Acción-formación social y ética

Pensamiento y Vida desde El Salvador-Crucificado

24.03.18 | 06:30. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

En este tiempo ya de Semana Santa por el que nos adentramos en la Pasión y Pascua de Jesús Crucificado-Resucitado, donde celebramos asimismo el aniversario del martirio de Mons. Romero este día 24, Dios me ha concedido cumplir un sueño. El 23 de Abril tendré el regalo y la alegría de estar en el querido El Salvador. En donde realizaré un programa de conferencias en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), Departamento De Filosofía, enmarcadas dentro de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría. Serán 3 días intensos de ponencias sobre la filosofía y las ciencias sociales que, en el horizonte teológico de la fe, nos legaron los queridos jesuitas mártires de la UCA I. Ellacuría, I. Martín-Baró y sus compañeros.

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Memoria del Papa Francisco y mi experiencia en América Latina

14.03.18 | 03:55. Archivado en Acerca del autor, Iglesia

Estamos celebrando el quinto aniversario de la llegada de Francisco al ministerio petrino y, justo en estas fechas, se cumplen 3 años de mi llegada a la querida Latinoamérica. Mi experiencia en estas tierras está marcada por mi fe, que me ha llevado a la misión y servicio que trato de desempeñar aquí, en Ecuador donde más resido; o en otros lugares en lo que he estado como Perú, al que suelo viajar con regularidad. Esta fe y misión que, como católico, está orientada por el Evangelio de Jesús vivido en la iglesia tal como, actualmente, nos transmite y testimonia el Papa Francisco.

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La fe militante desde la memoria y legado de Don Elías Yanes

11.03.18 | 06:23. Archivado en Iglesia

Ha muerto nuestro paisano canario Don Elías Yanes, doctor y profesor de teología, Arzobispo emérito de Zaragoza y presidente de la Conferencia Episcopal Española (1993-1999). Don Elías fue un promotor de espiritualidad, de formación y de militancia, por ejemplo del laicado con todo su trabajo en la acción católica y la pastoral obrera, con la JOC o HOAC. Fue amigo de otros testimonios de la fe y cultura militante como Don Tomás Malagón, cura consiliario de la HOAC de G. Rovirosa con el que formó un histórico tándem apostólico, de J. Gómez del Castillo o del también canario Camilo Sánchez. Como reconocía Don Elías, Malagón con todo este apostolado, en la promoción de una formación y militancia cristiana, marcó mucho al Arzobispo canario ahora fallecido.

Todo ello caracterizó el ministerio y misión de Don Elías, con su trabajo en la iglesia española a la que aportó tanto. Junto a otros Obispos tan significativos como, por ejemplo, Don Ramón Echarren también ya fallecido, que fuera Obispo de Canarias. Durante esta época, la iglesia española promovió toda esta fe y pastoral militante. Con documentos tan significativos como “Los católicos en la vida pública”, “Los cristianos laicos, iglesia en el mundo”, “La pastoral obrera de toda la iglesia” o “La iglesia y los pobres”. Como se nos muestra en dicha enseñanza de la iglesia española, junto al legado de estos Obispos tan relevantes como D. Elías y D. Ramón, en la línea de dichos testigos de la militancia como Malagón o Rovirosa, vamos a presentar claves y aspectos esenciales para una fe militante. Siguiendo las diversas obras y publicaciones de Don Elías, cuyos títulos pondremos entre comillas.

Lo primero es cultivar la experiencia de fe “en el Espíritu y la verdad. Espiritualidad trinitaria”. La Santísima Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Sin embargo, muchos cristianos, incluso fervorosos, aunque hacen sincera profesión de fe en la Trinidad, viven su cristianismo al margen de este misterio. Es el estilo de vida cristiana, orientada hacia la comunión de fe y de amor con la Santísima Trinidad, para avanzar hacia lo esencial. Lo más importante es sentirnos amados por Dios Padre, que nos da a su Hijo y nos comunica el Espíritu Santo: amor del Padre y del Hijo. La comunión de la Trinidad es fuente y modelo de la comunión de la Iglesia. Esta Iglesia de la Trinidad es comunión misionera. Por lo que la vida de fe es “ofrenda. Ofrecimiento y acción de gracias a la Santísima Trinidad”.

Esta espiritualidad nos lleva a ser “hombres y mujeres de oración”. El mundo necesita a estos hombres y mujeres de oración. Sin vida de oración no hay evangelización ni catequesis, no se realiza la acción pastoral ni la militancia cristiana. Sin vida de oración no hay fe. La vida de oración no es una especie de entretenimiento más o menos grato, reservado a quienes disponen de mucho tiempo libre. Para las personas de fe, la oración es como el oxígeno sin el cual no se puede vivir. Forma parte de los aspectos más esenciales de nuestra condición de discípulos de Jesús. La fe nos invita a la oración, situándola siempre dentro de esa llamada que Dios mismo nos hace al amor. En este sentido, es una espiritualidad mariana, con “María de Nazaret, Virgen y Madre”. Y es que “María es nuestra Madre”.

