Acción-formación social y ética

El Espíritu de vida, los laicos y la familia

19.05.18 | 06:25. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Este domingo 20 de mayo conmemoramos Pentecostés, la fiesta del Espíritu que, con la venida de Jesús y su proyecto de Reino de Dios, sigue fundado la iglesia para la misión evangelizadora. Y justo ese mismo día, se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”. La Comisión Episcopal de Apostolado Seglar en España ha elaborado los materiales para esta jornada, en donde se nos transmite que “el laicado juega un papel fundamental para esta nueva etapa de la evangelización”. Los Obispos muestran que “ser discípulos misioneros de Cristo consiste en estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los pobres y los excluidos y convertirnos para ellos en oasis de misericordia, luchando por un mundo más justo y solidario”. También significa, continúan, “encarnar la vocación al Amor a la que estamos llamados, especialmente en lo cotidiano (familia, trabajo, ocio, etc.), sabiendo acoger y aprender de todos”.

En este sentido, La iglesia acaba de dar a conocer los Estatutos del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, impulsado por el Papa Francisco. Su misión radica "en aquellas materias que pertenecen a la Sede Apostólica para la promoción de la vida y del apostolado de los fieles laicos, para el cuidado pastoral de los jóvenes, de la familia y de su misión, de acuerdo con el plan de Dios, y para la protección y el apoyo de la vida humana" (Art. 1). El Dicasterio se ocupa de la Promoción de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo. Animando y fomentando “la promoción de la vocación y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, como individuos, casados o no, y también como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos y comunidades" (Art. 5).

Quiere "favorecer en los fieles laicos la conciencia de la corresponsabilidad, en virtud del bautismo, para la vida y la misión de la Iglesia, de acuerdo con los diferentes carismas recibidos para la edificación común. Con una atención particular a la misión peculiar de los fieles laicos de animar y perfeccionar el orden de las realidades del mundo (cf. LG 31)” (Art. 6, 1). En el espíritu de la Constitución pastoral Gaudium et Spes (GS, Concilio Vaticano II), que invita a hacer propias "las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de los que sufren" (GS 1). De esta forma, los laicos desarrollan la acción evangelizadora y misionera que, en el en amor fraterno, efectúa la promoción humana y social integral (Art. 6, 2). Este Dicasterio quiere promover iniciativas para los jóvenes con su protagonismo de "en medio de los desafíos del mundo actual". Es por ello, que apoya "todas las iniciativas del Papa en el ámbito de la pastoral juvenil". Y se encuentra al servicio de las Conferencias episcopales, de los movimientos y asociaciones juveniles internacionales, "para promover y organizar encuentros a nivel internacional", siendo una tarea clave "la preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud" (Art. 8).

El Dicasterio trabaja para profundizar la reflexión sobre la relación entre el hombre y la mujer en su respectiva especificidad, reciprocidad, complementariedad e igual dignidad. Valorizando el "genio" femenino, contribuye a la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, promoviendo su participación. A la luz del magisterio papal, promueve la atención pastoral de las familias, protege su dignidad y su bien basados en el sacramento del matrimonio, favorece sus derechos y responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad civil, para que la institución familiar pueda cumplir cada vez mejor sus funciones tanto en el ámbito eclesial como social. Discierne los signos de los tiempos para valorar las oportunidades a favor de la familia, para hacer frente con la confianza y la sabiduría del Evangelio a los desafíos que la atañen y aplicar en el hoy de la sociedad y de la historia el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia (Art. 10, 1-2).

Sostiene y coordina iniciativas a favor de la procreación responsable, así como para la protección de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, teniendo en cuenta las necesidades de la persona en las diversas fases evolutivas. Promueve y alienta a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a recibir y apreciar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el aborto. También apoya programas e iniciativas destinados a ayudar a las mujeres que hubieran abortado. Sobre la base de la doctrina moral católica y del Magisterio de la Iglesia estudia y promueve la formación sobre los principales problemas de la biomedicina y del derecho relativos a la vida y sobre las ideologías en fase de desarrollo que atañen a la vida humana inherente y a la realidad del género humana (Art. 13).

Tal como se observa, suscitado por el Espíritu de Vida en el ministerio del Papa Francisco, este Dicasterio supone un renovado vigor en la misión de la iglesia con realidades eclesiales claves como son el laicado, los jóvenes, las mujeres y la familia. Ya los Obispos españoles afirmaron hace mucho tiempo que "la nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos, o no se hará" (CLIM 148). La misión específica del laicado con los jóvenes, las mujeres y las familias es, ejerciendo la constitutiva caridad política, gestionar y transformar el mundo para que se vaya ajustando al Reino de Dios. Tal como enseña San Juan Pablo II y nos transmite Benedicto XVI, “el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ». La misión de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad” (DCE 22; CL 42).

