20.04.07 @ 09:39:53. Archivado en actualidad
¡Revienta la primavera! Y Sevilla dueña y señora de ella la luce como ninguna ciudad del mundo, por mucho que digan los franceses. Uno de ellos quiso hacer un parque y tuvo que hacerlo en Sevilla para poder ver realizada su fantasía.
Desde 1.847 cuando llega el mes de abril Sevilla se enciende, se enciende de pasiòn, de fe, de alegrìa, con cientos de miles de bombillas de colores. Sevilla cambia los palios bordados en oro y plata por otro hecho de farolillos.
Al reventar la primavera las hojas bailan al sonido de las ramas, toda Sevilla es una orquesta, toda ella es una danza, la arboleda, la Giralda, la Catedral, el Alcazar, el barrio de Santa Cruz con su callejòn “del Agua”, la calle Betis, Triana, patios, balcones, ventanas y esa bellìsima Maestranza poco a poco se emborrachan de esa misteriosa danza. La tierra se abre, revienta y salen las raices fuera que en los cuerpos se enredan y por las venas ya vuela: el señorío, la riqueza, el orgullo, las tradiciones y la herencia.
Cuando se enciende el “alumbrao” del Real de la Feria aùn reina en el ambiente una mezcla de perfumes: de cirios con el incienso, de manzanilla y albero. Por las calles aùn hay restos de esa alfombra de cera que se forma con el llanto de los cirios encendidos, aùn hay ecos de saetas que se escapan hacia el cielo. El pueblo sevillano como si diera un pase valiente, pide el cambio de tercio y cita a la alegrìa de frente y la lleva hasta las casetas.
Nombre de toreros tienen las calles del Real y los caballos lo saben y forman la “polvarea” rompiendo con sus patas el aire. Todos los colores hacen el paseillo, en forma de de cintas, volantes, farolillos, enaguas, mantoncillos y de lunas hechas zarcillos. El paseo de caballistas por la mañana es de una perfecta plasticidad, de una incomparable hombrìa sobre el caballo que lleva a la grupa a la mujer, con hombros morenos que se dejan ver y un clavel casi caido va rozàndole la piel. Los coches de caballo van perfectamente enjaezaos, con su personal sonido de cascabeles.
Corre la manzanilla por las gargantas, el vino de Jerez se mece dentro del catavino, las palmas de las manos forman una sinfònica de sones, tonos y redobles. Todo es alegrìa, cante, tronìo, señorìo, desplante y seriedad en el hacer. El sevillano pone en escena todas sus tradiciones y quiere que no haya nada que desentone, que rompa el entorno y es por eso que la noche del famoso alumbrao están en sus casetas rematando los últimos detalles y quieren estar presente en ese momento que ese río de luces se enciende, que esa Portada de Feria sea un ascua de luz
Es curioso ver el recinto de la Feria durante el año, es como si pasearas por una enorme urbanización perfectamente planificada, pero sin ningún chalet, solamente ves los árboles en hileras al filo de las avenidas, las anchas calles empedradas y la tierra de las aceras luce oscuras y abandonadas. Pero al llegar la Feria parece que esa urbanización fantasma se llena de luz, de albero y de miles de casetas, la mayoría de ellas particulares. Las decoran a todo lujo, espejos, mantones, mobiliario típicamente andaluz, cuadros, mantillas blancas, banderillas, azulejos con sus Cristos y Vírgenes y entre los que han pagado por ese sitio, por esa instalaciones de aseos y luz eléctrica al Ayuntamiento, comienzan a llenarla de gloria bendita, jamones, marisco, pescaito, tortillas, embutidos, cajas de vinos y se reparten entre los que han pagado, unos talonarios de feria por el importe que ha puesto cada uno y de esta manera cada cual lleva a sus amigos a su caseta y pagan con esos tiques que han comprado de antemano y de esta forma en las casetas particulares solamente pueden pagar los dueños de ellas y los que entran invitados no pueden pagar ni una perra. Dependiendo del bolsillo da cada uno se traen cantaores, bailaores, humoristas, actuaciones etc... y tambièn contratan a cocineros, camareros para esos siete dias, para que atiendan a los socios de las casetas y a las amistades que traen.
