cristalizan e inter-accionan en el pecado estructural. Esas estructuras sociales e históricas de pecado. Mons. Romero con nuestros mártires de la iglesia salvadoreña, como auténticos místicos y profetas, denunciaron todas estas idolatrías y mecanismos perversos del tener, poseer y del capital que sacrifican la vida y dignidad de los seres humanos, de los pueblos y de los pobres en el altar de la codicia y del beneficio.

“Hermanos son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!” (Mons. Romero en su última homilía, 23 de marzo de 1980, antes de ser asesinado).

Mons. Romero con la iglesia profética y martirial salvadoreña disciernen los signos permanentes de los tiempos que, en la mirada cristológica e histórica, son los pueblos crucificados por todos estos falsos dioses del lucro, de la ganancia y poder que causan muerte e injusticia a los pobres. Esos pueblos crucificados que en la fe remiten “al Divino Traspasado” (Mons. Romero), al Dios Crucificado en Jesucristo por el Reino con su justicia. Y que desde la Gracia (Amor) de Dios nos traen luz, verdad, salvación y liberación integral como el Siervo de Yahvé (Is 42, 1-4; 49, 1-6; 50, 4-9; 52, 13-15; 53,12).

Nuestros místicos y proféticos mártires con Mons. Romero han discernido evangélicamente como el pueblo crucificado y el pobre, sacramento (presencia) real de Cristo Pobre y Crucificado (Mt 25, 31-46), son lugar (realidad) social y teologal. Allí donde se hace presente, con más verdad e intensidad, la Gracia liberadora del Dios de la vida. “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. (Mons. Romero, Hom. del 18 de noviembre de 1979). Los pobres con espíritu (Mt 5,3) son los sujetos primeros del Reino de Dios que nos traen verdad, santidad y salvación en su vida de pobreza material, social y espiritual. Con la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia liberadora desde la Gracia y esperanza en el Dios vivo de la redención.

Mons. Romero con los mártires como I. Ellacuría (cf. “Utopía y profetismo…”), como nos enseña hoy el Papa Francisco, nos comunican una bioética global y ecología integral en la promoción de la vida en todas sus fases, formas y dimensiones. La defensa de la vida al inicio con el niño por nacer (Mons. Romero, Hom. 18-03-1979), de las víctimas y de los pobres, promoviendo la ética del cuidado, de la justicia social, intercultural, global y ecológica. En la comunión de amor con Dios, con los otros y con la naturaleza.

“Ustedes saben que está contaminado el aire, las aguas; todo cuanto tocamos y vivimos; y a pesar de esa naturaleza que la vamos corrompiendo cada vez más, y la necesitamos, no nos damos cuenta que hay un compromiso con Dios: de que esa naturaleza sea cuidada por el hombre. Talar un árbol, botar el agua cuando hay tanta escasez de agua; no tener cuidado con las chimeneas de los buses, envenenando nuestro ambiente con esos humos mefíticos; no tener cuidado dónde se queman las basuras; todo eso es parte del gran problema ecológico… Cuidemos, queridos hermanos salvadoreños, por un sentido de religiosidad, que no se siga empobreciendo y muriendo nuestra naturaleza. Es compromiso de Dios que pide al hombre la colaboración” (Mons. Romero, Hom. 11 de marzo de 1979).

Mons. Romero con su sabiduría profética y testimonio mostró el Don de la Gracia que nos trae la salvación y liberación integral de la humanidad, de la historia y de todo el cosmos. Por la que el mal, la muerte, el pecado y toda injusticia serán vencidas definitivamente por el Dios Redentor. “La liberación que la Iglesia espera es una liberación cósmica. La Iglesia siente que es toda la naturaleza la que está gimiendo bajo el peso del pecado. ¡Qué hermosos cafetales, qué bellos cañales, qué lindas algodoneras, qué fincas, qué tierras las que Dios nos ha dado! ¡Qué naturaleza más bella! Pero cuando la vemos gemir bajo la opresión, bajo la iniquidad, bajo la injusticia, bajo el atropello, entonces duele a la Iglesia y espera una liberación que no sea sólo el bienestar material. Sino que el poder de un Dios que liberará de las manos pecadoras de los hombres una naturaleza que, junto con los hombres redimidos, va a cantar la felicidad en el Dios liberador” (Mons. Romero, Hom. 11 de diciembre de 1977).


Violencia, mártires y santidad en El Salvador, luz para el mundo

29.04.18 | 08:50. Archivado en Iglesia, Ética

Acabo de pasar unos días memorables e inolvidables en El Salvador, un pueblo tan querido. Con motivo de una serie de conferencias que realicé en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría-Departamento de Filosofía. En donde expuse el pensamiento social, ético y educativo latinoamericano con la aportación de los jesuitas mártires de la UCA I. Ellacuría, I. Martín-Baró u otros mártires y testimonios como Mons. Romero o L. Proaño. En esta estancia en el querido pueblo salvadoreño, pude visitar los lugares donde vivieron, fueron asesinados y reposan estos amados mártires como Mons. Romero, Ellacu, Nacho y sus compañeros jesuitas.

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Eco-teología y economía frente al capital extractivista

22.04.18 | 07:42. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Este 22 de abril celebramos el día de la tierra. La fe e iglesia con su enseñanza moral y doctrina social (DSI) lleva tratando, hace ya mucho tiempo, de promover otro tipo de desarrollo en el mundo, más humano, solidario e integral. Tal como nos muestran los Papas como Juan XXIII y Pablo VI con el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco con su magisterio y encíclicas sociales. Por ejemplo, “Laudato si” (LS) de este último Papa, dedicada íntegramente a una ecología integral. Y la significativa carta pastoral “Discípulos misioneros custodios de la casa común, Discernimiento a la luz de la Laudato si”, de los Obispos latinoamericanos (CELAM) que recomendamos vivamente leer.

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Santidad y justicia en la alegría de la fe con Francisco

10.04.18 | 06:00. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Se ha publicado la nueva, bella e imprescindible Exhortación Apostólica del Papa Francisco, "Gaudete et exsultate (GE)”, sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo. En este significativo documento, actualizando toda la teología y enseñanza conciliar en el horizonte del Vaticano II, Francisco nos muestra las claves que orientan la fe y espiritualidad para la vida de santidad. Frente a todo elitismo y pastoral de selectos, en el camino de la fe con los movimientos apostólicos obreros como la JOC o la HOAC (con E. Merino, G. Rovirosa…) y el Concilio, el Papa nos llama a todos para vivir esta vocación universal de la santidad. Una santidad que se realiza en la vida cotidiana, con una espiritualidad y mística que se encarna en la realidad, en el mundo y en la historia de los pueblos con sus relaciones humanas, comunitarias y sociales (GE 6-18).

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Miércoles, 17 de octubre

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