Como afirma programáticamente Francisco, en relación a los desafíos eclesiales, “los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones. Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante” (EG 102).

Por tanto, debemos acoger toda esta renovación de la iglesia que, en el camino del Vaticano II, Francisco está llevando a cabo promoviendo la co-responsabilidad eclesial de los laicos, las mujeres, los jóvenes y la familia al servicio de la misión. Una iglesia en conversión misionera y pastoral, en salida hacia las periferias para llevar el Evangelio de la alegría, la misericordia, la paz, la solidaridad y la justicia; frente a la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte. Una iglesia pobre con los pobres como sujetos de su promoción, desarrollo y liberación global en el cuidado de la vida en todas formas, dimensiones y aspectos con una ecología integral. En oposición al pecado del egoísmo e ídolos de la riqueza-ser rico y del capital, del poder y de los privilegios elitistas.

Una iglesia y misión con rostro femenino, en el protagonismo y dignidad de la mujer en la vida de la iglesia y del mundo. Con el diálogo y encuentro intercultural e inter-religioso que acoge y valora todo los bueno, bello y verdadero de los otros, de las diversas culturas y religiones. En el ecumenismo con las otras iglesias, con los pueblos y sus distintas espiritualidades religiosas para que se promueva la vida y dignidad del ser humano, la justicia social con los pobres y ecológica con el planeta, la convivencia pacífica y fraterna. En contra de todo mal, desigualdad e injusticia, de las lacras de la destrucción ambiental, de la cultura de muerte y de las guerras. Rechazando toda violencia, fundamentalismo e integrismo. Una misión e iglesia que camina en la historia de la salvación hacia la vida plena y eterna, hacia la tierra nueva y los cielos nuevos donde Dios será todo en todos.


Santidad, mística y sabiduría profética desde Mons. Romero con los mártires

06.05.18 | 06:58. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Se ha anunciado que próximamente se conocerá el lugar y la fecha de la canonización del beato Romero, a la vez que se está tratando de impulsar el reconocimiento del Arzobispo mártir salvadoreño como Doctor de la iglesia. Todavía reciente mi estancia memorable e inolvidable en la tan amada iglesia salvadoreña. Donde estuve realizando una serie de conferencias en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), queremos seguir transmitiendo toda esta experiencia del Salvador. Con nuestros amados mártires como Mons. Romero, R. Grande, I. Ellacuría y sus compañeros jesuitas de la UCA. Tal como asimismo, por ejemplo, nos muestra Mons. José Luis Escobar Alas, Arzobispo de San Salvador y digno sucesor de Mons. Romero, en su maravillosa e imprescindible segunda Carta Pastoral "Ustedes darán también testimonio, porque han estado conmigo desde el principio"; con el que tuve el regalo y la alegría de estar en dicha visita.

En el seguimiento de Jesús, Mons. Romero con esta iglesia martirial salvadoreña nos transmite una auténtica santidad y mística que, como nos enseña la fe e iglesia con los Papas como Francisco, es inseparable de la profecía con su sabiduría, en la esperanza del Reino de Dios. La experiencia de fe en el encuentro y comunión con Dios está unida indisolublemente al amor al prójimo, a todo ser humano- hermano nuestro-, que constitutivamente se realiza en la promoción de la justicia y de la liberación integral con los pobres en la realidad. La santidad y mística en Cristo es la de los ojos abiertos que es honrada con lo real, que se encarna religándose a la realidad. Y la del principio-misericordia que lleva al corazón la miseria, sufrimiento e injusticia que padecen los otros, los pobres y los pueblos crucificados.

Por tanto, la santidad y mística se asocia íntimamente con la política. Esa virtud ética, social y teologal en la Gracia de Dios como es la caridad política, que promueve el bien común más universal, la justicia social-global y la civilización del amor. La santidad y mística profética se efectúa pues en esta vida honrada, moral y de la santidad política. Y que con ese amor civil y caridad pública e institucional, de forma inteligente, discierne las raíces y causas del mal, injusticia y pecado. El pecado personal del egoísmo que rechaza el amor a Dios y al otro, al pobre, con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia que cristalizan e inter-accionan en el pecado estructural. Esas estructuras sociales e históricas de pecado. Mons. Romero con nuestros mártires de la iglesia salvadoreña, como auténticos místicos y profetas, denunciaron todas estas idolatrías y mecanismos perversos del tener, poseer y del capital que sacrifican la vida y dignidad de los seres humanos, de los pueblos y de los pobres en el altar de la codicia y del beneficio.

