(PD).- "Soseki ha muerto. No soy capaz de escribir. Cerrado, hasta nuevo aviso, por defunción". Esta es la entrada que puede leerse en el blog que mantiene en Elmundo.es el escritor Fernando Sánchez-Dragó, un apasionado de los gatos. A Isabel Gemio y a sus oyentes de Onda Cero se lo contó llorando. Pedrojota cede un obituario al mediático y amado Soseki.
Por su interés, recogemos íntegro el obitiuario publicado este lunes en el diario El Mundo:
"No es fácil escribir con los ojos anegados en lágrimas. No es fácil escribir con dos comprimidos de trankimazín en el cuerpo. No es fácil escribir cuando se está sonado. No es fácil escribir con 72 horas de insoportable dolor a cuestas y sabe Dios cuántas más, o días, o semanas, o meses así, por delante. No es fácil escribir después de asomarse al horror. No es fácil escribir -dicen- después de Auschwitz. No es fácil escribir, en efecto, cuando el sentimiento de culpa nubla la inteligencia y desgarra la conciencia. No es fácil escribir cuando un ser inmensamente amado que te amaba inmensamente muere y tú has sido el instrumento involuntario de esa muerte. No es fácil escribir cuando, para hacerlo, se aprieta la tecla de encendido del ordenador y lo primero que aparece en su pantalla es la imagen de la persona que se ha ido para siempre. No es fácil escribir, en suma, cuando no se tienen ganas de vivir.
¿Exagero? No. ¿Exageraba Umbral en el mejor de sus libros? Mortal, como el suyo, y tigre es mi dolor, porque atigrado, y no rosa, era el ausente cuya presencia ha llenado, uno a uno, todos los instantes de mi vida a lo largo de los dos últimos años. ¿Se puede querer a un animal como a un hijo, como a una madre, como a un padre, como a un amigo? Se puede. Doy fe.
¿Persona? Sí, aunque sólo (¿sólo?) fuese un gato, porque persona es todo lo que tiene alma, y Soseki la tenía. Quien lo trató, lo sabe. Era -¿es?- el ser más noble, más bueno, más simpático, más sensible, más inteligente e, incluso, más guapo que he conocido. Parecerá, una vez más, que exagero, pero quien exagera, miente, y yo no estoy mintiendo. Digo mi verdad.
Sus amigos, quienes lo conocieron, comentaban: no es un gato, no hay gatos así, es un ángel encarnado, es vuestro ángel de la guarda, está aquí para protegeros, para enseñaros...
Nos enseñó, en efecto. Nos enseñó a amar. Así de simple, así de claro.
Y yo, sin embargo, en el último instante de su vida, cuando la mano de hielo de la muerte se cernía sobre él, no supe protegerlo, no estuve a la altura de lo que las circunstancias exigían ni de la ciega confianza que había depositado en mí. Le fallé, le fallé, le fallé... ¡Dios! Rasca, cruje, duele, hiere. Nunca me he sentido tan mal.
Sentimiento de culpa, decía. ¿Por qué hice lo que hice? ¿Por qué no hice lo que no hice? ¿Y si hubiera hecho tal cosa ¿Y si no hubiera hecho tal otra? ¿Y si, y si, y si...?
Lo sé, lo sé. Es el fatum. Es un accidente. Sin volición no hay culpa. ¿Pero no es culpable la negligencia, la distracción, la falta de reflejos? No me absuelvo, no me perdono. ¿Qué penitencia debo cumplir para que Soseki me perdone y me absuelvan las personas a las que se lo arrebaté?
Naoko, sin ir más lejos. Era su bebé, quiere que tengamos otro -humano, hijo nuestro- y creía que Soseki lo vería nacer, se metería en su cuna, vigilaría su sueño, jugaría con él y estaría, hasta mi muerte, con nosotros.
Mi conciencia no puede soportar cuatro dolores simultáneos: el de ella, el mío, el de Soseki -dos minutos de espantosa agonía y un futuro de felicidad segado de repente en plena juventud (¡qué injusticia, Dios mío, qué injusticia!)- y el del remordimiento. ¿Injustificado éste? Supongo que sí, pero esa conjetura, razonable, no me sirve de consuelo. El corazón tiene razones que la razón no conoce.
