Religiosa iraquí: “Hicimos todo lo posible para salvar a José Couso”
12.05.06 @ 12:04:08. Archivado en 21RS-LA REVISTA, Entrevistas
Entrevista publicada en el número del mes de mayo de 21rs
En la zona roja de Bagdag, donde se suceden los atentados, la hermana Thèrése Hélène, religiosa católica iraquí, superiora provincial de las dominicas de la Presentación, atiende junto a sus hermanas el hospital de San Rafael, el único que se mantuvo abierto durante la guerra.
Hemos hablado con ella para conocer de primera mano cómo vive y qué siente el pueblo iraquí ante esta contienda interminable que diezma a diario vidas y esperanzas.
El pasado 9 de abril se celebró el tercer aniversario de la caída de Bagdad, un día “en que los iraquíes fueron liberados de la tiranía”, como afirmó recientemente el presidente Yalal Talabani. Derrocado el régimen de Sadam Husein, el plan de los Estados Unidos preveía que en dos años Irak se convertiría en una democracia estable, un modelo a seguir por otros países del Oriente Medio. Tres años después las previsiones han fracasado. Irak cuenta hoy con una constitución y se ha elegido un parlamento. Pero los ataques de grupos insurgentes se suceden a diario. Algunas informaciones de prensa hablan de que sólo en Bagdad aparecen cuarenta cadáveres cada día. La publicación británica The Lancet sugería, ya a finales de 2004, la cifra de cien mil muertos y, desde entonces, desgraciadamente el número de muertos ha ido creciendo.
Los corresponsales de guerra describen Bagdad como una ciudad dividida en dos. Por una parte la zona verde, donde están las embajadas, los organismos oficiales e instituciones. Un área fuertemente protegida y segura. Fuera de ella, la zona roja, la parte donde se suceden los atentados y donde nadie está seguro. Y precisamente en esta parte de la capital iraquí está situado el hospital San Rafael, que pertenece a las religiosas Dominicas de la Presentación. Durante la guerra, fue el único hospital de la capital que permaneció abierto. Después, ha continuado desempeñando su labor para atender a todos los que lo necesiten.
La Superiora de estas religiosas en Irak es la hermana Thérèse Hélène, una religiosa iraquí que, a mediados de abril, pasó por Madrid de regreso a Bagdad. Con ella hablamos de la situación del país y del trabajo que realizan siendo una minoría en un país musulmán y en medio de un conflicto del que no se ve clara la salida. Sor Thérèse mide mucho sus palabras, comenta que sin la grabadora delante podría hablar sobre muchos temas pero, subraya en varias ocasiones, prefiere “ser muy prudente, pues detrás de mí hay otras personas”. Tampoco quiere que la fotografiemos.
-¿Cuántas religiosas de su congregación están trabajando ahora en Irak?
-Somos 32 hermanas y trabajamos en ocho casas, seis en Irak y dos en Líbano. El trabajo fundamental que realizamos es la educación, la sanidad y trabajo social.
-¿Las escuelas que ustedes tienen son sólo para alumnos cristianos?
No, para todo el mundo. Todo el que quiere puede venir tanto a nuestras escuelas como a nuestro hospital. En 1974 el partido de Sadam Husein nacionalizó todas las escuelas y los orfanatos, pero a las religiosas que estaban trabajando en las escuelas, el gobierno las dejó continuar. Incluso alguna que estaba enseñando religión católica siguió haciéndolo. Pero perdimos la propiedad. La única obra que quedó en nuestras manos fue el hospital de San Rafael de Bagdad. Al final del régimen, la Iglesia llegó a acuerdos para la devolución de las obras a la misma Iglesia y a las congregaciones, y fuimos recuperando la propiedad de nuestras obras. Ahora, el nuevo gobierno ha declarado que todos los bienes de la Iglesia volverán a sus antiguos propietarios.
-Precisamente el Hospital San Rafael es tristemente conocido en España porque allí falleció el periodista español José Couso...
-Sí, hicimos todo lo posible para salvarle la vida, pero llegó muy grave y no pudimos hacer más. En Bagdad todo el mundo va a nuestro hospital, que está al servicio de todo el mundo. Incluso a pesar del toque de queda está siempre abierto, para atender a todos.
-En el hospital, ¿tienen algún tipo de seguridad?
-Sólo la seguridad que nos ofrece el ministerio de sanidad, y luego la misma gente, el pueblo que nos protege.
-Las escuelas y casas de acogida que tienen están abiertas a todos los niños y jóvenes.
-Sí, la escuela y el hospital son para todos los que lo necesitan. En Basora, en el sur del país, tenemos un jardín de infancia con 230 niños y una residencia de jóvenes estudiantes, y acuden tanto cristianos como musulmanes. No hay problema entre cristianos y musulmanes.
-Así que trabajan en Basora, en Bagdad... Y al norte, en Mosul.