“Hermanos son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!” (Mons. Romero en su última homilía, 23 de marzo de 1980, antes de ser asesinado).

Mons. Romero con la iglesia profética y martirial salvadoreña disciernen los signos permanentes de los tiempos que, en la mirada cristológica e histórica, son los pueblos crucificados por todos estos falsos dioses del lucro, de la ganancia y poder que causan muerte e injusticia a los pobres. Esos pueblos crucificados que en la fe remiten “al Divino Traspasado” (Mons. Romero), al Dios Crucificado en Jesucristo por el Reino con su justicia. Y que desde la Gracia (Amor) de Dios nos traen luz, verdad, salvación y liberación integral como el Siervo de Yahvé (Is 42, 1-4; 49, 1-6; 50, 4-9; 52, 13-15; 53,12).

Nuestros místicos y proféticos mártires con Mons. Romero han discernido evangélicamente como el pueblo crucificado y el pobre, sacramento (presencia) real de Cristo Pobre y Crucificado (Mt 25, 31-46), son lugar (realidad) social y teologal. Allí donde se hace presente, con más verdad e intensidad, la Gracia liberadora del Dios de la vida. “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. (Mons. Romero, Hom. del 18 de noviembre de 1979). Los pobres con espíritu (Mt 5,3) son los sujetos primeros del Reino de Dios que nos traen verdad, santidad y salvación en su vida de pobreza material, social y espiritual. Con la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia liberadora desde la Gracia y esperanza en el Dios vivo de la redención.

Mons. Romero con los mártires como I. Ellacuría (cf. “Utopía y profetismo…”), como nos enseña hoy el Papa Francisco, nos comunican una bioética global y ecología integral en la promoción de la vida en todas sus fases, formas y dimensiones. La defensa de la vida al inicio con el niño por nacer (Mons. Romero, Hom. 18-03-1979), de las víctimas y de los pobres, promoviendo la ética del cuidado, de la justicia social, intercultural, global y ecológica. En la comunión de amor con Dios, con los otros y con la naturaleza.

“Ustedes saben que está contaminado el aire, las aguas; todo cuanto tocamos y vivimos; y a pesar de esa naturaleza que la vamos corrompiendo cada vez más, y la necesitamos, no nos damos cuenta que hay un compromiso con Dios: de que esa naturaleza sea cuidada por el hombre. Talar un árbol, botar el agua cuando hay tanta escasez de agua; no tener cuidado con las chimeneas de los buses, envenenando nuestro ambiente con esos humos mefíticos; no tener cuidado dónde se queman las basuras; todo eso es parte del gran problema ecológico… Cuidemos, queridos hermanos salvadoreños, por un sentido de religiosidad, que no se siga empobreciendo y muriendo nuestra naturaleza. Es compromiso de Dios que pide al hombre la colaboración” (Mons. Romero, Hom. 11 de marzo de 1979).

Mons. Romero con su sabiduría profética y testimonio mostró el Don de la Gracia que nos trae la salvación y liberación integral de la humanidad, de la historia y de todo el cosmos. Por la que el mal, la muerte, el pecado y toda injusticia serán vencidas definitivamente por el Dios Redentor. “La liberación que la Iglesia espera es una liberación cósmica. La Iglesia siente que es toda la naturaleza la que está gimiendo bajo el peso del pecado. ¡Qué hermosos cafetales, qué bellos cañales, qué lindas algodoneras, qué fincas, qué tierras las que Dios nos ha dado! ¡Qué naturaleza más bella! Pero cuando la vemos gemir bajo la opresión, bajo la iniquidad, bajo la injusticia, bajo el atropello, entonces duele a la Iglesia y espera una liberación que no sea sólo el bienestar material. Sino que el poder de un Dios que liberará de las manos pecadoras de los hombres una naturaleza que, junto con los hombres redimidos, va a cantar la felicidad en el Dios liberador” (Mons. Romero, Hom. 11 de diciembre de 1977).


Violencia, mártires y santidad en El Salvador, luz para el mundo

29.04.18 | 08:50. Archivado en Iglesia, Ética

Acabo de pasar unos días memorables e inolvidables en El Salvador, un pueblo tan querido. Con motivo de una serie de conferencias que realicé en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría-Departamento de Filosofía. En donde expuse el pensamiento social, ético y educativo latinoamericano con la aportación de los jesuitas mártires de la UCA I. Ellacuría, I. Martín-Baró u otros mártires y testimonios como Mons. Romero o L. Proaño. En esta estancia en el querido pueblo salvadoreño, pude visitar los lugares donde vivieron, fueron asesinados y reposan estos amados mártires como Mons. Romero, Ellacu, Nacho y sus compañeros jesuitas.

