Don Soneto y la Navidad
16.12.07 @ 07:41:49. Archivado en actualidad
La tarde traía un tono dorado y encendido que hacía pareciese haberse derramado por las calles y plazas de la ciudad. El color del asfalto era más intenso a causa de la lluvia caída durante la mañana. Se respiraba un ambiente húmedo y frío a pesar de que el Sol se aferraba a la raya oscura y recta que marcaba el horizonte, parecía querer quedarse unos instantes más, para ofrecer su suave calor de invierno. La “Plaza del Poeta” estaba más animada que nunca. Los críos no perdían de vista como unos hombres, encaramados entre troncos y ramas, colocaban las luces navideñas entre el follaje de los árboles de la plazoleta.
Desde la ventana de la buhardilla de una de las casas más antigua de la zona, salía una tenue luz. En su interior, sentado en su sillón de cuero gastado por los años, estaba Don Soneto, hombre culto y amante de la poesía. A pesar de su avanzada edad, solía bajar a la plaza a conversar con los niños del barrio. El nombre de Don Soneto se lo habían puesto entre todos ellos por su afición a escribirlos y a recitárselos a los niños, bajo las sombras de los hermosos y viejos árboles que tenía la pintoresca plaza.
Don Soneto se había dejado dormir. Las gafas se le habían deslizado hasta la punta de la nariz. El libro de turno que estaba leyendo, yacía caído sobre la alfombra. Un airecillo frío comenzó a colarse por la ventana, desordenando un poco las cuartillas desperdigadas que el viejo poeta tenía en su mesa de trabajo. El monótono tic-tac del antiguo reloj de pared, era el único sonido que rompía el silencio del cuarto. De vez en cuando, se podía oír el crujir de los papeles agitados por la brisa. Desde la plaza llegaban las voces de los niños llamando a Don Soneto, haciendo que este se despertara con tanta escandalera. Colocándose bien las gafas se levantó lentamente y se asomó a la ventana al oír tan insistentemente aquel cariñoso apodo que le habían puesto sus amigos los niños del barrio.
.__ ¿Se puede saber qué ocurre? ¿A qué viene tanto alboroto?__
Todos parecían haber ensayado lo que querían pedirle y como si de un coro callejero se tratara, comenzaron a recitarle a gritos.__
!Oiga usted, poeta!
Si usted, ese que escribe con rima
logrando siempre encontrar
esas palabras divinas
justas y bien medidas.
!Escríbanos un poema!.
con sabor a navidad
y rumor de campanillas.
Don Soneto les mandó a callar prometiéndoles que bajaría a la plaza. Salió el poeta a la calle con sus musas sobre sus espaldas y su pluma bien cargada con tintas de mil colores y purpurinas con destellos de oro y plata. Los niños al verle bajar salieron a su encuentro y rodeándolo entre todos, comenzaron a hablarle a la vez. Don Soneto de nuevo los mandó a callar y les dijo.
___!Está bien, está bien!. Tranquilícense. No os prometo nada, pero lo intentaré. Daré un paseo por la ciudad y veré ese espíritu navideño que hará que mis musas se pongan a trabajar y os pueda escribir un poema para estas fechas tan señaladas.___
La ciudad estaba totalmente iluminada. La noche comenzaba a echársele encima, como si el cielo se fuera posando en los tejados de las casas. A Don Soneto le parecía que un enorme y hermoso arco iris se había tropezado con la ciudad estallando sus colores. Fue observando las llamativas guirnaldas que lucían en las ventanas y en los escaparates. Los belenes parecían crecer en los portales y en los salones de las casas. Los árboles navideños estaban engalanados con lazos, luces intermitentes, figuras de madera, de raso y de finísimo cristal, en alguno de ellos, colgaban corazones de plástico y manzanas rojas. Por una ventana pudo ver unas ostentosas mesas repletas de exquisitos manjares: pavos trufados, caviar, ostras, turrones, etc... Los restaurantes ofrecían en sus alumbrados escaparates toda clase de especialidades extranjeras y nacionales. Las tiendas tenían preparadas grandiosas cestas navideñas repletas de caprichos para el paladar. Continuó Don Soneto paseando por la ciudad, buscando algo que le motivara escribir un poema sobre la Navidad.