Suelo citar a santa Teresa: No importa nada; y si importa, ¿qué pasa?; y si pasa, ¿qué importa?
Pues me trago la cita y, con ella, la doctrina del desapego de Buda y la ataraxía de los estoicos. Lo de Soseki, me importa. ¡Vaya si lo hace! Estoy deshecho. Juro por Dios, y por Buda, y por Marco Aurelio, que vivo más su muerte que mi vida.
Yace ahora al pie del olivo de mi jardín. Había nacido en Castilfrío y en Castilfrío reposará su cuerpo. Naoko y yo hemos escarbado su tumba diente a diente, lo hemos depositado boca arriba en ella, le hemos rascado la panza, ofrecida por última vez, mientras nos miraba con los ojos abiertos, apenas vidriados y llenos aún de amor, hemos alzado su patita derecha -de ese modo, levantada y agitada por Naoko, su madre, se despedía siempre de mí cuando yo salía de casa- y hemos recibido de él, después de besarlo, su último adiós. Hizo suyo en el postrer instante el ideal de Roma: murió joven y tuvo un cadáver bonito. Tan bonito como en vida lo había sido no sólo su cuerpo. También sus actos y su alma.
Su tumba está ahora cubierta de nieve. Habría correteado hoy sobre ella, feliz, persiguiendo a sus amigos, los pájaros, y jugando con sus amigas, las hojas, si...
¡Maldito condicional!
En el lugar donde murió -un montacargas- hemos encendido velas y unas varillas de incienso, y hemos puesto un tazón de friskies, un cuenco de agua, unas briznas de la hierba que le gustaba mordisquear y un puñado de los chicles especiales que le dábamos, a veces, como premio de su conducta, siempre intachable. Es lo que, según los budistas japoneses, hay que hacer en tales casos.
Antes de enterrarlo, cuando ya estaba en su pequeña fosa, me arrodillé ante ella y le pedí perdón. Es otro consejo de Buda.
¿Son bobadas? ¡Por favor! No digan eso, no piensen eso. Nunca es bobada lo que dicta el afecto, la misericordia o la esperanza.
¿Afecto? He recibido hoy decenas de llamadas, y no todas eran de parientes y de amigos. Algunas eran de desconocidos. Quizá, entre ellos, había, incluso, algún enemigo. Sería, de ser así, mérito de Soseki. Seguían su alto ejemplo de concordia, de bondad, de pata tendida en gesto de saludo. Estaban sokegados.
Soseki, sosiego. Sosekémonos todos.
¿Esperanza? Sí. También dicen los budistas japoneses que las personas muertas se reencarnan dentro de los 49 días siguientes al de su fallecimiento. Busco un gato que haya nacido o vaya a nacer en ese plazo. Que sea vital y tigre, por favor.
Claro que si Soseki era, como muchos sospechamos, un ángel, lo mismo no se reencarna. Bueno. Me esperará allá arriba, con mi madre, que adoraba los gatos, y con el resto de mis gatos muertos, y en el ínterin seguirá revoloteando por nuestras vidas y nuestra casa como siempre lo hizo desde el día en que motu proprio se subió a mi coche, en Castilfrío, hasta que el viernes 28 de los corrientes, a eso de las tres y media de la tarde, echó pie a tierra y emprendió su vuelo.
Sabía que iba a morir. Su conducta en los días, las horas y los minutos anteriores a su óbito lo demuestra. Se despedía. Nos avisaba. Nos dio más amor que nunca. Naoko y yo, sorprendidos, lo comentábamos sin entender el porqué de esa actitud. Quería avisarnos de que el montacargas maldito es peligroso y, para ello, se inmoló.
Nos ha dejado, además de ese recordatorio, otras muchas cosas en herencia. Procuraremos usarlas bien y rayar siempre a la altura ética y estética de quien nos las legó. Por ejemplo: nunca, antes, habiéndonos querido mucho, nos habíamos querido tanto Naoko y yo. Todas las mañanas y todas las tardes, desde que murió, meditamos los tres juntos y el aire se vuelve amor. No desfalleceremos. Doy mi palabra.