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Eco-teología y economía frente al capital extractivista

22.04.18 | 07:42. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Este 22 de abril celebramos el día de la tierra. La fe e iglesia con su enseñanza moral y doctrina social (DSI) lleva tratando, hace ya mucho tiempo, de promover otro tipo de desarrollo en el mundo, más humano, solidario e integral. Tal como nos muestran los Papas como Juan XXIII y Pablo VI con el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco con su magisterio y encíclicas sociales. Por ejemplo, “Laudato si” (LS) de este último Papa, dedicada íntegramente a una ecología integral. Y la significativa carta pastoral “Discípulos misioneros custodios de la casa común, Discernimiento a la luz de la Laudato si”, de los Obispos latinoamericanos (CELAM) que recomendamos vivamente leer.

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Iqbal Masih, el niño que nos enseñó a ser persona y la fe

16.04.18 | 07:07. Archivado en Religiones, Ética

Este 16 de abril es el día internacional contra la esclavitud infantil. Día en el que hacemos memoria de Iqbal Masih. Un niño pakistaní y mártir católico que, con su fe en el amor, entregó la vida solidariamente, siendo asesinado por su compromiso por la justicia con los niños esclavos y pobres de la tierra. Tenía cuatro años cuando su padre le vendió a una fábrica de alfombras de Punjab, porque necesitaba un préstamo para pagar la boda del hijo mayor. Para saldar la deuda, Iqbal trabajaba de 12 a 14 horas todos los días, haciendo alfombras por un salario de miseria, menos de un dólar. Sin embargo, con los intereses desorbitados, la deuda no para de crecer. A los 10 años, Iqbal asistió a un acto sobre derechos humanos y su vida cambió radicalmente. Consiguió la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado, fundado por Ehsan Ullah Khan.

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Santidad y justicia en la alegría de la fe con Francisco

10.04.18 | 06:00. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Se ha publicado la nueva, bella e imprescindible Exhortación Apostólica del Papa Francisco, "Gaudete et exsultate (GE)”, sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo. En este significativo documento, actualizando toda la teología y enseñanza conciliar en el horizonte del Vaticano II, Francisco nos muestra las claves que orientan la fe y espiritualidad para la vida de santidad. Frente a todo elitismo y pastoral de selectos, en el camino de la fe con los movimientos apostólicos obreros como la JOC o la HOAC (con E. Merino, G. Rovirosa…) y el Concilio, el Papa nos llama a todos para vivir esta vocación universal de la santidad. Una santidad que se realiza en la vida cotidiana, con una espiritualidad y mística que se encarna en la realidad, en el mundo y en la historia de los pueblos con sus relaciones humanas, comunitarias y sociales (GE 6-18).

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El camino de la fe e iglesia en la memoria de Medellín

05.04.18 | 05:47. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Ya se está conmemorando el 50 aniversario de la celebración de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, que tuvo lugar en Medellín (1968). El episcopado latinoamericano en Medellín quiso realizar la actualización y profundización de la fe, de la misión e identidad de la iglesia en América Latina a la luz del Concilio Vaticano II. Y para comprender esta encarnación y hondura del Vaticano II en Medellín, hay que situarse en el contexto de la realidad social e histórica latinoamericana. Una realidad que, como nos muestra Medellín, es dominada por la "miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria (que) como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo…El subdesarrollo latinoamericano es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz" (n. 1). Es la "situación de injusticia", "situación de pecado", "violencia institucionalizada" (n. 16). Y "donde existen injustas desigualdades… se atenta contra la paz" (n. 14). Estas "desigualdades" internas y otras formas de "opresión" son "colonialismo interno" (nn. 2-7) y la "dependencia" económica y política de fuera es "neocolonialismo externo" (nn. 8-10).

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Pensamiento y Vida desde El Salvador-Crucificado

24.03.18 | 06:30. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

En este tiempo ya de Semana Santa por el que nos adentramos en la Pasión y Pascua de Jesús Crucificado-Resucitado, donde celebramos asimismo el aniversario del martirio de Mons. Romero este día 24, Dios me ha concedido cumplir un sueño. El 23 de Abril tendré el regalo y la alegría de estar en el querido El Salvador. En donde realizaré un programa de conferencias en la Universidad Jesuita Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), Departamento De Filosofía, enmarcadas dentro de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría. Serán 3 días intensos de ponencias sobre la filosofía y las ciencias sociales que, en el horizonte teológico de la fe, nos legaron los queridos jesuitas mártires de la UCA I. Ellacuría, I. Martín-Baró y sus compañeros.

