VIETNAM: EL DRAGON

A Batman

Fue un viaje mágico. El destino y la gente con la que iba a emprender un viaje de 16 días por el extremo Oriente, por parte de la antigua indochina, era incierto. Tal vez lo desconocido, por incierto es lo atrayente. Y así fue. En la tierra del dragón, según sus leyendas (todo país, incluidos los europeos las tiene y muy similares, en el fondo son mágicas) nacieron varias tribus del matrimonio entre Lac Long Quan (Rey dragón) y Au Co(Diosa madrina). Y así lo percibí en la bahía de Ha Long (Ha Long Bay) disfrutando en un barco durante tres días, sin edificaciones, solo rodeada por el mar y por los hijos de los dragones (1.200) en forma de rocas, anchas, altas, no uniformes que sobresalían del agua por doquier y el barco como costeando las rodeaba. Un sueño.

Los vietnamitas, a diferencia de los chinos los nuevos ricos de Asia, son gente orgullosa de ser quienes son, elegantes, todos están delgados, visten correctamente, el sombrero puntiagudo, limpios pero sobre todo dignos. La dignidad fue la primera característica del pueblo vietnamita, que vino a mi mente en cuanto pisé Ha Noi, ciudad caótica con millones de motos que conviven en un enjambre de calles con toc-toc o carros-bici como si hubiera un pacto tácito de no agresión y en la que apenas hay semáforos. Pero fue cuando visite Huè ( ciudad imperial) y su citadelle -queda poco de su antiguo poderío y belleza, pues fue cuartel general del vietcong y por tanto prácticamente arrasada por los EEUU- cuando me desbordó su belleza, la dignidad del dragón , elemento decorativo y principal de tejados, columnas y frontispicios de sus palacios y sus monasterios y el respeto a su religión budista y a sus maestros. Si y entonces sabes porque son así los vietnamitas. Y si ya logras probar una exquisita comida vietnamita, la compartes con gente políglota, culta, cantarina a los sones de un maravilloso piano y soberbio pianista; tocas el cielo (a la salida de la citadelle en Huè, no deje de ir al bar-restaurante ” Le Jardins de la Carambole” lo mejor de los dos mundos, Francia y Vietnam). Hoi Nan, es un pueblecito maravilloso donde uno podría perderse en el hotel Victoria, durante un par de meses, escribiendo, disfrutando del dulce transcurrir del tiempo, bañándose en el mar de la China y comprar sedas, cashmere, algodón, batistas, todo tejido de forma soberbia en menos de 24 horas, un paraíso para las shopper- alcoholic.
Vietnam es una república comunista en plena expansión capitalista. A partir de 1986 el partido comunista, a través de las reformas conocidas como Doi Moi (renovación) ha logrado que en la actualidad sea considerada como una de las economías de mas rápido crecimiento del mundo (si bien al igual que España ha sufrido las consecuencias de la burbuja inmobiliaria). A diferencia de los llamados paraísos comunistas, como Cuba, aquí hay mercados, estos están repletos de comida, verduras y frutas frescas (los ojos del dragón) carne, pescado, todo impecable, limpio y ordenado. Desayunan una sopa deliciosa llamada Pho, sopa de tallarines de arroz. Y terminen conociendo toda la historia y leyendas de Vietnam, asistiendo al delirante espectáculo de marionetas de agua en Hanoi.
Sin el Mekong no existiría Indochina. El delta, el rio, el Mekong es el principio y el fin de ese mundo. Todo gira al rededor de él. Es soberbio. Los dos días en los que lo atravesé en una barcaza motora, rudimentaria, hasta llegar a Camboya, permanecerán imborrables en mi memoria: Sus riberas, salvajes, acomodadas, pobres, vibrantes, también dignas.
Camboya, es a diferencia de Vietnam, una monarquía constitucional, y muchísimo mas monumental pero tiene miseria y no solo pobreza, aquella es invisible en el país del dragón. Solo estuve dos días, en su capital Nom Pen( Phnom Penh), física y culturalmente poco tienen que ver estos dos pueblos, aquí hay muchos mas coches, una industria turística mas desarrollada, aunque es igualmente un enjambre de vida. Creo que nunca podre olvidar el campo de tortura de los Jemeres Rojos (khmer Rouge) situado en el centro de la capital. El genocidio camboyano(1975-1979) verificado por Pol Pot y sus secuaces contra mas de una cuarta parte de la población que fue vilmente torturada y asesinada por el solo hecho de no ser comunistas (véase la película” the killing Fields”1984 by Roland Joffe aquí traducida como los gritos del silencio) sigue presente en la ciudad, aunque con algún toque de explotación turística, te sobrecoge el corazón y te inunda de tristeza por la perenne e intemporal crueldad del ser humano, en cualquier época y lugar. No cabe duda de de Camboya es un país estupendo, con una cultura milenaria como ejemplo son los restos del conjunto de templos de Angkor. También en su capital se puede disfrutar de un maravilloso y decadente hotel Raffles Le Royal, pidan el coctail de Jackie Kennedy, sus habitaciones, salones y bares recuerdan a otro tiempo, mezcla de colonialismo y servicio esmerado. Con un impecable ingles difícil de encontrar en Vietnam.

Finalmente Thailandia, Bangkok, capital fulgurante envuelta por Manhattan y Chinatown, potente, agresiva, rica, pobre, dulce y amable. El mejor Dim Sum en the Cantón house. El paradigma de los hoteles deliciosos, el Península Bangkok, desde su piso 27, la visión era la modernidad. Una cultura desbordante, en el siglo XIII ya gozaban de un sistema y sofistificacion que en Europa ni atisbábamos( Ayuttahaya Royal Palace). Adoran a su monarquía como si de Dioses se trataran y olvidando su corrupta administración, siguen trabajando, comiendo y viviendo en sus calles y aceras. Sus budas, enormes, tumbados, el incienso y el respeto. Aquí Asia se sublima, si mi vida estuviera empezando tanto personal como profesionalmente sería mi punto de partida, pues de la Era del Mediterráneo, pasamos a la Era del Atlántico y hoy no cabe duda de que ha comenzado la Era del Pacifico, y allí la vida está en ebullición. No entienden la palabra crisis porque lo único que han hecho y hacen y harán es sobrevivir.
A Axel Alwyn, maravilloso escritor, y guia culto y espléndido conversador y sobre todo a la AIAR con todo mi agradecimiento por la aportación a mi alma que este viaje por el Mekong me ha supuesto. Buenos días y buena suerte.

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