Paseo por las calles principales hasta que le resultó algo incómodo, La gente iban de un lado para otro cargadas de paquetes. Pensó que más que estar en épocas de Navidad, más bien parecía que habían dado la alarma de que una guerra se acercaba, por la forma de comprar que tenía todo el mundo.
.__ ¿Les dará tiempo a ponerse y a comerse todo lo que están comprando?.___
Se dijo mientras trataba de alejarse del centro de la ciudad. Caminando y caminando, llegó hasta un histórico puente de piedra. Se paró y apoyándose en su barandilla, se dispuso a comerse unas castañas asadas que había comprado cerca del muelle. Al mirar hacia abajo, se le partió el corazón. Debajo de uno de los arcos del puente había un grupo de niños semidesnudos, se intentaban calentar con una fogata hecha en un bidón vacío. Los niños miraron hacia arriba al notar la presencia de Don Soneto. Todos ellos le clavaron sus ojos; tan grandes como su hambre. Como si hubieran visto a un “Rey Mago” extendieron sus manos pidiéndole algo, lo que fuese. Don Soneto les lanzó su bolsa de castañas asadas y metiéndose las manos en los bolsillos les lanza también el dinero que llevaba encima.
Al caer al suelo las castañas y el puñado de monedas, todos se lanzaron a recoger aquel pequeño regalo. Desde arriba parecían palomas grises hambrientas, buscando algo con que alimentarse.
Continuó el poeta su camino. La purpurina de colores, con la que había cargado su poética pluma, se estaba convirtiendo en tintas negras de dolor y protestas. Las luces de la ciudad comenzaron a encenderse mezclándose con las de los grandes anuncios de neón y el alumbrado navideño. Todo le parecía una gran verbena intermitente. De vuelta a su querida plaza pasó por delante de una iglesia. Estaba repleta, de ella salían las voces de un coro cantando “Noche de Paz”. Siguió caminando mientras intentaba despertar a sus musas y poder escribir un poema a la navidad. Los contrastes eran demasiados evidentes para poderse inspirar.
Al cruzar una calle, tuvo que dejar pasar a una enorme y lujosa limusina que iba paseando a una corbata importante, anudada a una conciencia blindada, que trataba de desperezar sentimientos dormidos y oxidados altruismos, quizá para buscar el protagonismo del aliento de aquel buey que un día le dio calor al divino Niño. Se quedó mirando cómo se alejaba aquella limusina y se dijo para sí: __El sistema se pasea por la ciudad: __
Caminando, caminando, fue llegando a aquella plaza que le vio nacer. Entrañable y nostálgico lugar para él. Bajo la sombra de aquellos viejos árboles, aprendió de la mano de su abuelo a escribir sus primeros versos. En el centro de la plazoleta se erguía el busto esculpido en piedra de su abuelo el poeta. Se lo quedó mirando y sintió como sus musas tiritaban de frío, como si las hubieran cubierto de escarchas. Cansado de caminar, se sentó en uno de aquellos bancos y mirando el busto de su abuelo susurró: __Abuelo, lo siento. Me es imposible rimar. Mi corazón tiene frío como el niño del portal. Cansado estoy de buscar la Navidad. Sólo encuentro la mía, la que yo siento muy dentro, la que tú me inculcaste mientras me leías tus versos.____
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Si te consta que alguien pide otro poema, hazlo tú, que sabes también unir las palabras como D. Soneto, y darles un aire a algo que se parece a la vida. Me gustará leerlas, y no pondré mi mano cerca para poder acariciarlas, que aunque mano blanca es, puede morir pillada.
Yo espero que tu Navidad, que vuestras navidades, sean, además, una explosión de alegría. Sí, de risas y de alegría que contagien a todos.
Los humanos estamos necesitando, cada dos por tres, una fiesta, una feria, una celebración, porque únicamente nos abruman con noticias catastrofistas.
Quienes poseen la capacidad de mostrar una parte de su alma, a través las palabras, son merecedores de nuestro agradecimiento.
Y como los niños pedían a Don Soneto, me consta que alguien pide otro poema, rimado o no, para sentirse despierto, y poder participar en el espíritu de la Navidad.
En el fondo, hablamos de amor, que siempre debería ser alegre, aunque algunos lo sintamos esperanzado.
¡Felicidades para todos!.
Mercedes
No sé si está bien escrito ó no, pero lo guardo, como todo lo que me llega al corazón, dentro de él. Te mando un besiño de buenos días, con todo mi fraternal cariño.
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Mercedes Alexandre
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