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Memoria del Papa Francisco y mi experiencia en América Latina

14.03.18 | 03:55. Archivado en Acerca del autor, Iglesia

Estamos celebrando el quinto aniversario de la llegada de Francisco al ministerio petrino y, justo en estas fechas, se cumplen 3 años de mi llegada a la querida Latinoamérica. Mi experiencia en estas tierras está marcada por mi fe, que me ha llevado a la misión y servicio que trato de desempeñar aquí, en Ecuador donde más resido; o en otros lugares en lo que he estado como Perú, al que suelo viajar con regularidad. Esta fe y misión que, como católico, está orientada por el Evangelio de Jesús vivido en la iglesia tal como, actualmente, nos transmite y testimonia el Papa Francisco.

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La fe militante desde la memoria y legado de Don Elías Yanes

11.03.18 | 06:23. Archivado en Iglesia

Ha muerto nuestro paisano canario Don Elías Yanes, doctor y profesor de teología, Arzobispo emérito de Zaragoza y presidente de la Conferencia Episcopal Española (1993-1999). Don Elías fue un promotor de espiritualidad, de formación y de militancia, por ejemplo del laicado con todo su trabajo en la acción católica y la pastoral obrera, con la JOC o HOAC. Fue amigo de otros testimonios de la fe y cultura militante como Don Tomás Malagón, cura consiliario de la HOAC de G. Rovirosa con el que formó un histórico tándem apostólico, de J. Gómez del Castillo o del también canario Camilo Sánchez. Como reconocía Don Elías, Malagón con todo este apostolado, en la promoción de una formación y militancia cristiana, marcó mucho al Arzobispo canario ahora fallecido.

Todo ello caracterizó el ministerio y misión de Don Elías, con su trabajo en la iglesia española a la que aportó tanto. Junto a otros Obispos tan significativos como, por ejemplo, Don Ramón Echarren también ya fallecido, que fuera Obispo de Canarias. Durante esta época, la iglesia española promovió toda esta fe y pastoral militante. Con documentos tan significativos como “Los católicos en la vida pública”, “Los cristianos laicos, iglesia en el mundo”, “La pastoral obrera de toda la iglesia” o “La iglesia y los pobres”. Como se nos muestra en dicha enseñanza de la iglesia española, junto al legado de estos Obispos tan relevantes como D. Elías y D. Ramón, en la línea de dichos testigos de la militancia como Malagón o Rovirosa, vamos a presentar claves y aspectos esenciales para una fe militante. Siguiendo las diversas obras y publicaciones de Don Elías, cuyos títulos pondremos entre comillas.

Lo primero es cultivar la experiencia de fe “en el Espíritu y la verdad. Espiritualidad trinitaria”. La Santísima Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Sin embargo, muchos cristianos, incluso fervorosos, aunque hacen sincera profesión de fe en la Trinidad, viven su cristianismo al margen de este misterio. Es el estilo de vida cristiana, orientada hacia la comunión de fe y de amor con la Santísima Trinidad, para avanzar hacia lo esencial. Lo más importante es sentirnos amados por Dios Padre, que nos da a su Hijo y nos comunica el Espíritu Santo: amor del Padre y del Hijo. La comunión de la Trinidad es fuente y modelo de la comunión de la Iglesia. Esta Iglesia de la Trinidad es comunión misionera. Por lo que la vida de fe es “ofrenda. Ofrecimiento y acción de gracias a la Santísima Trinidad”.

Esta espiritualidad nos lleva a ser “hombres y mujeres de oración”. El mundo necesita a estos hombres y mujeres de oración. Sin vida de oración no hay evangelización ni catequesis, no se realiza la acción pastoral ni la militancia cristiana. Sin vida de oración no hay fe. La vida de oración no es una especie de entretenimiento más o menos grato, reservado a quienes disponen de mucho tiempo libre. Para las personas de fe, la oración es como el oxígeno sin el cual no se puede vivir. Forma parte de los aspectos más esenciales de nuestra condición de discípulos de Jesús. La fe nos invita a la oración, situándola siempre dentro de esa llamada que Dios mismo nos hace al amor. En este sentido, es una espiritualidad mariana, con “María de Nazaret, Virgen y Madre”. Y es que “María es nuestra Madre”.