El horario de la Feria, se podrìa decir que no tiene, està continuamente de juerga, pero el que la sabe y puede vivirla a lo grande, màs o menos se la organiza de esta forma: de doce a una van llegando al recinto, unos a caballo, que suelen salir ya montados desde las puertas de sus casas, otros en coches de caballos y otros caminando, se van recorriendo las casetas de los amigos y se toman una copa con ellos y unas tapitas, los caballistas amarran las riendas de sus caballos en las barandas de las casetas y la mayorìa sin bajarse del caballo se toma su manzanilla o su copita de Jerez, luego vuelven a incorporarse al paseo de caballistas y dan vueltas y vueltas por todas las calles del recinto ferial. Algunos se quedan a almorzar y van a sus casetas o a las de sus clubs, o hermandades, o asociaciones,o partidos polìticos, oficiales, o a las que haya puesto su empresa de trabajo, otros se marchan a casa, se duchan se arreglan y se visten para ir a los toros, por cierto es muy bonito ir a ver la entrada y salida de la Plaza de la Maestranza, el ambiente es precioso. Despùes de los toros se vuelven a casa y se arreglan en plan de noche y desde ese momento el horario deja de existir, se recorren casetas, tras caseta y se baila, se canta, se come, se bromea y cuando el alumbrao se apaga queda la luz de las casetas y el sonido de palmas y guitarras tras sus cortinas de loneta de rayas. Casi amaneciendo se puede ir o a la caseta del champàn, o tambièn a las casetas de las gitanas a comer buñuelos con chocolate. Creo que a partir de este momento cada uno debe contar como deja la feria, porque tambièn es verdad que algunos no la dejan, es por eso que he dicho que no tiene horario, ¡Vamos! Que nunca se cierra.Durante muchos años, se celebraba como festivo el dìa siguiente de terminarse la feria, que siempre es lunes, se le llamaba “Lunes de Resaca” y en Sevilla no trabajaba nadie.
ORIGEN DE LA FERÍA DE SEVILLA
Prado de San Sebastiàn, gran descampado en sus tiempos, que roza por sus lados a esa bellìsima Fàbrica de Tabaco (actual universidad), al Parque de Marìa Luisa, a las murallas de los jardines del Alcazar y casi a esa plaza tan sevillana como es la Puerta Jerez con su palacete de Yanduri, donde naciò Vicente Aleixandre y un sin fin de monumentos màs. En ese prado se organizaba por aquel entonces la “Feria de Ganado”. La gente rica se desplazaba a ella en sus carruajes, luego allì compraban, o bendìan y habìa un contacto humano entre el poderoso y el humilde. Allì, bajo unas casetas de formas campamental se procedìa a los regateos, la tìpica verborrea en los tratantes de ganados, largas pausas mientras se liaban un cigarro, o se invitaba a un recio aguardiente de Riotinto. Todo esto ocurrìa rodeados de larguìsimos abrevaderos, sombrajos, pesebreras, chalanes, labrantines, gitanos, ganaderos, labradores, gente del bronce. El tìpico espectàculo que cada año se formaba en aquel prado fuè tomando tal interès que la gente se arreglaba para pasear por el lugar y saborear el ambiente y buenos vinos. Los poderosos cada vez acondicionaban mejor sus casetas, para pasar allì largas jornadas. Los cantaores se acercaban a cantar algunas sentencias, o canciones populares y se asì se ganaban algunas perras.
Cuando se decidiò construir la Pasarela como paso elevado peatonal, la Feria ya iba tomando otro camino, la enorme torre llamada por los sevillanos “nuestra torre Eiffel de la alegrìa” se hizo Portada de Feria fija. Se innagurò el 18 de abril de 1.896, iluminada con 798 luces de gas y un arco voltaico, de baterìa, y la calle San Fernando se convirtiò en la uniòn de la Puerta Jerez con el Real de la Feria, esta calle era como la antesala al recinto y tambièn era iluminada por miles de luces de gas embueltas en globos de cristal. Habìa 34 arcos en toda la calle, despuès con el tiempo se le diò luz electrica.
Como comentario curioso hay que resaltar que quizà por una gran influencia inglesa, los automoviles conduciàn por la izquierda y el tranvia tambièn, esta costumbre terminò a finales de la Primera Guerra Europea. La Feria consistìa en una larguisima avenida que terminaba en el puente de la Enrramadilla.En 1896 en la ermita de San Sebastiàn (barrio del Porvenir; mi barrio) se celebraròn varias misas para los feriantes. Los famosos carteles anunciadores de las fiestas primaverales comenzaron en 1.894, el primer ganador fuè un tal Francisco Candela, que recibiò 500 ptas, en 1.900 lo ganò nada màs y nada menos que Gonzalo Bilbao. En el año 1,919 la Feria comienza a tener ya el aspecto actual. Fuè Don Gustavo Bacarisas el que diseñò ciento sesenta casetas comerciales, para turroneros, y para vendedores de marisco. Los farolillos a la veneciana datan del año 1.877. Por aquellos dìas la prensa criticaba duramente los atuendos a la francesa que llevaban las señoras para pasearse por el Real, que hacìan dar de lado al tipismo de la tierra. En 1.904, las casetas comenzaron a decorarlas con distintos estilos, el Circulo Mercantil la apuso estilo oriental, otro año la decorò estilo àrabe, pero fueron los famosos Hermanos Alvarez Quintero los que pusieron su caseta ayudados por unos amigos del Ateneo sevillano, estilo andaluz, dàndole una fachada que simulaba un cortijo y la decoraron con un sevillanismo puro,la caseta se llamaba “Los Perros”, aquella idea fuè muy aplaudida y gracias a Dios, copiada por los demàs sevillanos y desde entonces todas las casetas tiene sabor andaluz. Al ir tomando cada vez mas fuerza esta feria festiva, la primitiva feria del ganado fue desplazada del Prado de San Sebastiàn.