-Allí tenemos una residencia para chicas, son jóvenes campesinas que van a estudiar a la universidad; jóvenes cristianas que si no estudian no tienen ningún porvenir. Pero las familias no les permiten acudir a otras residencias, así que les ofrecemos la posibilidad de ir a la universidad viviendo en nuestra casa. Es un grupo pequeño, son cristianas, católicas, ortodoxas y armenias.
-¿Ustedes se sienten acogidas, queridas por el pueblo?
-Con los vecinos, con la gente que vive en los barrios no hay ningún problema, ellos conocen a las hermanas y las respetan. Lo mismo sucede en el hospital de Bagdad, no hay problema, pues todos saben que somos religiosas y nos respetan mucho. Es verdad que ha habido ataques contra iglesias, pero detrás de ellos no está el pueblo, la gente sencilla, sino grupos de fuera, gente fanática que está detrás de todo eso. El pueblo iraquí no tiene odio a los religiosos, nos respetan mucho.
-Incluso creo que en esta situación, en medio de la guerra, siguen teniendo vocaciones.
Sí, cada año tenemos una o dos novicias. La Iglesia caldea y las demás congregaciones también tiene vocaciones.
-En la complicada situación que vive Irak, ¿se da un enfrentamiento mayor entre cristianos y musulmanes?
-No hay un enfrentamiento entre cristianos y musulmanes. Ciertamente los cristianos son una minoría, y pueden pensar que están más en peligro. Creen que en un país árabe no van a tener un futuro y se marchan a otros países. Pero la situación de los cristianos es normal. Y quiero insistir en que la guerra es contra Irak, no contra los cristianos. Todos, musulmanes y cristianos, sufren las consecuencias.
-Se han cumplido ahora tres años de la caída del régimen de Sadam Husein, ¿cómo vivió usted ese día?
-Yo entonces me encontraba en el Líbano. Pero prefiero no hablar de política, ni tocar esos temas.
-Después de estos años parece que la situación sigue empeorando y se habla del peligro de una guerra civil en su país. ¿Ve usted esto así o cree que puede ir mejorando la situación?
-Yo creo que nos están empujando a una guerra civil. El pueblo iraquí no quiere la guerra, pero hay agentes externos que empujan para que haya guerra.
-Precisamente hace poco el presidente de su país declaraba que había grupos de terroristas detrás de los atentados buscando la desestabilización del país...
-Sí, son grupos del exterior. En Irak, antes todos vivían juntos, musulmanes y cristianos. Aunque es cierto que existía el problema con los kurdos.
-¿Cómo siente usted la esperanza del pueblo, cómo mira el pueblo iraquí esta situación, ve salida?
-Por desgracia, yo creo que por ahora no se ve ninguna esperanza, el pueblo sólo piensa en salvarse, en sobrevivir.
-Y en medio de esa situación de desesperanza, ¿qué puede ofrecer una comunidad de religiosas?
-En una situación así lo que tenemos que hacer es actuar, y dar una esperanza cristiana al pueblo. ¿Cómo dar esta esperanza? Pues en estos años de conflicto hemos abierto un jardín de infancia en Bagdad, más clases y una casa de acogida para niñas huérfanas. El pueblo ve que las hermanas trabajan, que siguen adelante. La gente va al hospital y les atendemos, les damos ánimo. Pienso que solamente el ver a las hermanas que van emprendiendo nuevas actividades, es una forma también de dar esperanza, pues si las hermanas mostrásemos miedo, si no hiciéramos nada, la gente tendría más miedo.
-¿Y ustedes han sentido o sienten miedo?
-Sí, claro. Fíjese, al principio de los bombardeos las hermanas del orfanato se asustaban mucho y se quedaban en un rincón rezando el rosario. Ahora las hermanas, como tienen que atender a las niñas huérfanas, cuando hay explosiones o atentados corren a ver si les ha pasado algo a las niñas y vencen el miedo porque tienen que cuidarse de estas pequeñas. Además, durante la guerra, todo el personal del hospital, médicos, enfermeras, trabajadores, se quedaba allí dentro, nadie se atrevía a salir. Y las hermanas cuidaban también de ellos.
-En medio de esta situación, ¿han pensado alguna vez marcharse a otro país con mejores condiciones, donde puedan desarrollar más fácilmente su labor?
-No, en absoluto, nunca. Al principio de la guerra, la Superiora General nos comentó si no sería conveniente que algunas hermanas se marcharan a otro país, pero nosotras no queremos dejar Irak, es nuestro país. Además nuestro hospital era el único que estaba abierto durante los meses de la guerra, pues los demás hospitales cerraron, y no podíamos abandonar a la gente.
-Para todas las obras que llevan adelante, ¿tienen ayudas del gobierno, o de otras instituciones de su país o internacionales?
-Del gobierno no recibimos ninguna ayuda. Hay organizaciones caritativas de la Iglesia, como Manos Unidas o Cáritas, también de España, que nos ayudan. No tenemos otras ayudas. El gobierno nunca nos ha ofrecido nada; es más, se aprovecha de lo que nosotras podemos hacer.