La vida de fe y la espiritualidad requiere la “educación cristiana, don de Dios a su iglesia”. Bajo la guía de Don Elías Yanes, se confeccionó y publicó un nuevo “Itinerario de formación cristiana para adultos. Ser cristianos en el corazón del mundo”, editado por la Conferencia Episcopal Española, a través de su Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Don Elías fue el director y coordinador de la elaboración de estos materiales, para cuya confección se contó con la colaboración de obispos, biblistas, teólogos, catequetas, pastoralistas. Así como de consiliarios y militantes de la acción católica. Entre todos elaboraron un material de contenido fecundo y complementario, desde las distintas perspectivas. Es concebido como una respuesta a la prioridad de la formación de los laicos, una prioridad de máxima urgencia para toda la iglesia. Se destaca así la urgencia y prioridad de la formación de los laicos, en el marco de la iglesia misterio-comunión-misión.

Hay que desarrollar “el discernimiento pastoral", “la fe y acción militante” en la promoción de la vida católica adulta y madura. Una espiritualidad seria y profunda, la formación sólida y permanente para la misión de la iglesia y el laicado en una militancia coherente, creíble y testimonial. Promoviendo la “caridad en la vida de la iglesia. La iglesia y los pobres” en cuyo documento ya citado, en su presentación, Don Elías expone una serie de orientaciones para esta acción de la caridad. Tal como nos muestra el Vaticano II (LG 8, AA 8), referencia clave para Don Elías, la iglesia está llamada al testimonio del amor y servicio a los pobres, que son sacramento de Cristo Pobre y Crucificado. En la solidaridad y promoción liberadora de los pobres, la iglesia sirve al mismo Cristo Pobre que, en su encarnación solidaria, está unido a sus sufrimientos y necesidades. Esta caridad debe promover la justicia con los pobres, transformando las causas de la pobreza, de tal forma que los pobres no sigan dependiendo de una caridad deformada, meramente asistencialista y paternalista.

Esta vida de fe, en el amor y justicia con los pobres, se expresa en la pastoral obrera de toda la iglesia, documento asimismo ya mencionado. En cuya presentación, Don Elías afirma que es una realidad “histórica, llena de esperanza en la evangelización del mundo obrero. En donde se recoge las experiencias de los militantes obreros cristianos, en los movimientos especializados de acción católica. La experiencia de tantos otros militantes que, orientados e impulsados por la Doctrina Social de lglesia (DSI), entregaron su vida para anunciar a Jesucristo y su mensaje al mundo obrero, en momentos muy difíciles. Y, en muchas ocasiones, con recelos e incomprensiones. Miramos a la pastoral obrera con esperanza e ilusión. Estamos convencidos de que Jesucristo es la respuesta a los problemas del mundo obrero y, a pesar de las difíciles situaciones por las que actualmente pasa, hay muchos signos positivos: los diálogos iglesia-organizaciones obreras; la potenciación de la acción católica y de los movimientos especializados…”

Por tanto, esta entraña de la fe e iglesia, que es Dios en el Don (Gracia) de su amor y justicia con los pobres, lleva a la vida de la caridad orientada por la DSI. Y encarnada en la realidad, de forma más directa e inmediata, por los laicos para la transformación del mundo. El laicado y la acción católica, como es la pastoral obrera con sus movimientos especializados, tienen como vocación específica la praxis de la caridad política. Por la que se busca el bien común, la justicia con los pobres y la civilización del amor en el mundo del trabajo, de la economía, de la política o de la cultura. En el diálogo de la fe con la razón, con las culturas y la ciencia, con los movimientos sociales e históricos que luchan por un mundo más justo, humano y fraterno. Como se observa, todo lo anterior es el legado que nos transmite Don Elías con su humanismo ético y espiritual, con su amor a Cristo, a la iglesia y a la humanidad en el diálogo y solidaridad liberadora con los pobres. Le damos gracias a Dios y a Don Elías por su vida, misión y ministerio tan fecundo que ahora culmina con la fe, esperanza y caridad en la vida de paz, plena y eterna.


La santidad de Mons. Romero, caridad política y justicia con los pobres

08.03.18 | 03:31. Archivado en Iglesia, Doctrina social de la Iglesia

Nos llega una buena y bella noticia: al querido salvadoreño Monseñor Oscar A. Romero se le sigue reconociendo su santidad y será canonizado; junto a la ya anunciada de otro testimonio de la fe, al servicio del bien y de la justicia con los pobres de la tierra, como es Pablo VI al que tanto admiraba Mons. Romero. Dos santos y testigos que tanto aportaron a la espiritualidad, a la solidaridad y a un desarrollo humano, liberador e integral en la equidad con los pobres. Siguiendo una de las últimas intervenciones de Mons. Romero, “La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres", que está considerada como uno sus legados espirituales-teológicos y éticos, vamos a presentar diversas claves o realidades que nos muestra la vida y santidad de este ya santo del Salvador. Y qué, cómo vamos a ver, actualiza y profundiza el espíritu y enseñanza del Concilio Vaticano II.