No se puede hablar de la Feria de Sevilla y dejar sin nombrar la famosìsima calle “Del Infierno”. Una vez leì, que Don Joaquìn Romero Murube, dijo de dicha calle: __ El demonio ha huido de la Feria. Los Àngeles pasàn y purifican la Feria.___ En esta singular calle se dan cita todos los feriantes del mundo, Los circos bienen al completo, yo recuerdo hasta tres y cuatro circos diferentes: El circo Price, el circo Americano, que como he comentado otras veces, el dueño de este circo era el cuñado de Tarridas que hizo la mùsica de las Islas canarias, y el dueño del circo hizo la letra; don Isac Picot. Las atracciones eran y son tremendas, podìa una disfrutar del famoso “làtigo” , “el tranvia de la risa”, y las barracas anunciando sus grandes exclusivas mundiales como: “la mujer màs gorda del mundo”, “La mujer barbuda”, “la niña araña”, que por cierto cuando entrabas a verla, podias ver una enorme tela de araña y una cabeza de niña en el centro, que la muy descarada cuando la mirabas te sacaba la lengua. En fin, aquella calle del infierno sigue existiendo y es el placer de ñiños y adultos.
Para despedirnos de la Feria y de su calle del infierno saldremos de su enorme recinto y daremos un paseo por los alrededores. Como un cinturòn apretado a todo este recinto de alegrìa y color se encuentran los puestecillos y chiringuitos de bebidas, perritos calientes, turroneros, almendras garrapiñàs, ect.., pero antiguamente se instalaban chiringuitos muy variopintos, podìas encontrar sedas, brocados, bisuterìa de baja calidad, la cual tenìas que rebuscar en unos enormes tablones llenos de serrìn de madera, podìas encontrar abanicos pintados a mano procedente de China, hasta el tìpico “pericòn” ; abanico gigantesco que daba una nota cubana en las casas y en las casetas. Dentro del real de la Feria solo se permitian vendedoras de claveles con sus cubos de alumino, vendedoras de agua con sus botijos de barro, el de los globos y algùn puesto de cocos y otros de algodòn dulce y manzanas acarameladas.
Las mujeres andaluzas vestidas con sus trajes de flamenca son el colofòn de este estallido de luz, alegrìa e inigualable plasticidad. Cuando la Feria aùn estaba en el Prado de San Sebastiàn, se podìa ver a grandes pandillas salirse del recinto y sentarse por la Plaza España, o darse un paseo en barca por el canal de la plaza, o bailar sevillanas, otro lugar donde se concentraban pandillas para descansar era por el foso de la universidad, al lado de los enormes muros del palacio de los Montpensier.
La Ferìa de hoy en dìa està ubicada en el barrio de los Remedios, al lado del rio Guadalquivir, pero vuelve a quedarse pequeño el recinto, y lo màs probable es que se la lleven a la Cartuja y allì tome la expansiòn que cada año vaya necesitando. De ciento sesenta casetas con las que empezò, ya son miles y miles de casetas con las que cuenta ese incomparable Real de la Feria de abril de Sevilla.
¡Bueno! Si se estàn animando para ir a la Feria de Sevilla, no se preocupen por tomarse unas copitas de màs, puès Las bodegas de Jerez elaboran los mismos vinos para suministrar a la feria, pero con menos grados de alcohol, de todas formas se aconseja no mezclar. Si se siente un poco “chispado” le dice al caballo que lo lleve a casa, seguro que el sabrà llegar mejor.
Quizá el horario haya cambiado pero lo que si puedo asegurar es que la FERÍA DE SEVILLA sigue viva durante toda la semana y sobretodo durante todo el año en los corazones de los sevillanos.