-¿El gobierno o el ejército americano les han ofrecido algún tipo de ayuda?
-No, pero además, por razones obvias, no podemos aceptarla.
-Imagino que mantener el equilibrio en una situación así es muy difícil. Ustedes pertenecen a una minoría en un país musulmán, en guerra, con un ejército de otro país...
-Sí, el equilibrio es muy difícil. Nosotras no hablamos de religión ni de política. Por ejemplo, a las hermanas jóvenes que están estudiando en la universidad, yo les aconsejo que no toquen estos temas.
-¿Es posible la convivencia de los cristianos, que son minoría, en un país musulmán?
-Yo creo que sí. De hecho siempre han vivido juntos, y no sólo en Irak pues hay cristianos en Egipto, Líbano, Jordania… Claro que es posible, mientras nadie ponga obstáculos.
-También detrás de la guerra de Irak hay otros intereses, de otros países...
-Ésta es una guerra por el petróleo. Irak es un país muy rico, y se ha convertido en el país más pobre del mundo. Nuestra riqueza ha sido nuestra desgracia, como ha dicho alguien.
-¿Esa riqueza llegaba al pueblo durante el régimen de Sadam Husein?
-No, pero salimos de un infierno para caer en otro.
-En los medios de comunicación aparecen dos visiones de la situación. La oficial del mando norteamericano, en la que parece que todo va a mejor, y la de los mismos medios que dicen que la situación empeora. ¿Cómo lo ve usted?
-La verdad es que todo el pueblo sufre, y que cada vez la situación va a peor.
-En la situación actual, ¿sería posible que el pueblo iraquí saliera adelante sin la presencia de las tropas estadounidenses?
-Mire, Irak es un teatro, en el que cada cual juega su papel. Y este teatro va a durar todavía unos años, y es una pena. Cuando les parezca, no sé a quién, dirán que esta función termine y terminará.
-¿Y qué papel representa el pueblo?
-Pues son los que sufren, los que mueren; y cuando decidan, esto se acabará. Fíjese, el día de las elecciones fue un día impecable, un día en el que no pasó nada. Yo me pregunto, ¿por qué los demás días suceden tantos atentados y asesinatos, si están los mismos en el gobierno?
¿Han sufrido algún ataque directo? Ataques directos, no; sí las consecuencias de las explosiones.
-¿Hay otras congregaciones religiosas?, ¿cuál es su labor? Están los carmelitas, los redentoristas. Trabajan en sanidad, escuelas, con los jóvenes.
-¿Se siente impotente ante tanta necesidad?
-A veces, pero hay que actuar. Yo sueño y actúo. A pesar de todo, seguimos teniendo proyectos. Por ejemplo, hemos creado la casa de acogida para niñas huérfanas y tenemos en proyecto abrir una escuela de enfermería para jóvenes y también queremos abrir un hospital con maternidad al norte del país. Precisamente ahora estamos buscando ayuda económica para este proyecto.
-Entonces, en medio de la destrucción, de la muerte, sigue habiendo vida, sigue habiendo esperanza...
-Claro, fíjese que cada día nacen en nuestro hospital de Bagdad unos 20 bebés, y en el último año unos 6.000. Incluso por la noche, en pleno toque de queda, las mujeres que van a dar a luz llaman a la policía para que las lleven a nuestro hospital…
-¿Y no siente pena por esos niños, al nacer en esas circunstancias?
-No. Ellos dan esperanza, son la vida. Los niños son una bendición y así lo sienten especialmente los musulmanes. Cuando nacen, y la familia no tiene nada, las hermanas que trabajan en la maternidad buscan algo de ropa y se la regalan a la madre. Cuando nace un bebé, se hace una especie de bendición deseándole a la familia que ese bebé pueda vivir largo tiempo, y se les dice: que el Señor te lo guarde, que lo proteja y haga vivir, y que viva una juventud alegre.
-¿Y los jóvenes, cuáles son sus esperanzas?
-Los que están terminando sus estudios no ven muchas salidas, pues no hay seguridad, porque sí hay trabajo, incluso mejor pagado que antes, pero falta la seguridad para poder desarrollar la vida normalmente.
-¿Cómo sueña usted el futuro de Irak?
-Quiero que llegue la paz, que en mi país todo el mundo sea reconocido, que las mujeres tengan su libertad, que la gente pueda ir a su trabajo sabiendo que podrán regresar a su casa, que todos puedan vivir con seguridad y paz.
-Y esto por ahora es sólo un sueño...
-Sí, el futuro es muy sombrío por el momento. Incluso los mismos políticos no saben lo que va a suceder. Creo que el problema es más grande que todo Irak; nosotros somos los que estamos pagando. Algo así sucedió en el Líbano. Después de veinte años de guerra, al final nadie sabe por qué o para qué, qué intereses había... Y no se sabe cuándo acabará todo esto.
Entrevistó: Javier Valiente
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