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Antropología y ética en la salvación integral desde “Placuit Deo”

03.03.18 | 05:47. Archivado en Iglesia, Ética

Se acaba de publicar la Carta “Placuit Deo” (PD), sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, realizada por la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF) y aprobaba por el Papa Francisco. Un documento muy significativo e importante, que recoge la entraña de la fe con su salvación liberadora según la Palabra de Dios, la tradición y enseñanza de la iglesia con los Papas como el querido Francisco (PD 1). En la que se nota mucho la mano de la teología del jesuita L. Ladaria, prefecto de la CDF, por ejemplo sus estudios patrísticos. Y que va en la línea de lo más valioso de la antropología teológica, con autores tan relevantes como el querido y ya fallecido J. L. Ruiz de La Peña o el dominico Martín Gelabert , colega de Religión Digital. La carta actualiza toda la teología y el mensaje sobre la salvación, que nos trae la fe católica, en el mundo actual. Un mundo en el que se dan tendencias que desvirtúan esta salvación (PD 2-7) y que, de alguna forma, actualizan antiguos errores sobre la fe: el pelagianismo y el gnosticismo, en los que el Papa Francisco ha insistido (PD 3).

El pelagianismo, como el actual, hace referencia a un individualismo auto-egócentrico, típico del neoliberalismo capitalista. Es una antropología individualista y posesiva que, a la búsqueda de su interés individual, rompe la relación con los otros, con la comunidad e historia y con Dios. Cree que la salvación viene de sus propias fuerzas, poder e intereses sin contemplar los lazos fraternos y solidarios que nos unen en las relaciones personales, comunitarias y espirituales con el Dios Comunión y Solidaridad. El gnosticismo, propio también de esta mentalidad burguesa e individualista, nos impone una espiritualidad y antropología negativa, desencarnada y espiritualista. En la que, en este individualismo no encarnado e insolidario, niega la bondad y dignidad de lo personal, del mundo material, de la naturaleza y la creación de Dios (PD 4).

La salvación, por tanto, no está en este individualismo desencarnado e insolidario del poder, tener y poseer, de la conquista y dominación. Como nos enseña la filosofía personalista, “soy amado luego existo”. La salvación viene por este Don (Gracia) del Amor fraterno y solidario de Dios que, en la historia y mundo, nos libera integralmente. “Frente a estas tendencias, la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres. Y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29)” (PD 4). La salvación desde la fe tiene su entraña en Jesús, el Dios Encarnado, Salvador y Liberador que ha asumido solidariamente a toda la persona y a toda humanidad, a toda la realidad e historia para salvarla y liberarla integralmente en todos sus aspectos.

Como nos enseña Francisco, “confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano. Su redención tiene un sentido social porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»” (EG 178). Con su anuncio y realización del Reino de Dios en la historia, como nos muestra el Evangelio, Jesús curaba y sanaba de todo sufrimiento, mal e injusticia. Las curaciones que nos trae Jesús con su salvación, signos y clamores del Reino, significan la liberación integral en cuerpo y alma, de la persona y sus relaciones sociales e históricas (PD 8). Hay que cuidar y respetar la sagrada e inviolable vida y dignidad de las personas con sus cuerpos, con sus condiciones materiales, humanas y sociales que hacen posible el desarrollo integral.

“En consecuencia, la salvación que la fe nos anuncia no concierne solo a nuestra interioridad, sino a nuestro ser integral. Es la persona completa, de hecho, en cuerpo y alma, que ha sido creada por el amor de Dios a su imagen y semejanza, y está llamada a vivir en comunión con Él” (PD 7). En la Encarnación del Dios Solidario en Cristo, la salvación ha incorporado a todo y a todos los seres humanos, al mundo-universo y a toda la realidad histórica. Y de esta forma, desde la Gracia de su Amor, nos regala la salvación liberadora en la filiación divina, la liberación integral de los hijos de Dios que, como hermanos, promueve en unas relaciones de fraternidad, de comunión solidaria y justicia. El corazón de la fe, como nos muestra PD y el Papa Francisco, es toda esta Gramática de la Encarnación, por la que Dios en Cristo asume solidariamente toda nuestra naturaleza y condición personal, corporal, social e histórica. Dios encarna, pues, la Gracia del amor y su justicia liberadora en la humanidad con su corporalidad, mundo e historia para llevarla a su realización y plenitud trascendente, junto a todo el cosmos, en la caridad fraterna.