Perdóneme Pedro Jota que convierta hoy esta página de El Mundo en obituario. Perdónenme los lectores el desahogo. Ahogado, en definitiva, murió Soseki. No me gusta convertir el dolor propio en espectáculo, no me gusta desempeñar el papel de plañidera, pero dicen que escribir alivia, cauteriza, tranquiliza, fortalece, cura, es una terapia...
¿Lo es? No estoy seguro. Desde la pantalla del ordenador me mira, joven, ágil, guapo, sereno, noble, cargado de vida y de futuro, y de fe en mí, Soseki, y los ojos vuelven a llenárseme de lágrimas y a naufragar en ellas.
Naufragio, sí. No sé que hacer, no sé cómo contenerlas. Miro el infinito paisaje nevado de ese mar que es la estepa de Castilla a través de los cristales y descuelgo el teléfono como si me aferrara a un tablón en el océano. Hay en su contestador un mensaje. Me lo ha dejado, mientras escribía este artículo, un viejo amigo, un compañero de colegio y del alma: Luis Martos, autor, por cierto, ¡qué sincronía!, ¡qué empatía!, de un libro, a decir poco extraordinario, que se titula En busca del universo invisible. Léanlo. Lo ha publicado Letra Clara. ¡Y tan clara! Les doy este consejo, quizá extemporáneo, porque sé que Soseki, generoso, amigo de la verdad y amigo de sus amigos (Luis lo era), también lo daría, y me lo inspira. Ni una jornada, me susurra desde el pie de su olivo, árbol de paz, sin una buena acción.
El mensaje dice: "Fernando, piensa una cosa: él ha sido feliz con vosotros, vosotros le habéis hecho feliz y ahora estará para siempre, feliz, con vosotros". Que así sea".
Los comentarios para este post están cerrados.
Soy consciente de la pena de Dragó,porque a mi me sucede lo mismo,mi gata va a morir y estoy desconsolada,evitando las lágrimas para que ella no lo note y se vaya de este mundo sin estres ni pena.
No estás loco,todo eso lo sentimos,quienes amamos realmente a los animales,la perdida,el espacio que dejan en nuestro corazón,solitario,triste ,lleno de culpa por no dar cuenta de lo que se acercaba y no haber sido todo lo competentes que imaginamos deberíamos ser.
Es una tristeza igaul a la que sentimos por la perdida de un ser querido,no hay diferenciación entre ser humano y animal,porque el cariño recibido ha sido dado con la misma intensidad.
SÓLO QUE NO HABÍA PENA QUE DEBIERA SER CONTADA PARA QUE ACERCASE SU HOCICO RONRONEANTE Y ME DIJESE AQUI TIENES MI CALOR PARA SALIR ADELANTE!!!
Realmente se siente una necesidad imperante de gritar qué ha significado un animal en tu vida!!!!
Animo,que la pena pasa y tiene su momento de duelo que hay que pasar.
Me parece una bonita forma de expresar su dolor la que utilizó Fernando Sanchez Dragó. Sin duda su Soseki se la merecía.
Animo Fernando, desde el cielo te estará acompañando.
Un abrazo muy fuerte.
(Sólo algunos elegidos son capaces de amar así a los animales)
Fernando, sólo pueden entenderte las personas que tenemos gatos, pues son unos seres maravillosos, cariñosos y muy inteligentes.No es cierto que son traicioneros, es un tópico. Ignora a los que te critican por llorar a tu gato, demuestran tener raquitismo intelectual y sentimental.No te sientas culpable pues le has hecho un gato muy feliz y la vida es así de injusta pues igual que se ha llevado a tu gato también se ha llevado a nuestro padre muy jóven y un gran amante de los gatos. Mucho ánimo
Yo también estoy llorando por Soseki,por usted y por todos los que sufren su partida.Compartir la vida con un gato es ,sencillamente,maravilloso,es una experiencia que te alegra la vida,te reconforta el alma.Yo tuve que sacrificar a mi gata de cinco años el año pasado y sufrí como nunca,ahora tengo dos gatas,no sustitutas,sino continuación de mi amor por los gatos,porque no sé vivir sin su presencia.Le mando un abrazo muy grande,todo mi cariño y mis deseos de que su dolor pronto deje paso a los recuerdos de los buenos momentos compartidos con Soseki.
