Acción-formación social y ética

Paz justa y ecoteología desde San Francisco de Asís para vivir la Navidad

09.12.17 | 03:29. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Este artículo, forma parte de mi colaboración con la Conferencia Franciscana de México (COFRAMEX). En especial con mi amigo y hermano Fr. Néstor Wer, OFMCap (fraile capuchino), su presidente, para impulsar la formación en la paz, con la elaboración de materiales educativos y formativos para dicho fin. En una campaña que se realizará, “Familia Franciscana, constructores de paz y de bien” con el lema: “hagamos el bien, busquemos la paz”. A Fr. Nestor, por su acogida y cercanía, está dedicado con todo el cariño dicho escrito. Se cuenta que Lenin llegó a decir que le dieran 10 San Francisco de Asís y que, de esta forma, haría la revolución ya que, para el ruso, el santo italiano era el hombre la revolución.

Evidentemente, la revolución en la que pensaba Lenin, la del comunismo colectivista o colectivismo que acaba siendo una dictadura, no es la misma que traía San Francisco que es la del Evangelio de Jesús. Más Lenin, que no se le puede negar su astucia, sabía bien que a una persona como San Francisco no se le puede corromper ni hacer que traicione su fe e ideales: es pobre; con la honradez y solidaridad que dicha pobreza fraterna, en la comunión solidaria, supone. Francisco, “el sol de Asís” como lo llamó Dante en su Divina Comedia, nos trae la revolución de la alegría y misericordia compasiva, la paz, justicia y fraternidad solidaria con los pobres que es la propia del Evangelio. Como nos muestra el Papa Francisco.

En su encíclica “Laudato Si” (LS), el Papa ha propuesto a Francisco de Asís como modelo de una ecología integral, que es la que realmente trae la paz. Y es que, como nos enseña la fe e iglesia, la verdadera paz no es sólo la mera ausencia de guerra o violencia. Sino que supone e incluye un estado de realización, un desarrollo global del ser humano con la realidad en todas sus dimensiones. Esta realización y auténtico desarrollo que trae la paz, es el que nos transmite la ecología integral que, como nos testimonian el Francisco de Asís y el de Roma, se realiza en la comunión con Dios, con los otros, con los pobres y con la naturaleza. Como se observa, la ecología integral efectúa el desarrollo global, clave de la paz justa que abarca todas estas inherentes dimensiones del ser humano.

Una paz justa, auténtica basada en la vida, dignidad, justicia (social-global), derechos humanos, solidaridad, bien común y desarrollo humano (ecología) integral. Es una ecología espiritual que acoge el Don (Gracia) del Otro, para la fe Dios mismo, y de los otros. Ellos nos traen el regalo de su amor, paz y justicia liberadora de todo mal, pecado e injusticia. En una espiritualidad del encuentro de vida con la trascendencia del rostro de ese Otro que es Dios, revelado para la fe en Jesucristo que nos llama a su seguimiento, y de los otros. Una mística del amor en comunión con Dios en Cristo y con ese prójimo que es toda la humanidad, en especial, los pobres.

Lo que nos lleva a la ecología mental. En esa razón cordial, del corazón, que cultiva los afectos y sentimientos con la empatía, sensibilidad y com-pasión misericordiosa hacia los otros. Compartiendo sus alegrías, esperanzas, sufrimientos e injusticias. Los deseos, pasiones, sentimientos e ideales que nos dan sentido, felicidad y realización en la vida como son el amor fraterno, la solidaridad, paz y justicia con los pobres. Tal como nos muestra el relevante filósofo Max Scheler, “San Francisco es el prototipo occidental de la razón cordial y emocional, cosa que posteriormente fue relegada al margen”.

En el relato de la verdadera y perfecta alegría, se nos transmite como Francisco desarrolla este sentido de la vida que afronta e integra aquel mal o negatividad, que todos padecemos. En una existencia de amor, humilde y reconciliada que le lleva liberarse de este peso de lo negativo, en la esperanza y paz de Dios. Como aparece en otros pasajes franciscanos, el del lobo de Gubbio, el del obispo y el podestà de Asís o ante el sultán Malik al-Kamil, Francisco efectuó toda esta constitutiva dimensión social y pública de la fe. Es lo que los Papas denominan “la caridad política”. En palabras del Papa Francisco (LS 228), este “amor cívico y político” que busca el bien común, la civilización del amor, la justicia, reconciliación y paz. Una macro-caridad, más extensa y universal, que va a erradicar las raíces y causas del mal e injusticia.