La vida de fe y la espiritualidad requiere la “educación cristiana, don de Dios a su iglesia”. Bajo la guía de Don Elías Yanes, se confeccionó y publicó un nuevo “Itinerario de formación cristiana para adultos. Ser cristianos en el corazón del mundo”, editado por la Conferencia Episcopal Española, a través de su Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Don Elías fue el director y coordinador de la elaboración de estos materiales, para cuya confección se contó con la colaboración de obispos, biblistas, teólogos, catequetas, pastoralistas. Así como de consiliarios y militantes de la acción católica. Entre todos elaboraron un material de contenido fecundo y complementario, desde las distintas perspectivas. Es concebido como una respuesta a la prioridad de la formación de los laicos, una prioridad de máxima urgencia para toda la iglesia. Se destaca así la urgencia y prioridad de la formación de los laicos, en el marco de la iglesia misterio-comunión-misión.

Hay que desarrollar “el discernimiento pastoral", “la fe y acción militante” en la promoción de la vida católica adulta y madura. Una espiritualidad seria y profunda, la formación sólida y permanente para la misión de la iglesia y el laicado en una militancia coherente, creíble y testimonial. Promoviendo la “caridad en la vida de la iglesia. La iglesia y los pobres” en cuyo documento ya citado, en su presentación, Don Elías expone una serie de orientaciones para esta acción de la caridad. Tal como nos muestra el Vaticano II (LG 8, AA 8), referencia clave para Don Elías, la iglesia está llamada al testimonio del amor y servicio a los pobres, que son sacramento de Cristo Pobre y Crucificado. En la solidaridad y promoción liberadora de los pobres, la iglesia sirve al mismo Cristo Pobre que, en su encarnación solidaria, está unido a sus sufrimientos y necesidades. Esta caridad debe promover la justicia con los pobres, transformando las causas de la pobreza, de tal forma que los pobres no sigan dependiendo de una caridad deformada, meramente asistencialista y paternalista.

Esta vida de fe, en el amor y justicia con los pobres, se expresa en la pastoral obrera de toda la iglesia, documento asimismo ya mencionado. En cuya presentación, Don Elías afirma que es una realidad “histórica, llena de esperanza en la evangelización del mundo obrero. En donde se recoge las experiencias de los militantes obreros cristianos, en los movimientos especializados de acción católica. La experiencia de tantos otros militantes que, orientados e impulsados por la Doctrina Social de lglesia (DSI), entregaron su vida para anunciar a Jesucristo y su mensaje al mundo obrero, en momentos muy difíciles. Y, en muchas ocasiones, con recelos e incomprensiones. Miramos a la pastoral obrera con esperanza e ilusión. Estamos convencidos de que Jesucristo es la respuesta a los problemas del mundo obrero y, a pesar de las difíciles situaciones por las que actualmente pasa, hay muchos signos positivos: los diálogos iglesia-organizaciones obreras; la potenciación de la acción católica y de los movimientos especializados…”

Por tanto, esta entraña de la fe e iglesia, que es Dios en el Don (Gracia) de su amor y justicia con los pobres, lleva a la vida de la caridad orientada por la DSI. Y encarnada en la realidad, de forma más directa e inmediata, por los laicos para la transformación del mundo. El laicado y la acción católica, como es la pastoral obrera con sus movimientos especializados, tienen como vocación específica la praxis de la caridad política. Por la que se busca el bien común, la justicia con los pobres y la civilización del amor en el mundo del trabajo, de la economía, de la política o de la cultura. En el diálogo de la fe con la razón, con las culturas y la ciencia, con los movimientos sociales e históricos que luchan por un mundo más justo, humano y fraterno. Como se observa, todo lo anterior es el legado que nos transmite Don Elías con su humanismo ético y espiritual, con su amor a Cristo, a la iglesia y a la humanidad en el diálogo y solidaridad liberadora con los pobres. Le damos gracias a Dios y a Don Elías por su vida, misión y ministerio tan fecundo que ahora culmina con la fe, esperanza y caridad en la vida de paz, plena y eterna.


La santidad de Mons. Romero, caridad política y justicia con los pobres

08.03.18 | 03:31. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Nos llega una buena y bella noticia: al querido salvadoreño Monseñor Oscar A. Romero se le sigue reconociendo su santidad y será canonizado; junto a la ya anunciada de otro testimonio de la fe, al servicio del bien y de la justicia con los pobres de la tierra, como es Pablo VI al que tanto admiraba Mons. Romero. Dos santos y testigos que tanto aportaron a la espiritualidad, a la solidaridad y a un desarrollo humano, liberador e integral en la equidad con los pobres. Siguiendo una de las últimas intervenciones de Mons. Romero, “La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres", que está considerada como uno sus legados espirituales-teológicos y éticos, vamos a presentar diversas claves o realidades que nos muestra la vida y santidad de este ya santo del Salvador. Y qué, cómo vamos a ver, actualiza y profundiza el espíritu y enseñanza del Concilio Vaticano II.