Solo los insensibles no estarían de acuerdo con Fernando. Si, todo eso es cierto. El dolor que se siente cuando estos pequeños ángeles se van y dejan ese gran vacío. Yo también lloré al leer este texto lleno de sentimientos ya que vino a mi memoria Celina, la gata que nos eligió para ser sus dueños y que hasta el último momento estuvo al lado de nosotros, Sólo al final se quejó y no nos quedó otro remedio que enviarla al cielo para que no sufriera más. Una gran foto la eterniza en nuestra biblioteca. Hoy otro angelito está con nosotros, la peluda Anastasia, quien exige su puesto en la cama todas las noches y disfruta cazando mariposas. Cuando ella se valla volveré a llorar y la eternizaré en un fotografía. Ese ángel encarnado siempre está alerta y espera la llegada de nosotros para acostarse boca arriba para que le acaricien su peluda y blanca barriguita. Ellos son los únicos que van al cielo, por ser puros y auténticos. No hay envidia en sus corazones.
Tu artículo, así como tu voz en la radio, me han hecho llorar, no pretendo decirte nada nuevo ni que no te hayan dicho ya, los animales nos dan amor y nos enseñan a amarles, no hay malicia en sus ojos, sólo nos piden cariño, puede haber algo mas hermoso? Te mando un abrazo y comprendo lo que sientes.
¡¡¡¡¡¡¡Ha llegado su momento para que adopte un NIÑO, del Congo por ejemplo!!!!!
También el sufrimiento forma parte de la vida..., y el que dude de que se puede sufrir mucho por la pérdida de un animal con el que convive, no conoce realmente al hombre, o tal vez él mismo no sea nunca un hombre...
En ciertas líneas puede parecer exagerado, pero cuando el dolor se siente la exageración es inevitable. Da igual que sea por una persona o un animal de compañía, todos son seres queridos que comparten nuestro día a día, que nos dan cariño y con los que establecemos lazos estrechos. Cuantos más años tengo más prefiero la compañía de niños o animales, las personas adultas en muchos casos me decepcionan.
Tengo tres gatos, más alguno del barrio que hace guardia en la puerta para que les demos comida y cariño. Consideramos a los gatos como miembros de pleno derecho de nuestra familia, así como unos animales increíblemente hermosos, inteligentes, elegantes, cariñosos… Adoro las sociedades en las que este animal es respetado y cuidado así que cualquier oda a este animal me parece que sólo responde a su conocimiento.
Lo siento, Sr. Dragó pero el amor en muchas ocasiones innevitablemente se torna en dolor.
animo drago,puedo imaginar como te sientes,he pasado por ello,yo tambien he llorado como una magdalena cuando a muerto alguno de mis "queridos hijos perros".
sabes?
no me has caido nunca bien,
ahora me caes bastante mejor,
permiteme que te mande un fuerte abrazo.
miguel
.
¡ Qué den por el c.ulo a esos miserables de corazón de piedra! Supongo que están incapacitados para amar; no solo a animales, supongo que también a personas. Soseki vale más que todos ellos juntos. Después de leer el articulo y antes de poner estas líneas me he levantado del ordenador y he besado tiernamente a mi perrita.
Ánimo Fernando, la vida sigue aunque el dolor ahogue nuestro pecho. Os legó un ejemplo de amor. Conservadlo en vuestra memoria. Un abrazo en tan tristes circunstancias,
Cada día estoy más convencido de que Sanchez Dragó... ¡¡¡ES TONTO DEL CULO!!! Yo quiero a mi perra hasta el punto de jugarme la vida por ella, mi vida; pero poner a la madre de el por medio es cosa de gente desquiciada, solo demuestra la catadura, la taradura mental de este tipejo, egoísta ad nauseam y falto de toda lógica su caso es uno más del daño que produce el consumo de drogas.