Y esta inteligencia del amor, se une a la ecología social. El escuchar la voz de los sin voz, los gritos de los pobres y crucificados de la tierra por el mal e injusticia, con la promoción de la justicia social y global. Francisco considera al pobre en toda su dignidad, como hijo de Dios y hermano nuestro que le hace, más que objeto de ayuda, sujeto de su vida, protagonista de su promoción y liberación integral. Él vivió enamorado de su “dama pobreza” en comunión solidaria de vida, bienes y compromiso por la justicia con los pobres. Lo que nos va liberando del egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico, poder y violencia.

Tal como lo simboliza Francisco en esa acción ante su padre, Pedro Bernardone, prototipo de las semillas del naciente capitalismo comercial. Francisco, por repartir los bienes de su padre a los pobres, es llevado por este ante los tribunales y, entonces, se despoja de todo ante él. Renunciado a su estirpe paterna burguesa, Francisco toma a Dios como auténtico Padre, que le lleva a este amor fraterno, paz y justicia con sus hermanos los pobres. Como afirma el significativo historiador Arnold Toynbee, “Francisco, el mayor de los hombres que han vivido en Occidente, debe ser imitado por todos nosotros. Pues su actitud es la única que puede salvar la Tierra y no la de su padre, el mercader Bernardone”.

Después de este gesto, totalmente despojado y sin nada en la vida, cuando cualquiera caería en la más absoluta desesperación, Francisco empieza su nueva vida con alegría cantando por el bosque. Es la vida alegre en la esperanza y comunión más plena con Dios. Lo que le traslada a la ecología ambiental, al cuidado y fraternidad con la hermana tierra, esa casa común que cobija a la familia humana. No es por casualidad que San Francisco de Asís sea el patrono de la ecología. Su célebre “Cántico de las criaturas, al hermano sol, a la hermana luna…”, excelsa obra poética y mística, expresa toda esta ecología ambiental e integral. En una fraternidad ecoteológica y cósmica con Dios, con toda la creación y sus seres que incluye a “la hermana muerte”. Integrando así lo negativo de la vida en el amor y esperanza, que libera del caos y sin sentido. Como cuando fraterniza con el fuego que estaba destinado a cauterizar sus ojos, a causa de su ceguera, ya al borde de su muerte.

Tal como nos enseña en nuestra época la filosofía y las diversas ciencias, Francisco hace la experiencia de religación de todas las cosas y dimensiones de la realidad. En una inter-relación y comunión solidaria de todo con todo, con sus dinamismos de apertura, trascendencia y liberación integral de toda la realidad y del cosmos. Y es que como afirmó ese escritor tan genial que es Chesterton, en su maravillosa obra sobre el santo, Francisco hizo de la vida una obra de arte. El auténtico arte de la vida, como nos manifiestan esos genios espirituales y éticos que son los santos. Ellos nos transmiten toda una estética liberadora en la búsqueda de la belleza, el bien y la verdad que se testimonia en el amor fraterno, paz, justicia y vida plena-eterna. Como Francisco de Asís, nos enseñan una auténtica inteligencia espiritual de la santidad que, con su amor y pobreza liberadora de los ídolos de la riqueza-ser rico o del poder, posibilitan la paz.

La codicia, ambición y el tener con la idolatría del dinero: son siempre los obstáculos para la paz; y bien lo entendió Francisco con su vida de pobreza fraterna, solidaria y liberadora con los pobres y con la creación. Francisco llevó una vida de auténtica pasión, enamorado de ese Dios que se encarna en el Niño Jesús, nacido en el seno de una familia empobrecida y obrera, en la pobreza fraterna y solidaria con los pobres. El Dios encarnado en la humanidad pobre y fraterna de Jesús, que tanto amó Francisco. Al igual que manifestara C. de Foucauld, Francisco afirmaría que "no sé si habrá alguien que pueda contemplarte en el pesebre y seguir siendo rico: yo no puedo”. Y esta experiencia con su espiritualidad de encarnación en la conversión y amor a Cristo, a la iglesia, a la comunidad franciscana que él suscitó y a los pobres: le encamina al Dios Crucificado.

Dicha espiritualidad de encarnación, de contemplación y lucha por la paz justa en Cristo Pobre-Crucificado, le lleva a ser el creador del Belén y del Viacrucis. En donde contempla y experiencia a ese Dios, que nos trae la salvación liberadora del egoísmo y dichos ídolos, por el camino que lleva de Belén al Calvario. Tal como vive Francisco en la experiencia del Monte Alverna. Es el culmen de esa espiritualidad de encarnación en la comunión con Cristo Pobre-Crucificado, en la pasión solidaria del Dios Crucificado y de los pueblos crucificados por el mal e injusticia. Terminamos, como no podía ser de otra forma, con todo un legado para la paz justa como nos trae el Niño Dios en Navidad, con la oración de Francisco.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.


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