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Antropología y ética en la salvación integral desde “Placuit Deo”

03.03.18 | 05:47. Archivado en Iglesia, Ética

Se acaba de publicar la Carta “Placuit Deo” (PD), sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, realizada por la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF) y aprobaba por el Papa Francisco. Un documento muy significativo e importante, que recoge la entraña de la fe con su salvación liberadora según la Palabra de Dios, la tradición y enseñanza de la iglesia con los Papas como el querido Francisco (PD 1). En la que se nota mucho la mano de la teología del jesuita L. Ladaria, prefecto de la CDF, por ejemplo sus estudios patrísticos. Y que va en la línea de lo más valioso de la antropología teológica, con autores tan relevantes como el querido y ya fallecido J. L. Ruiz de La Peña o el dominico Martín Gelabert , colega de Religión Digital. La carta actualiza toda la teología y el mensaje sobre la salvación, que nos trae la fe católica, en el mundo actual. Un mundo en el que se dan tendencias que desvirtúan esta salvación (PD 2-7) y que, de alguna forma, actualizan antiguos errores sobre la fe: el pelagianismo y el gnosticismo, en los que el Papa Francisco ha insistido (PD 3).

El pelagianismo, como el actual, hace referencia a un individualismo auto-egócentrico, típico del neoliberalismo capitalista. Es una antropología individualista y posesiva que, a la búsqueda de su interés individual, rompe la relación con los otros, con la comunidad e historia y con Dios. Cree que la salvación viene de sus propias fuerzas, poder e intereses sin contemplar los lazos fraternos y solidarios que nos unen en las relaciones personales, comunitarias y espirituales con el Dios Comunión y Solidaridad. El gnosticismo, propio también de esta mentalidad burguesa e individualista, nos impone una espiritualidad y antropología negativa, desencarnada y espiritualista. En la que, en este individualismo no encarnado e insolidario, niega la bondad y dignidad de lo personal, del mundo material, de la naturaleza y la creación de Dios (PD 4).

La salvación, por tanto, no está en este individualismo desencarnado e insolidario del poder, tener y poseer, de la conquista y dominación. Como nos enseña la filosofía personalista, “soy amado luego existo”. La salvación viene por este Don (Gracia) del Amor fraterno y solidario de Dios que, en la historia y mundo, nos libera integralmente. “Frente a estas tendencias, la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres. Y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29)” (PD 4). La salvación desde la fe tiene su entraña en Jesús, el Dios Encarnado, Salvador y Liberador que ha asumido solidariamente a toda la persona y a toda humanidad, a toda la realidad e historia para salvarla y liberarla integralmente en todos sus aspectos.

Como nos enseña Francisco, “confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano. Su redención tiene un sentido social porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»” (EG 178). Con su anuncio y realización del Reino de Dios en la historia, como nos muestra el Evangelio, Jesús curaba y sanaba de todo sufrimiento, mal e injusticia. Las curaciones que nos trae Jesús con su salvación, signos y clamores del Reino, significan la liberación integral en cuerpo y alma, de la persona y sus relaciones sociales e históricas (PD 8). Hay que cuidar y respetar la sagrada e inviolable vida y dignidad de las personas con sus cuerpos, con sus condiciones materiales, humanas y sociales que hacen posible el desarrollo integral.

“En consecuencia, la salvación que la fe nos anuncia no concierne solo a nuestra interioridad, sino a nuestro ser integral. Es la persona completa, de hecho, en cuerpo y alma, que ha sido creada por el amor de Dios a su imagen y semejanza, y está llamada a vivir en comunión con Él” (PD 7). En la Encarnación del Dios Solidario en Cristo, la salvación ha incorporado a todo y a todos los seres humanos, al mundo-universo y a toda la realidad histórica. Y de esta forma, desde la Gracia de su Amor, nos regala la salvación liberadora en la filiación divina, la liberación integral de los hijos de Dios que, como hermanos, promueve en unas relaciones de fraternidad, de comunión solidaria y justicia. El corazón de la fe, como nos muestra PD y el Papa Francisco, es toda esta Gramática de la Encarnación, por la que Dios en Cristo asume solidariamente toda nuestra naturaleza y condición personal, corporal, social e histórica. Dios encarna, pues, la Gracia del amor y su justicia liberadora en la humanidad con su corporalidad, mundo e historia para llevarla a su realización y plenitud trascendente, junto a todo el cosmos, en la caridad fraterna.

“Está claro que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne (cf. Jn 1, 14). Es precisamente asumiendo la carne (cf. Rm 8, 3; Hb 2, 14: 1 Jn 4, 2), naciendo de una mujer (cf. Ga 4, 4), que «se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre» y nuestro hermano (cf. Hb 2, 14). Así, en la medida en que Él ha entrado a formar pare de la familia humana, «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» y ha establecido un nuevo orden de relaciones con Dios, su Padre, y con todos los hombres, en quienes podemos ser incorporado para participar a su propia vida. En consecuencia, la asunción de la carne, lejos de limitar la acción salvadora de Cristo, le permite mediar concretamente la salvación de Dios para todos los hijos de Adán… Este camino no es un camino meramente interno, al margen de nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. No es una liberación meramente interior, es necesario recordar la forma en que Jesús es Salvador…Cristo, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino….Cristo es Salvador porque ha asumido nuestra humanidad integral y vivió una vida humana plena, en comunión con el Padre y con los hermanos” (PD 10-11).

De ahí que esa Encarnación e in-corporación de Cristo en la humanidad e historia, para traernos el Reino de Dios y su justicia liberadora que nos salva, se hace cuerpo por la comunidad e iglesia. Frente a todo este individualismo desencarnado, no hay Reino de Dios ni Encarnación de Cristo sin un pueblo y cuerpo que, desde la Gracia, siga haciendo presente e incorporando a Cristo y su Reino, con su salvación liberadora, en la historia. La iglesia es sacramento de salvación liberadora e integral, histórica y trascendente. Por tanto, es iglesia pobre con los pobres que son carne y cuerpo (sacramento) histórico del Cristo Encarnado, Pobre y Crucificado. Desde la entraña y modelo del Dios Trinitario, Dios Comunión y Solidaridad, la iglesia es la comunidad trinitaria, sacramento de comunión con Dios y de la unidad fraterna de toda la humanidad (PD 12). Tal como, asimismo, nos enseña todo ello el Concilio Vaticano II.

Esta salvación de Cristo, encarnada en el pueblo de Dios y su cuerpo sacramental-comunitario como es la iglesia, se manifiesta de forma especial en la economía salvífica y liberadora de los sacramentos. Los sacramentos celebrados en la iglesia, como cuerpo y sacramento de Dios en Cristo, son los símbolos reales del Reino y Pascua de Jesús. Por los sacramentos se hace presente, visibiliza e historiza la Gracia de Dios con su salvación liberadora del mal, pecado e injusticia (PD 13). Como símbolos reales de esta salvación de Cristo con su Reino y Pascua, los sacramentos y su celebración significan efectiva y transformadoramente la liberación integral de Dios.

Esta economía sacramental donde se asume la materialidad y bondad de la creación, por ejemplo el pan y vino con el que se celebra la Eucaristía, “se opone a las tendencias que proponen una salvación meramente interior….En cuanto somos salvados, en cambio, «por la oblación del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10, 10; cf. Col 1, 22), la verdadera salvación, lejos de ser liberación del cuerpo, también incluye su santificación (cf. Ro 12, 1). El cuerpo humano ha sido modelado por Dios, quien ha inscrito en él un lenguaje que invita a la persona humana a reconocer los dones del Creador y a vivir en comunión con los hermanos. El Salvador ha restablecido y renovado, con su Encarnación y su misterio pascual, este lenguaje originario y nos lo ha comunicado en la economía corporal de los sacramentos. Gracias a los sacramentos, los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales” (PD 14).

Por tanto, como nos muestra de igual forma el Papa Francisco (LS 235-236), los sacramentos nos llevan a la conversión personal, social, ecológica e integral en la comunión con Dios, con la creación, con los otros y con los pobres. En la misericordia solidaria con sus sufrimientos e injusticias, con la lucha por la justicia social-global, en la comunión con la naturaleza para promover la justicia ambiental. Todo lo anterior, lleva a la iglesia a la misión en su anuncio del Cristo Salvador y Liberador con su Pascua, proclamando y realizando el Reino de Dios en la historia. Con el diálogo y encuentro fraterno con las otras culturas o religiones, para buscar juntos el bien universal, el amor, la paz y la justicia que trae Dios con su salvación liberadora universal para toda la humanidad (PD 15). Una salvación y liberación integral que se consuma en la vida realizada, plena y eterna. “La salvación integral del alma y del cuerpo es el destino final al que Dios llama a todos los hombres. Fundados en la fe, sostenidos por la esperanza, trabajando en la caridad, siguiendo el ejemplo de María, la Madre del Salvador y la primera de los salvados, estamos seguros de que «somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo” (PD 15).


Lunes, 21 de mayo

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