“Está claro que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne (cf. Jn 1, 14). Es precisamente asumiendo la carne (cf. Rm 8, 3; Hb 2, 14: 1 Jn 4, 2), naciendo de una mujer (cf. Ga 4, 4), que «se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre» y nuestro hermano (cf. Hb 2, 14). Así, en la medida en que Él ha entrado a formar pare de la familia humana, «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» y ha establecido un nuevo orden de relaciones con Dios, su Padre, y con todos los hombres, en quienes podemos ser incorporado para participar a su propia vida. En consecuencia, la asunción de la carne, lejos de limitar la acción salvadora de Cristo, le permite mediar concretamente la salvación de Dios para todos los hijos de Adán… Este camino no es un camino meramente interno, al margen de nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. No es una liberación meramente interior, es necesario recordar la forma en que Jesús es Salvador…Cristo, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino….Cristo es Salvador porque ha asumido nuestra humanidad integral y vivió una vida humana plena, en comunión con el Padre y con los hermanos” (PD 10-11).

De ahí que esa Encarnación e in-corporación de Cristo en la humanidad e historia, para traernos el Reino de Dios y su justicia liberadora que nos salva, se hace cuerpo por la comunidad e iglesia. Frente a todo este individualismo desencarnado, no hay Reino de Dios ni Encarnación de Cristo sin un pueblo y cuerpo que, desde la Gracia, siga haciendo presente e incorporando a Cristo y su Reino, con su salvación liberadora, en la historia. La iglesia es sacramento de salvación liberadora e integral, histórica y trascendente. Por tanto, es iglesia pobre con los pobres que son carne y cuerpo (sacramento) histórico del Cristo Encarnado, Pobre y Crucificado. Desde la entraña y modelo del Dios Trinitario, Dios Comunión y Solidaridad, la iglesia es la comunidad trinitaria, sacramento de comunión con Dios y de la unidad fraterna de toda la humanidad (PD 12). Tal como, asimismo, nos enseña todo ello el Concilio Vaticano II.

Esta salvación de Cristo, encarnada en el pueblo de Dios y su cuerpo sacramental-comunitario como es la iglesia, se manifiesta de forma especial en la economía salvífica y liberadora de los sacramentos. Los sacramentos celebrados en la iglesia, como cuerpo y sacramento de Dios en Cristo, son los símbolos reales del Reino y Pascua de Jesús. Por los sacramentos se hace presente, visibiliza e historiza la Gracia de Dios con su salvación liberadora del mal, pecado e injusticia (PD 13). Como símbolos reales de esta salvación de Cristo con su Reino y Pascua, los sacramentos y su celebración significan efectiva y transformadoramente la liberación integral de Dios.

Esta economía sacramental donde se asume la materialidad y bondad de la creación, por ejemplo el pan y vino con el que se celebra la Eucaristía, “se opone a las tendencias que proponen una salvación meramente interior….En cuanto somos salvados, en cambio, «por la oblación del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10, 10; cf. Col 1, 22), la verdadera salvación, lejos de ser liberación del cuerpo, también incluye su santificación (cf. Ro 12, 1). El cuerpo humano ha sido modelado por Dios, quien ha inscrito en él un lenguaje que invita a la persona humana a reconocer los dones del Creador y a vivir en comunión con los hermanos. El Salvador ha restablecido y renovado, con su Encarnación y su misterio pascual, este lenguaje originario y nos lo ha comunicado en la economía corporal de los sacramentos. Gracias a los sacramentos, los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales” (PD 14).

Por tanto, como nos muestra de igual forma el Papa Francisco (LS 235-236), los sacramentos nos llevan a la conversión personal, social, ecológica e integral en la comunión con Dios, con la creación, con los otros y con los pobres. En la misericordia solidaria con sus sufrimientos e injusticias, con la lucha por la justicia social-global, en la comunión con la naturaleza para promover la justicia ambiental. Todo lo anterior, lleva a la iglesia a la misión en su anuncio del Cristo Salvador y Liberador con su Pascua, proclamando y realizando el Reino de Dios en la historia. Con el diálogo y encuentro fraterno con las otras culturas o religiones, para buscar juntos el bien universal, el amor, la paz y la justicia que trae Dios con su salvación liberadora universal para toda la humanidad (PD 15). Una salvación y liberación integral que se consuma en la vida realizada, plena y eterna. “La salvación integral del alma y del cuerpo es el destino final al que Dios llama a todos los hombres. Fundados en la fe, sostenidos por la esperanza, trabajando en la caridad, siguiendo el ejemplo de María, la Madre del Salvador y la primera de los salvados, estamos seguros de que «somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo” (PD 15).


Martes, 22 de mayo

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