Menos mal que decía que no era fácil escribir en sus circunstancias... Si lo llega a ser nos encasqueta los Episodios Nacionales.
Te doy el pésame , porque yo no he olvidado nunca la muerte de mis perros, yo , que vivo con una hermana anorexia, la perra que le recomendó el psiquiatra le da muchos momentos felices, y evita algo de enfrentamientos conmigo. No me han gustado , y me parece cruel, que se rían de los sentimientos de Dragó, ahora comprendo, que quizás, al conocer personas tan malvadas como las que escriben en este blog, muchas personas encontramos más amor en los animales que en las personas
El señor Sánchez Dragó no tiene palabra, aseguró que se iría de España si Zapatero volvía a ganar, y nunca le he visto tanto tiempo en nuestro país.
http://lacajadebajodelacam.blogspot.com/
Pues menos mal que el dolor le impedía escribir: ¡Se ha largado cinco folios, el tío pelma!
Bueno, me gustan los gatos y tuve uno hasta hace poco. Entiendo lo mucho que se puede querer a un animal pero me parece exagerada la atribulacion de este hombre. Mas tristeza nos deberia causas las muertes diarias que se producen en el mundo por guerras y hambrunas. Pero bueno, aunque exagerado, respeto su tristeza y reconozco que aunque no soy admirador de este escritor, el articulo esta redactado de forma magistral. Muy buen uso de la literatura.
Mi chucky murió en febrero, nunca he llorado tanto (murieron familiares y no derrame una lagrima).
Era el gato mas bueno del mundo, me quería con locura y yo a el mas. No exagera en sus sentimientos yo pase lo mismo (le hice un video despedida y me fue durisimo intentar ver la pantalla del ordenador con las lagrimas).
Un abrazo Fernando (y besazo para ti chucky)
Tengo una gata-tigre maravillosa (ahora mismo me pide que le descorra los visillos de la ventana para mirar la calle). La quiero muchísimo. Hace unos meses estuvo muy enferma, ingresada en la clínica veterinaria, y lo pasé fatal.
Si alguno de vosotros quiere tener un animal, que sea un gato... No hay nada más bello, ni más dulce, ni más limpio, ni más listo, ni más despierto, entre los seres irracionale, si es que un gato lo es. Por algo lo adoraban los egipcios y era reo de muerte quien quitara la vida a uno de ellos, aunque fuera de forma involuntaria.
Decía Víctor Hugo que "Dios creó al gato para ofrecer al hombre la oporunidad de acariciar a un tigre". Y Leonardo Da Vinci: "El más pequeño gato es una perfecta obra maestra".
Los siento, Fernando. Busca otro igual; quiero decir parecido: ya sé que tu SOSEKI es irreemplazable.
Qué rebuscado!!
LA LIGERESA VINO TAN RAPIDO PARA EL SEPELIO DE SESOKI, AGUANTA FERNANDO,COMO TAURINO ME DUELE TANTO COMO A TI
Este obituario me hace pensar en lo cobarde que soy. quiero tener un animal, pero me da miedo sufrir si le pasara algo. Se que sufriria y se que se puede sentir mas la perdida de un animal que de una persona. Te acompaño en el sentimiento Fernando.
En fin señores: la crisis afecta todos los sectores, hasta el de la creatividad. Una memez semejante es indecente pero en fin: A quien Dios se la dio, San Pedro de la bendiga. PD: Fernando, por lo que más quieras, no compres más gatos: todos se mueren.
¿Solo por un gato?
Solo por un ser vivio seguramente más fiel, más íntegro, más leal ... mejor "persona" que muchos
... como decía el otro ... cuanto más conozco a las "personas" más quiero a mi gato, a mi perro, a mi ...
Que gilipollez, Dios mío!!
Dragó leyendo el Avui!!
Joder, todo eso por un gato?
Miércoles, 23 de mayo
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Jaime Rodriguez
Antonio Pérez Henares
Miguel Ángel Violán
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez